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12 de Dec de 2019

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Ernesto A. Holder

Columnistas

La sinuosa línea de la rectitud

‘[...], nos debiera dar vergüenza habernos dejado llevar por este camino que nadie, a ciencia cierta, puede predecir cómo va a culminar'

Los últimos dos meses han sido de esos en que cuesta mucho lidiar con tanta desfachatez. Si pensábamos que se iban a dar giros importantes en la conducta de los que pueden comenzar a enderezar las cosas, parece que nos hemos equivocado… otra vez. Corregir males tan enraizados, como la corrupción, ha probado ser muy difícil. Y si no se actúa con voluntad y decisión inmediata, se corre el riesgo de quedar enredados entre sus raíces.

Ante el silencio del Ejecutivo no queda más que especular. Tal vez no podrá intervenir directamente para encausar a sus copartidarios diputados, pero siempre puede abrir la boca y decir algo. Igual, la cúpula de su partido, si es que en realidad quieren un mejor país. Es decir, contribuir con la construcción de una nueva sociedad. Deben pronunciarse, dejar bien claro su posición sobre al adecentamiento de la cosa pública y sobre muchas de las cosas que no están bien en la Asamblea de Diputados y que, por ser mayoría, sus copartidarios les cae, irremediablemente, esa responsabilidad.

Por docencia y con el fin de lograr un entendimiento más estructurado de los efectos, en el pasado había presentado las impresiones de Ngozi Okonjo-Iweala, ex ministra de Finanzas y Relaciones Internacionales de Nigeria, cuando expuso el tema: ‘Corrupción: mitos y realidades en el contexto de un país en desarrollo' (‘Corruption: Myths and Realities in a Developing Country Context') en un evento en el año 2007 auspiciado por la Institución Brookings y el Centro para el Desarrollo Global.

Ngozi presentó argumentos de significativo valor contextual sobre los problemas de corrupción en las naciones en vías de desarrollo que muy bien nos servirían de referencia en el nuestro. Ella subrayó que en muchas instancias ‘el debate sobre la corrupción se centra en la corrupción económica en casos como los de la captación de renta, fraude en los procesos de contrataciones y despilfarro en los presupuestos gubernamentales…'.

La exministra también sostuvo que: ‘la corrupción política, particularmente relacionada a las finanzas de los partidos y a las finanzas de las campañas políticas, gradualmente se viene constituyendo en un reto de proporciones mayores en los países en vías de desarrollo. (…) Los partidos políticos y el proceso político en las democracias emergentes, invariablemente tienden a caer en corrupción'. Me preocupa, dice Ngozi, ‘que la corrupción política en sus formas más perniciosas se esté apropiando del continente africano mientras se buscan los mecanismos para emular de los países occidentales, los procesos de control de los financiamientos a las campañas políticas, pero sin la fortaleza en las instituciones fiscalizadoras para su salvaguarda'.

La corrupción, igualmente, se ha apropiado de los países de la América Latina: Chile, Colombia, Argentina, Nicaragua, Venezuela, por mencionar algunos. En Panamá lo vivimos en carne propia y cuando todo parecía que iniciarían las correcciones, ya no se perciben señales claras. Por la línea que algunos transitan de supuesta rectitud y decencia, no es más que un camino sinuoso en donde, sabiendo lo que ocurre, prefieren no atender la responsabilidad para enderezarlo.

‘El que pudiendo hacer algo y no lo hace para enfrentar la corrupción también debe ser señalado igual que los corruptos y sus cómplices'

Lo que vivimos hoy era previsible. Que no iba a ser fácil desmontar un sistema corrupto que ha existido por décadas. Toca tener coraje y determinación; valentía y entereza. Y eso no solo involucra al Ejecutivo, sino a todos los que de una u otra manera están en una posición de negarle espacio a los que escogen continuar por ese camino de juegavivo. No solo es que los malandrines tienen por naturaleza utilizar todas las herramientas posibles para mantener sus espacios mal ganados, sino que también las utilizan sin escrúpulos para desprestigiar a cualquiera, desacreditar a los que pueden encausarlos y, efectivamente, poner en duda la entereza de cualquiera.

Todos los sistemas políticos experimentan momentos de corrupción y períodos que han significado para ellos algún grado de retos para su supervivencia. Pero este tiempo parece un callejón sin salida en Panamá, nos debiera dar vergüenza habernos dejado llevar por este camino que nadie, a ciencia cierta, puede predecir cómo va a culminar.

El que pudiendo hacer algo y no lo hace para enfrentar la corrupción también debe ser señalado igual que los corruptos y sus cómplices. La línea de la rectitud no la podemos dibujar a nuestro antojo. Caminarla con sus amenazas y desvíos, es una tarea sin vacilaciones.

COMUNICADOR SOCIAL.