La Estrella de Panamá
Panamá,25º

18 de Oct de 2019

Avatar del Rafael Carles

Rafael Carles

Columnistas

El colmo de la estupidez

Hace unos años, Michael Pollan y otros líderes mundiales del movimiento de alimentación saludable, incluido Mark Bittman

Hace unos años, Michael Pollan y otros líderes mundiales del movimiento de alimentación saludable, incluido Mark Bittman, publicaron un artículo en el Washington Post, titulado ‘Política alimentaria para salvar vidas'. La premisa de aquella nota periodística y de esa gran idea de que una política alimentaria puede salvar vidas, es que poco a poco ha calado en la sociedad hasta convertirse en una campaña global que ha obligado a las autoridades en todos los países a desarrollar estrategias coherentes para alimentar a la población. Y como consecuencia, existe el consenso que en la medida que se implemente en cada país una política alimentaria, cosas buenas sucederán para todo el mundo.

Actualmente, Panamá no tiene una política alimentaria. Existen programas para apoyar al sector agropecuario, técnicas para proteger el medio ambiente y planes para promover la nutrición escolar, pero no tenemos una política alimentaria como tal. Algunos pudieran preguntar para qué sirve una política alimentaria y la respuesta es simple: para mantener a la población sana, bien alimentada y saludable. Y en ese sentido, los panameños estamos muy lejos de cumplir con tal propósito.

Por un lado, los programas para incentivar el sector agropecuario están realmente diseñados para producir calorías baratas y socavar nuestra salud a costa del medio ambiente. El día que la alimentación tenga prioridad sobre los planes agropecuarios, comenzaremos a movernos hacia un sistema alimentario que genera más salud y sostenibilidad ambiental. En otras palabras, podremos salvar miles de vidas con alimentos saludables, pero ahora estamos haciendo todo lo contrario.

Y por otro lado, nuestras políticas están diseñadas para hacer que las frutas y verduras sean menos competitivas con la comida chatarra. Es muy difícil que un jugo natural de frutas y vegetales pueda competir con las sodas o demás bebidas azucaradas que contienen sustancias subsidiadas. Una de las razones por las que estamos tan mal en materia de salud pública es que los Gobiernos han decidido subsidiar la comida chatarra, y eso es una estupidez, por decir lo menos. No tiene ningún sentido que las decisiones con respecto a la alimentación del país se inclinen en una dirección equivocada y hacen que la comida chatarra y las dietas poco nutritivas sean más convenientes y menos costosas que las opciones más saludables.

Es una locura lo que sucede en el mercado. Alentamos a los agricultores a cultivar rubros que no son nutritivos, con semillas genéticamente modificadas y tratadas con exceso de plaguicidas. Y eso no es exactamente comida. El tipo de maíz y trigo que se cultiva son básicamente los componentes esenciales de una dieta chatarra, mucho de lo cual se destina para alimentar animales. El maíz también lo convierten en jarabe de maíz de alta fructosa y en todos los demás ingredientes extraños como emulsionantes, colorantes y aditivos sintéticos que se encuentran en los alimentos procesados. Y además está la soya de la cual se obtiene el aceite con que se fríen todos los alimentos procesados. Todo esto es el caldo perfecto para una alimentación que enferma y mata. Hemos creado un sistema de excesos con suministros de rubros subsidiados que en particular no contribuyen a nada saludable.

Así que, sin una política alimentaria definida en Panamá, tenemos una aberración de alimentación. Hay muchos aspectos que afectan la salud y deberían ser parte de una política alimentaria. Por ejemplo, la ganadería es una industria que es fuente de contaminación y a la cual se le permite un pase libre en muchas regulaciones. La carne es un rubro dentro de un sistema subsidiado que no paga sus costos o externalidades ni se le aplican los gastos por el daño que causa la generación de desechos y contaminación del aire que producen. El resultado final es una industria que produce un rubro que la población consume más de lo que está supuesto a comer.

Y así mismo ocurre en otros sectores de la actividad agropecuaria. Si las autoridades impulsarán programas que precisamente apoyan la producción de alimentos que causan enfermedades y otorgan un pase gratis a los grandes fabricantes de alimentos procesados, estamos asegurando la epidemia de diabetes y demás padecimientos cardíacos en la población. Igualmente, no tiene sentido que las autoridades subsidien edulcorantes y comida chatarra, y gasten una barbaridad de dinero en el tratamiento de estas enfermedades, cuando perfectamente pudieran evitarlas, si incentivan la producción de alimentos saludables. Sin duda, esto es el colmo de la estupidez.

EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR DE SALUD PÚBLICA.