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19 de Feb de 2020

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Tomás Paredes Royo

Columnistas

Precio de los medicamentos, una propuesta

En el pasado se ha tratado de corregir los altos costos de los medicamentos. No obstante, más allá de la falta de empatía y de voluntad política

Se menciona a diario el alto costo de las medicinas en Panamá, que sin explicación alguna suben de precio y están impagables para una gran cantidad de panameños. Encontramos medicinas a un precio muy alto para la hipertensión, la diabetes, las afecciones cardiovasculares, el cáncer, la obstrucción pulmonar, la artritis y otras enfermedades o simplemente escuchamos el consabido ‘no hay'.

Por su evolución lenta, estas enfermedades crónicas suelen ser de larga duración y como tal, los pacientes afrontan una erogación recurrente hasta el final de sus vidas. El costo de los medicamentos tiene un impacto importante en la economía individual y familiar y afecta la estabilidad y la calidad de vida de esas personas que no tienen los recursos para un tratamiento, particularmente los de la tercera edad.

En el pasado se ha tratado de corregir los altos costos de los medicamentos. No obstante, más allá de la falta de empatía y de voluntad política, o creer que es un asunto de autorregulación, siempre quedamos en el peloteo entre los laboratorios, los importadores, las farmacias, el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social sin que se resuelvan estos problemas. En este marco, los enfermos que padecemos enfermedades crónicas nos vemos obligados a sufrir y recurrir a varias alternativas para adquirir nuestras medicinas.

Una opción es comprar medicamentos genéricos a menor precio, aunque no existen para todas las enfermedades, o sufren la misma ausencia en el mercado. Además, algunos doctores se niegan a recetarlos, argumentando que son de baja calidad, o no son efectivos para tratar tal o cual padecimiento. Otra posibilidad es bajar la dosis recomendada por el médico, en cantidad y en calidad, es decir, tres pastillas en vez de una, o bajar de 500 mg a 250 mg, poniendo en riesgo la efectividad del tratamiento.

Otra alternativa es recurrir a los ‘suplementos vitamínicos', que ofrecen mejorar la salud y hasta curar enfermedades. En los últimos años ha surgido una industria con bajos niveles de investigación y pocos controles, salvo raras excepciones, que compite con las farmacéuticas en precios y cobertura del mercado, pero con la incertidumbre de la garantía y la procedencia de sus productos.

En el libro ‘Hoy es siempre todavía', Alejandro Gaviria, ingeniero civil y economista, ministro de Salud (2012-2018) de Juan Manuel Santos, narra cómo afrontó un cáncer mientras ejercía sus funciones. El ministro Gaviria, para bajar los altos precios de los medicamentos, estableció la regulación para beneficiar a los ciudadanos y no quebrar el sistema de salud público. La fórmula establecida compara los precios de los medicamentos en Colombia con los precios observados en un grupo de diecisiete países de referencia, donde el precio al público no puede superar el precio del país con el tercer o cuarto precio más bajo.

A principios de mes vi en un noticiero a una paciente que por una afección crónica utilizaba un medicamento que tiene un precio en Colombia de 180 dólares y en España de 80 dólares, pero que en Panamá cuesta 700 dólares. El pasado 9 de febrero el ministro de Salud, Dr. Miguel Mayo, escribió en Twitter ‘Los medicamentos (originales y genéricos) son más costosos en Panamá que en los otros países de la región. No hay justificación válida para esta situación. Apelamos a la industria farmacéutica, distribuidores y farmacias que cooperen para beneficio de la población'. Señor ministro Mayo, en los meses que le quedan en la cartera de Salud, haga los esfuerzos para cambiar la situación que usted describe con aparente desesperanza y resignación, para que los precios de los medicamentos en Panamá se establezcan en función del interés y el bienestar público.

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