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13 de Dec de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Escuchemos todos a Héctor Alexander

‘Es natural esperar que el ahorro sea cumplido en el Ejecutivo por la facultad de dirección y mando del presidente. De su lado, diputados, partidos oficialistas y magistrados deberían apoyar esas medidas [...]'

Con lenguaje técnico pero entendible, el ministro del MEF ha venido haciéndonos docencia en el asunto que considera clave para una solución que le correspondería aportar al Estado para paliar parte de los problemas fiscales, económicos y sociales que hoy nos intranquilizan. Su medicina: el Estado debe ahorrar de sus propios recursos, porque, mientras más lo haga, podremos hacer más con menos dinero ajeno prestado. Es una admonición parecida al eslogan navideño de la Caja de Ahorros, cuando nos dice que ‘No se lo gaste todo'. Ese mismo mensaje a una comunidad en el centro financiero y económico mundial lo llevó en persona la misión presidencial para demostrar una consistencia en sus intenciones que nos permitirán continuar siendo un país con grado de inversión y los claros beneficios que pueden significarnos a todos acá.

El claro mensaje: así como una férrea disciplina financiera en nuestros hogares nos permitiría solventar gastos necesarios en educación, salud y vivienda para nuestros hijos, mezclando lo que ahorremos con un manejable tope de crédito bancario, igualmente el Estado con sus propios ahorros, sin recurrir a un irracional financiamiento público, podría dedicar fondos imprescindibles para soluciones de carácter social y a la vez desarrollar inversiones públicas útiles que a la postre producirían un desarrollo económico repartido en todo el país, a todos sin excepción. Al final lo que se busca es la creación de la mayor cantidad de oportunidades para emprendedores deseosos por activarse y empleos útiles bien remunerados para beneficio de una población educada, preparada, culta y sana en todos los rincones del país. No es utópico, pero comienza con el primer paso: ahorro público y privado. No podemos gastarlo todo, como le advierte el ministro al Estado; y Sambo, a nosotros.

‘[...] así como una férrea disciplina financiera en nuestros hogares nos permitiría solventar gastos necesarios [...], [...], igualmente el Estado con sus propios ahorros, [...], podría dedicar fondos imprescindibles para soluciones de carácter social (e) inversiones públicas [...]

La pregunta pertinente que nos hacemos: ¿Estarán los diputados conscientes de su responsabilidad ante estos retos? ¿Igualmente, magistrados y jueces del Órgano Judicial? ¿Y los partidos políticos oficialistas o no? A los primeros, les incumbe borrar todos los vestigios de un pasado legislativo bochornoso con millones de balboas aparentemente derrochados sin adecuado control ni una rendición de cuentas como merece el ciudadano que tributa. ¿Qué imagen de congruencia daríamos, dentro y fuera, si esa práctica no acabara y en cambio tengamos un Ejecutivo luchando por un lado y los otros Órganos del Estado con oídos sordos halando por otro? ¿Con miembros del Judicial y Legislativo viajando por el mundo para asistir a conferencias aparentemente insulsas, mientras sus tareas acá duermen el sueño de los injustos?

Por ejemplo, no me opondría a una planilla con topes razonables disponible a cada diputado, porque creo que es necesaria para el desempeño cabal de su función legislativa o fiscalizadora de otros Órganos; pero cada contratación deberá ser publicada con indicación, tanto de los méritos del asesor o asistente contratado como del objetivo concreto de su trabajo y su relación con proyectos de ley en agenda o su quehacer legislativo. Sus informes deben ser divulgados, salvo que sean de carácter confidencial delicado, siendo apenas algunas muestras de transparencia y austeridad que la sociedad exige —sin duda alguna— de sus diputados, sobre todo como lo demostró la abrumadora e indiscutible regeneración de curules en mayo.

Es natural esperar que el ahorro sea cumplido en el Ejecutivo por la facultad de dirección y mando del presidente. De su lado, diputados, partidos oficialistas y magistrados deberían apoyar esas medidas, porque la ‘semilla mejorada' que ahora siembren podría producirles resultados provechosos en tiempos de cosechas y cambios. Todos debemos asimilar el mensaje del ministro para actuar coherentemente a nivel de Estado y en nuestras casas.

EXDIPUTADA