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05 de Feb de 2023

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    Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Cultura de metro, ingrediente básico de vialidad

‘Aunque este sistema apenas se inicia con esta segunda ruta y constituye todavía un motivo de admiración de sus usuarios, no hay que dudar de cómo ahorra tiempo para quienes lo utilizan diariamente'

La inauguración de la línea 2 del Sistema de Metro ha dado una nueva dimensión a la movilidad en la ciudad de Panamá. Integra un amplio sector de la población a un modo de transporte caracterizado por el desplazamiento rápido, limpio, seguro y sin los riesgos de accidentes que por lo general se producen en las calles urbanas. Además, se puede atravesar la capital de oeste a este en menos de una hora y sin complicaciones.

La nueva ruta del metro enlaza diferentes comunidades, barrios y sectores a un eje que une el núcleo con los sitios más alejados del área donde están la mayoría de negocios y centros de trabajo de los habitantes de esta metrópoli. Son un poco más de veinte kilómetros que se enlazan con la primera línea encaminada hacia el norte y las urbanizaciones alineadas a lo largo de la carretera que vincula a Panamá y Colón.

Quizás el aspecto más importante del trayecto recién abierto, además de que es elevado en su diseño y modifica el panorama del territorio por donde avanza, es el factor de su masividad pues se dirige precisamente hacia las zonas de expansión de proyectos de vivienda que se afectan con el complicado desplazamiento durante las horas pico en las estrechas avenidas temprano en la mañana y en la tarde cuando se regresan a sus casas quienes trabajan.

Aunque este sistema apenas se inicia con esta segunda ruta y constituye todavía un motivo de admiración de sus usuarios, no hay que dudar de cómo ahorra tiempo para quienes lo utilizan diariamente. Apenas estamos entrando en una opción alterna —el metro de México cumple 50 años y el de Barcelona se inauguró en 1924—, no existente en la historia del país (salvo la experiencia del tranvía) y es necesario consolidar su gestión.

Por esa razón, es esencial establecer un meticuloso y planificado modelo de integración de la comunidad en el servicio de este esquema y de las relaciones del público que coincide en dicho conglomerado de estaciones, vagones, torniquetes de entrada y salida y formas de acceso. Resulta tan impresionante porque hará que algunos demoren menos en los recorridos hacia los destinos respectivos, que en llegar de sus casas al lugar de abordaje del tren.

Se trata de la cultura del metro que consiste en los modelos de conducta que debe asumir la gente —no como individuo, sino como masa— para desenvolverse en todo el conjunto de interacciones que ocasiona este nuevo elemento en la vida de los clientes cotidianos. Antes no existía la posibilidad y las acciones diarias tenían ciertas condiciones; ahora se cuenta con mayor tiempo para otras tareas y de forma más económica se llega al trabajo o a la casa.

Tal cambio supone también otra personalidad y si hablamos en términos grupales, una alteración de los patrones de desenvolvimiento. No es posible movilizar tal cantidad de personas, sin herramientas que generen el orden, la normal actitud de compartir ese viaje con otros –muchos– y lograr la satisfactoria experiencia que se hará una costumbre que surgirá para los panameños.

Se requiere un análisis y la preparación de un conjunto de estrategias para que los consumidores sepan que deben asumir una cultura del metro que permita la coexistencia entre individuos. Hay que recordar que traemos una larga historia de informalidad en las prácticas viales, caracterizada por la piratería, escándalos, desorden, violación a reglamentos, relajo en las tarifas y sobre todo en incapacidad para alcanzar el cumplimiento de la normativa.

Este renovado patrón de desempeño tanto de las autoridades y sobre todo de quienes diariamente pasan sus boletos por las máquinas lectoras, habrá de transformar totalmente el panorama del transporte nacional.

PERIODISTA