La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

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Víctor Manuel Collado Sánchez

Columnistas

Parranda, campana, mojadera y carne

‘Si votamos bien [...], nos liberaríamos de 60 meses de [...] arrepentimiento con la [...] lacerante complicidad de seguir viendo a los mismos haciendo lo mismo'

Hacen 12 meses exactos aplaudimos que el carnaval nos hacía olvidar (lastimosamente por pocos días) un Gobierno que nos venía pesando en libras lo que equivale en toneladas todas las esclusas con que se modernizo el Canal.

La carga se ha hecho más pesada desde entonces, pero ahora contamos con el bálsamo de descontar las pocas semanas que nos faltan para ponerle punto final a otra alucinación política.

Esa buena nueva, sin embargo, trae un agrio ingrediente, porque al cierre de las tonadas de la murgas, arranca la campaña electoral hacia el 5/5 con el insufrible desfile de los atorrantes insepultos, bailando en las calles, abrazándose con Raymundo y todo el mundo, prometiendo anormalidades e hinchando el ambiente con propaganda incontestablemente engañosa.

Y como las máscaras que usan no tienen resistencia al exponerse al sol de la verdad, la cascada de aspirantes termina confirmándonos, una vez más y salvo escasísimas excepciones, que ellos no tienen pellejo ni la mínima dignidad para ocupar los cargos por los que tanto se desvelan, actuando como los clásicos payasos contraugusto.

Pero como pueblo con destino propio, no debemos ni tenemos por qué perder las ganas y voluntad para corregir de raíz el error incurrido hace 5 años.

Hay que morir en el intento de construir una alternativa popular, saneada de figuritas indispensables (que no existen ni existirán) e inmune al virus mortífero de la politiquería muy propia de los panameños.

Hay que comprometer el voto por el Gobierno que nos merecemos, tan pronto se apague el brillo contagioso del dios Momo.

Hay que asumir como posible que a los corruptos (del Gobierno y la empresa privada) se les procese sin distinciones y terminen en la cárcel los que justamente se hagan merecedores de condena, porque la cosa pública no es (ni debe seguir siendo) piñata de nadie ni para nadie.

Hay que esforzarse para que los politiquitos trepadores vayan al canasto de la basura sin la remota posibilidad de que alguno de ellos se transfigure en un ‘Lázaro' de los años actuales.

El disfrute a dos manos del carnaval no tiene por qué distraernos del objetivo que solo nosotros decidimos la ruta de nuestra felicidad, sin importar quién sea su candidato o el partido de su preferencia.

Y ahora que los católicos, principalmente, principian la Cuaresma hasta el domingo 14/4, yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos, en calidad de electores, deberíamos señalizarnos en la frente con una NO imborrable por 59 días con la innegociable penitencia de negar la reelección a tantos impíos de tuerca y tornillo en la elección del 5 de mayo.

Si votamos bien y no botamos el voto, nos liberaríamos de 60 meses de ininterrumpido arrepentimiento con la irracional y lacerante complicidad de seguir viendo a los mismos haciendo lo mismo.

ESCRITOR