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07 de Dec de 2019

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Jorge Luis Prosperi Ramírezopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

'Estudiar sin hambre': imperativo para el desarrollo

El Proyecto de Ley 5, que crea el programa “Estudiar sin Hambre”, fue aprobado en tercer debate por los diputados de la Asamblea Nacional.

El Proyecto de Ley 5, que crea el programa “Estudiar sin Hambre”, fue aprobado en tercer debate por los diputados de la Asamblea Nacional. El objetivo primordial de la Ley es el de “garantizar que la población escolar panameña que asiste a los centros oficiales de educación preescolar, básica general, premedia y media, tenga acceso a una merienda diaria para complementar su dieta familiar, en beneficio del estudiante, con el fin de obtener un mejor rendimiento escolar”. De su efectiva implementación dependerán la salud, el bienestar y el futuro de los miles de niños y niñas que habitan nuestras comarcas y provincias más pobres, olvidados permanentemente por buena parte de nuestros gobernantes que no han pasado del discurso solidario. Se trata pues, de un imperativo moral y ético para nuestro desarrollo integral.

La iniciativa, según palabras de la ministra de Educación, se llevará a cabo en su primera etapa en 1890 escuelas de 300 corregimientos en 63 distritos, principalmente en los sectores rurales y más apartados del país. En su pleno desarrollo, el plan alimentario beneficiará a 430 mil estudiantes de sectores vulnerables. Es importante subrayar igualmente que el programa no solo apoyará al estudiante panameño, ampliando el mismo a la premedia y media, sino también brindará una respuesta efectiva al productor agropecuario nacional, beneficiando de manera directa a sectores que requieren de la atención que les ha negado el Estado.

Y es que, en Panamá, en medio de un modelo económico que beneficia principalmente a unos pocos, en perjuicio de las personas más pobres, el hambre y la desnutrición son dos flagelos que causan grave retardo en el crecimiento y desarrollo físico y mental de la mayoría de los niños y niñas de nuestras comarcas, limitando su capacidad para aprender y superarse, promoviendo la deserción escolar y condenándolos sin remedio al ejercicio de trabajos mal remunerados y a la pobreza permanente.

La clara sustentación de esta iniciativa, la proporcionan los resultados de las dos mediciones del Índice de Pobreza Multidimensional, IPM, llevadas a cabo por expertos nacionales de reconocido prestigio. De acuerdo con el IPM-Panamá 2017, el 19.1 % de los panameños (777 752 personas) se encontraba en una condición de pobreza multidimensional. Es de esperar que los ingresos monetarios de esas familias panameñas no llegan a cubrir la mitad del costo calórico de la canasta básica familiar por mes. Por lo tanto, no parecen estar en capacidad de protegerse contra el hambre y, muy probablemente, la están padeciendo de forma ocasional o permanente, ocasionando desnutrición infantil en forma aguda y crónica.

En las comarcas indígenas fue en donde se presentó las mayores proporciones de personas pobres multidimensionales: en la Comarca Ngäbe Buglé (93.4 %), Comarca Guna Yala (91.4 %) y Comarca Emberá (70.8 %). El promedio de estos tres valores supera en 4.5 veces el valor del promedio nacional. En cuanto a las provincias, las tres con mayor porcentaje de personas en condición de pobreza multidimensional y por encima del promedio nacional, fueron: Bocas del Toro (44.6 %), Darién (40.0 %).

Más recientemente, el estudio, “Índice de Pobreza Multidimensional de Niños, Niñas y Adolescentes de Panamá 2018”, nos informa que cerca del 16 % de nuestros niños, niñas y adolescentes pobres multidimensionales carece de una alimentación variada. Esta es una condición que requiere importante atención debido a que la alimentación saludable y equilibrada tiene un rol primordial en la salud y desarrollo de este grupo poblacional. Determina el adecuado funcionamiento del organismo, el crecimiento y la capacidad de aprendizaje, y la prevención de factores de riesgo de enfermedades. Este problema también es mucho mayor en las comarcas indígenas y en las provincias más pobres del país.

En este contexto se crea el Programa Estudiar Sin Hambre, coordinado por la Secretaría Nacional para el Plan de Seguridad Alimentaria y Nutricional. El programa deberá contar con los recursos humanos y financieros suficientes y necesarios para garantizar su efectivo funcionamiento, y sin interrupciones, durante todo el periodo escolar. No menos importante será la oferta de productos de certificados de calidad y elevado valor nutricional por parte del sector productivo nacional.

Por nuestra parte, los panameños estamos obligados a felicitar esta iniciativa y mantenernos vigilantes del desarrollo óptimo y transparente del programa. El futuro de nuestra niñez depende de ello. Aquí no puede haber espacio para las improvisaciones, el clientelismo, la especulación, el pago de sobreprecios, y la corrupción que ha estado presente en las gestión de nuestros gobernantes de los últimos años.

Hagamos votos porque al término del período de este Gobierno, podamos decir con orgullo que erradicamos el hambre y la desnutrición de nuestro territorio.

Médico