Temas Especiales

11 de Apr de 2021

Antonio Saldaña

Columnistas

¿Programa electoral para el crecimiento o para el desarrollo económico?

¿Qué dice el “buen gobierno de Nito Cortizo” al respecto? Ante este inobjetable diagnóstico, el programa “uniendo fuerzas” inicia su charada llena de paparruchas, con una particular y cantinflesca estratificación social

En una sociedad puede haber crecimiento económico como ha ocurrido en nuestro país en los últimos quince años (7% promedio), lo cual no significa necesariamente desarrollo, para que ocurra esto último, debe –por supuesto- crecer el producto, pero a la vez propiciar sostenibilidad y equidad. Objetivos y metas inalcanzables sí no están fundamentados en el diagnóstico de corporaciones internacionales como el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, entidades de la Organización de las Naciones Unidas como UNESCO, OIT y la CEPAL que han concluido que el alejamiento de una educación de calidad y el deterioro o ausencia de institucionalidad democrática son las dos principales variables que frenan e impiden el desarrollo de los países de América Latina. 
¿Qué dice el “buen gobierno de Nito Cortizo” al respecto? Ante este inobjetable diagnóstico, el programa “uniendo fuerzas” inicia su charada llena de paparruchas, con una particular y cantinflesca estratificación social: “Hay cinco Panamá: el Panamá Moderno; el de la Clase Media; el de Los Barrios; el Panamá Agrícola Rural; y el Panamá de las Comarcas”. No creo que haya en Panamá un solo profesional de la sociología que se atreva a suscribir semejante esperpento o despropósito. Porque en mi modo de ver solo hay dos Panamá: El de los “ganadores y el de los perdedores” o el de los incluidos y el de los excluidos por el perverso sistema económico del “capitalismo salvaje” o neoliberalismo.
En cuanto al “proyecto de Nación”, afirma correctamente que  “La lucha de las generaciones de panameños durante el siglo XX fue una epopeya de dignidad nacional que tuvo su recompensa: la integración territorial y la recuperación de nuestro Canal. La Quinta Frontera que dividía al país fue derribada en ese proceso histórico que culminó con los Tratados Torrijos-Carter”. Pero se equivoca de plano al señalar que el nuevo proyecto nacional para alcanzar un desarrollo sostenible con equidad es “la Sexta Frontera. Justicia social, equidad y oportunidades. La Sexta Frontera no sólo es nuestra visión, es ahora nuestra misión”. En todo caso será para continuar con el desigual crecimiento económico y una perversa distribución del ingreso nacional, por supuesto, en favor casi que exclusivo de unos pocos multimillonarios que no pasan de 115 familias adineradas.

Con relación a la “estrella” del programa del “buen gobierno de Nito” indica “No hay tarea política más noble, ni más importante, ni socialmente más urgente que transformar la educación del país.
La educación libera de la pobreza. La educación confiere el poder individual para lograr una vida digna. La educación es paz social. La desigualdad genera atraso y violencia. La educación nivela oportunidades y nos hace más iguales en la diversidad” y, además, enumera 14 tareas y adquiere 7 compromisos. Pero, en ninguno de ellos está establecida la asignación del 6% del Producto Interno Bruto (PIB), aproximadamente unos 2,500 millones de balboas para la inversión en educación y mucho menos la transformación estructural e integral de la educación, al menos, mediante la “reforma educativa”.

En cuanto al cambio institucional se propuesta es puntual. “A qué nos comprometemos” y responde el “buen gobierno de Nito”: A “Promover una reforma constitucional que se concentrará en los títulos referentes a los tres órganos del Estado -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- y a las instituciones de investigación y control, así como el balance de las relaciones de poder entre las mismas. Dicha reforma se llevará a cabo a través de la nueva Asamblea, que será electa el próximo 5 de mayo, mediante dos legislaturas y un referéndum, tal como lo dispone el Artículo 313, numeral 2 de la Constitución Política de la República de Panamá”.

Como se puede apreciar por el anterior enunciado, en primer lugar, dicha reforma está concebida para mantener incólume el statu  quo, no solo político, sino económico y social; garantizado porque será realizada por los mismos “maleantes políticos” que se reelegirán en más del 50% de los actuales 71 diputados.

Tan sencillo hubiese sido una retoma del pensamiento torrijista, en las nuevas realidades del mundo, con el establecimiento de dos ejes centrales del plan de gobierno: 1. LA CONVOCATORIA DE UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE, para barrer del escenario político la “decrépita y autoritaria Constitución de 1972”, a realizar en el primer año de gobierno. 2. UNA “REVOLUCIÓN” EDUCATIVA, fundamentada en “STEMIL” (Ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas e idiomas (por sus siglas en inglés). Sin embargo, se privilegió la farragosa palabrería demagógica y clientelista. ¡Lástima!

De manera que, contrario al pensamiento de la mayoría de los panameños,  de que los fraudes electorales en el pasado y que se podrían producir en el presente o en el futuro, se originó o podría originarse durante el conteo general de los votos o, parcialmente, sí los Magistrados del Tribunal Electoral no deciden en estricto derecho la controversia surgida por la residencia electoral del exmandatario de la República y aspirante a alcalde y diputado respectivamente. La evidencia anterior indica –sin lugar a dudas- que la estafa electoral inicia con los programas electorales de los candidatos a puestos de elección popular, especialmente de los presidenciales. ¡Así de sencilla es la cosa!
El autor es abogado y analista político.