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Diversas instituciones, entre las que se cuenta a la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) y el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), han convocado a 250 jóvenes a participar en un curso que los preparará para trabajar en plantas potabilizadoras. El anuncio explica los procedimientos y expone que al culminar la formación los escogidos irán a laborar a 50 plantas en el país. Esta capacitación técnica abre una puerta de oportunidades para quienes se interesen, porque habrá la ocasión de salir al campo y desarrollar tareas de una exigencia tecnológica de alto nivel. Además, representa un estímulo para dedicarse a una noble profesión que permitirá explorar un campo especializado y servir a la comunidad.
El concepto de primer empleo alude a esfuerzos o programas que se establecen para posibilitar que los jóvenes puedan encontrar una plaza de trabajo al terminar sus estudios en el bachillerato o alguna carrera universitaria. Esto disminuye la tasa de desempleo en el país, que anda por el 9.5 % (al final de 2025), según estimaciones oficiales. Existe una norma, la ley 121 de 30 de diciembre de 2019, proyecto de intermediación laboral que facilita una primera temporada de faena a quienes han concluido su educación. Esta disposición permite que una cantidad de candidatos puedan ingresar en los equipos de trabajo de las empresas y contribuye con los salarios de los nuevos colaboradores.
Habría que preguntarse si el esfuerzo es sostenido y alcanza verdaderamente a quienes egresan de la academia exitosamente. No basta con que el Estado asuma tal responsabilidad; es necesario crear condiciones para que las entidades, los comercios y las empresas abran posiciones en una organizada y planificada correlación generacional. Estas iniciativas podrían entusiasmar a aquellas unidades estudiantiles que desertan y crean estadísticas que ponen en entredicho el modelo educativo vigente. La adolescencia es un período crítico en el asentamiento de las habilidades socioemocionales y allí en tal etapa es donde se pueden percibir las potencialidades que habrán de ser fortalecidas con los planes y programas que insertan al joven en el mercado laboral. Hay malas experiencias en el campo académico. Según las autoridades educativas locales, el saldo de fracasos llegó en el período lectivo de 2025 a unos 24,000 estudiantes. Cada uno de estos casos, es una pérdida para la opción de entrar en una de las plataformas y programas que se abren al primer empleo.
Se sabe que varias instituciones fomentan el primer empleo, así como plurales empresas privadas; pero ¿existe una evaluación del alcance y concreción real de estos programas? ¿Qué oportunidad tiene un joven titulado promedio de un bachillerato o carrera superior? ¿Cuántos pilotos, marinos, químicos, físicos o profesionales de las ciencias sociales culminan estudios y cuentan con una plaza que los convierte en componentes básicos de sus familias y del país?
A pesar de que el desempleo ha tendido a disminuir en los últimos años, la opción informal se ha incrementado, y según cifras oficiales, ha alcanzado en algunos momentos de 2025, el 49.3 %. Evidentemente que esto trae un perjuicio para todos los sectores: puede que haya formas de alcanzar algún ingreso, pero esto no tiene una garantía de mantenimiento e impide solventar aspectos como hacerse sujeto de crédito en las instituciones bancarias.
Se requiere que la población joven y sus posibilidades de acceso a un empleo puedan ser estudiadas científicamente y levantar cifras que garanticen un mejor desempeño en la búsqueda de oportunidades para este sector de la población, que necesita una acertada orientación en ese momento de su vida. Esto reduciría el trabajo informal y también la propensión hacia el vicio.
Surgirán así indicadores que deben ser analizados para saber si caminamos por un buen sendero. A menudo, las noticias sobre desagradables episodios de delitos en los que se ve involucrada la nueva mano de obra, nos llenan de pesimismo, pero la información sobre esquemas que se abren con un primer empleo requiere ampliarse para hacer posible un futuro sostenible y, por tanto, que se sustente la prosperidad panameña.