11 de Ago de 2022

Columnistas

La comida barata sale cara

“Ahora, el cuento de la comida barata es una especie de círculo no virtuoso que afecta la salud y acelera el deterioro de la calidad de vida en el mundo”

Puede sonar insólito, pero hay cosas con la que nos enfrentamos al menos tres veces al día y que políticamente han estado invisibles y ausentes de la agenda nacional. Y que solo adquieren vigencia cuando los precios aumentan. Y ese es el caso de la comida, en que la mayoría de la población no tiene idea de dónde proviene ni en qué forma impacta en el planeta, nuestra salud y a la sociedad. Actualmente los panameños gastan en alimentos el porcentaje más bajo de sus ingresos que en cualquier otro momento de la historia, un poco menos del 20 %. Igualmente, el tiempo dedicado a su preparación es apenas treinta minutos al día en promedio, incluyendo la limpieza de platos y vasos. Los supermercados están abarrotados de productos importados y cada año se introducen 2000 nuevos ítems que llenan anaqueles, neveras y congeladores. La comida casera ha sido reemplazada en cada franja étnica concebible y lo único que se requiere es saber abrir una lata o encender el microondas.

Considerando que en el largo recorrido de la historia humana la obtención de alimentos dominaba no solo la vida cotidiana, sino también la vida económica y política, el hecho de que no nos preocupamos ahora por la comida como lo hacíamos antes es reflejo de una profunda reflexión. Porque si bien los alimentos procesados han resuelto un problema, no podemos obviar que las nuevas políticas agrícolas de los países desarrollados han creado una serie de inconvenientes muy serios. Cuando el presidente Nixon de Estados Unidos pidió en 1970 reducir el costo de los alimentos después de que los precios se dispararon a finales de 1969, el secretario de Agricultura, Earl Butz, decidió cambiar el enfoque histórico de la política agrícola de apoyar los precios para los agricultores y propuso aumentar la producción de un pequeño puñado de cultivos básicos (maíz y soja) a cualquier costo.

Esa política de alimentos baratos funcionó porque los precios de los cultivos cayeron, pero los agricultores se enfrentaron a una profunda depresión y luego a una brutal ola de consolidación, porque tuvieron que producir más para llegar a un punto de equilibrio. Lo que es más importante, el precio de los alimentos bajó, o al menos el precio de los alimentos que se podrían hacer con maíz y soja, principalmente alimentos procesados, bebidas azucaradas y carne de mataderos. En cambio, los precios de los productos frescos, como frutas y vegetales, han aumentado desde entonces.

Aunque la comida barata pudiera parecer una buena solución política, resulta que hay costos significativos para la salud pública, el medio ambiente, la cultura y el bolsillo de los consumidores. Y así, poco a poco y de manera accidentada, el tema de los alimentos ha entrado a la agenda pública. Una serie de escándalos de seguridad alimentaria abrieron los ojos de la gente por la forma en que se producía la comida. Cuando surgió la enfermedad de las vacas locas en Inglaterra, en 1986, el resto del mundo se enteró de que el ganado, que es herbívoro, se alimentaba habitualmente de la carne de otros animales.

“Lo que es más importante, el precio de los alimentos bajó, o al menos el precio de los alimentos que se podrían hacer con maíz y soja [...]”

Las muertes en 1993 de cuatro niños en Estados Unidos que habían comido hamburguesas en “Jack in the Box” se debieron a carne contaminada con E. Coli 0157: H7, una cepa mutante de la bacteria intestinal común identificada por primera vez en el ganado de engorde en 1982. Desde entonces, los brotes repetidos de enfermedades transmitidas por los alimentos vinculados a nuevas cepas de bacterias resistentes a los antibióticos (Salmonella, SARM campylobacter) han expuesto la mala práctica de administrar rutinariamente antibióticos a los animales, no para tratar la enfermedad, sino simplemente para acelerar su crecimiento y permitirles soportar las condiciones sucias y estresantes en las que viven.

Existen conexiones claras y contundentes entre los métodos de producción industrial de alimentos y las políticas agrícolas con la aparición de las enfermedades no transmisibles y la desaparición de la comida familiar como institución. La política de producir comida barata se asemeja a una versión al revés del pacto social denominado “fordismo”, propuesto por Henry Ford, en el que pagaba a los trabajadores lo suficientemente bien como para permitirles comprar sus autos. Ahora, el cuento de la comida barata es una especie de círculo no virtuoso que afecta la salud y acelera el deterioro de la calidad de vida en el mundo.

Empresario, consultor en nutrición y asesor en salud pública.