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23 de Sep de 2019

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Rafael Carles

Columnistas

La tecnología como clave del cambio

La percepción de que los avances tecnológicos causan desempleo nos perseguirá hasta el final de nuestros días.

La percepción de que los avances tecnológicos causan desempleo nos perseguirá hasta el final de nuestros días. Y todo porque siempre ha existido esa preocupación de que la introducción de computadoras en oficinas y robots en plantas industriales ha menoscabado las posibilidades de empleo de los trabajadores, cuando la verdad es que la automatización ha mejorado la forma de hacer las cosas y ayudado a impulsar nuestro sistema económico.

Esta consideración sobre la automatización del trabajo se basa en dos argumentos técnicos muy importantes. Primero, que cualquier cambio tecnológico que ahorra mano de obra o capital en el proceso productivo redunda en beneficio de la distribución del ingreso en el resto de la economía. Y segundo, que la Ley de Ventajas Comparativas asegura que no importa cuántos trabajadores pueden ser despedidos de un sector o industria de la economía, siempre habrá algún otro sector donde su poder laboral puede ser utilizado de manera rentable. Y aunque esta columna editorial no es el mejor lugar para entrar en un debate sobre estos argumentos, lo cierto es que el progreso tecnológico siempre ha aumentado la tasa de salarios para aquellos que continúan empleados.

Esto económicamente no es difícil de demostrar. Supongamos que una fábrica de jugos de frutas instala maquinaria que permite mantener el mismo volumen de producción con 20 % menos de trabajadores. Los ahorros por jugo envasado pueden muy bien aplicarse a una reducción en el precio, a las ganancias o a salarios más altos para el 80 % restante del personal. Si la demanda de jugos a precios más bajos es inelástica (no responde a la caída del precio), las ventas de jugos aumentarán en menos de la cantidad necesaria para restablecer el nivel anterior de empleo. Pero supongamos que la demanda es elástica y los clientes deciden comprar jugos, la producción puede entonces aumentar lo suficiente como para que la fábrica vuelva a contratar a todos sus extrabajadores e incluso traer más.

Cualquier estudiante de primer año en economía sabe que la clave está en la creación de nuevos puestos de trabajo impulsada por la inversión privada y la iniciativa empresarial. Así, los propietarios de la fábrica de jugos de frutas se sentirían tan alentados por las crecientes ventas que sin duda construirían una adición a su planta, ofreciendo nuevas oportunidades de empleo. O tal vez se verían tentados a invertir en aumentar su escala de operaciones y proporcionar los aumentos necesarios en los puestos de trabajo.

Las fuerzas que rondan el tema del empleo son tan variadas que es imposible aislar o medir el impacto actual de la tecnología por sí sola. Sin embargo, cuando miramos la economía panameña del último medio siglo, podemos distinguir precisamente los efectos de la inversión en la creación de empleo y los efectos de su desplazamiento debido a la tecnología. Como se observa de las cifras a continuación, el decrecimiento del PIB del sector agropecuario nacional no está vinculado ni a la reducción de la mano de obra por falta de inversión ni tampoco al desplazamiento laboral debido a la tecnología. Estadísticas muestran que en 1940, 90 mil personas trabajaban en el campo, un 50 % de la fuerza laboral. Si el empleo rural hubiera aumentado proporcionalmente con la población, el empleo del agro actual sería de 1.6 millones aproximadamente, comparado a los 270 mil que trabajan ahora.

Sin embargo, lo sucedido en sectores como banca, servicio y logística muestra otra tendencia. Entre 1940 y 1970, el empleo aumentó de 18 mil a 110 mil. Pero a partir de entonces, se disparó a los niveles actuales de 830 mil, igualando el aumento de la población y reflejando que la inversión y la tecnología han ayudado en gran parte a la creación de empleo.

Por lo tanto, es indiscutible que el efecto de la inversión en la creación de empleo puede superar el efecto de desplazamiento de la mano de obra debido a la tecnología, tal como ha sucedido en varios sectores claves de la economía. No obstante, lo que necesitamos ahora es una nueva consideración de la tecnología y una mejor comprensión sobre su interacción con una economía de mercado. Porque, a pesar de que por más de cincuenta años la tecnología ha sido la fuerza propulsora y revolucionaria más importante dentro del capitalismo, aún sabemos muy poco sobre su funcionamiento. Y hasta que lo hagamos, el poder de la tecnología seguirá siendo elogiado y temido al mismo tiempo, pero su enorme potencial nunca sabremos para sacar provecho y estimular la economía en todos sus sectores.

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