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18 de Oct de 2019

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Rafael Carles

Columnistas

Trabajos tontos y aburridos

‘[...] en la medida en que nadie quiere hablar sobre el mundo en que vivimos [...], así mismo cada vez tendremos un mercado laboral que ofrece menos empleos buenos e interesantes… [...]'

La tesis para utilizar este título se remonta a la observación reveladora de Adam Smith, cuando, en La Riqueza de las Naciones, Capítulo I, Parte III, Artículo II, describe la división del trabajo en una fábrica de alfileres y las maravillas en la productividad al tiempo que personas hacían los trabajos más ‘tontos y aburridos' que en ninguna otra época de la historia humana. Esto porque ningún trabajador necesitaba saber cómo hacer un alfiler, solo tenía que ser parte en el proceso de hacer un alfiler.

Después de la Revolución Industrial y a principios del siglo XX, la fábrica de alfileres de Smith se convirtió en la planta Rouge de Henry Ford en Michigan. Y lo que allí se elaboró fue la práctica de mover el trabajo de un trabajador a otro hasta que se convirtiera en una unidad y luego convertir el flujo de estas unidades en un proceso de ensamblaje que pudiera dar al final y en movimiento un producto terminado. Ese producto final fue, por supuesto, el automóvil Ford. Requirió 3 horas hombre (en comparación con el tiempo anterior de 12.5 horas) para producir un Modelo T Ford, y salían de la línea de producción cada tres minutos.

Con menos trabajadores necesarios para producir cada automóvil, los salarios por trabajador podían subir y las horas de trabajo podían reducirse. Pero debido a que cada automóvil era más barato de producir, el volumen de ventas podía aumentar tanto que el número de trabajadores recién empleados superaba con creces a los desplazados. Contrario al temor de muchos, la línea de producción aumentó el empleo nacional, pero lo hizo a expensa de las habilidades y demás ventajas que ofrecía un trabajo artesanal.

El éxito de la línea de producción era mantenerse en movimiento, y cuanto más rápido mejor. La continuidad de la línea requería un alto nivel de control gerencial sobre las prácticas de trabajo. Esta fue la invención de Frederick Taylor al crear el concepto de administración científica. En términos políticos y sociológicos, el taylorismo es la división del trabajo llevada a un extremo lógico, con la consiguiente pérdida de competencias del trabajador y la deshumanización del lugar de trabajo. Los métodos de gestión científica de Taylor se aplicaron a sectores de servicios en la década de 1920 y desde entonces están casi omnipresentes en todos los ámbitos laborales.

A diferencia de la línea de producción de las fábricas de automóviles, las empresas Walmart y Amazon han creado ahora sus propias líneas de ensamblaje donde se presentan problemas especiales. El hacinamiento y la velocidad de procesar las órdenes de pedidos requieren la atención de un régimen de monitoreo permanente para detectar el relajamiento de trabajadores y corregirlo sin demora. Con ello se ha creado un sistema como el de una prisión circular con una torre de inspección central, donde un solo vigilante puede observar a los internos sin que ellos puedan ver quiénes están siendo vigilados.

Con este control monitoreado, empresas como Walmart y Amazon exprimen hasta la última gota de sus trabajadores. Acelerar la línea de ensamblaje es el único objetivo y entre más rápida sea, menores serán los costos por unidad. Una investigación en la fábrica de Foxconn en China mostró que si los trabajadores pueden cumplir su cuota de producción, al día siguiente la meta es aumentada hasta que se maximice la capacidad de los trabajadores. Todo esto está destinado supuestamente para brindar mejor servicio a los clientes, pero estos beneficios para los clientes reflejan un sistema que trata a los trabajadores como robots y se basa en la intimidación para empujarlos al límite, mientras se les niegan las recompensas por su mayor eficiencia.

Lo ideal sería que las personas sean socias en lugar de competidores de las máquinas y así restablecer la dignidad del trabajo. Sabemos que no podemos subestimar la importancia de la inversión privada en la creación de empleos y de la tecnología en el mejoramiento de la competitividad. Pero cuidado que al no proyectar el asunto con madurez y seriedad, regresamos a la tesis planteada por John Maynard Keynes en 1930, cuando en su ensayo ‘Posibilidades económicas para nuestros nietos' propone el ocio como respuesta al desempleo causado por las máquinas que reemplazan el trabajo humano.

Obviamente, este no el punto a donde nadie quisiera llegar, pero realmente tenemos que entender que en la medida en que nadie quiere hablar sobre el mundo en que vivimos cada vez más tecnológico, así mismo cada vez tendremos un mercado laboral que ofrece menos empleos buenos e interesantes… y más trabajos tontos y aburridos.

EMPRESARIO

‘[...] el taylorismo es la división del trabajo llevada a un extremo lógico, con la consiguiente pérdida de competencias del trabajador y la deshumanización del lugar de trabajo'

‘Los métodos de gestión científica de Taylor se aplicaron a sectores de servicios en la década de 1920 y desde entonces están casi omnipresentes en todos los ámbitos laborales'