Panamá,25º

19 de Feb de 2020

Juan Carlos Mas C.

Columnistas

Waterloo educativo

Quienes se llevan las manos a la cabeza lamentándose de los malos resultados de Panamá en las pruebas de suficiencia educativa deben buscar las causas remotas de este desastre.

Quienes se llevan las manos a la cabeza lamentándose de los malos resultados de Panamá en las pruebas de suficiencia educativa deben buscar las causas remotas de este desastre. En primer lugar, debo aclarar que todos los países que pretenden transitar por la senda de la independencia y el desarrollo, lo primero que hacen es la reforma integral de la educación, transformándola en integral y universalista, no constriñéndola a una educación restrictiva por competencias.

La educación es como la famosa mochila del soldado; recordemos al respecto que Napoleón al pasar revista se detenía ante un soldado raso y le afirmaba: “No olvides que en el fondo de la mochila tienes el bastón de mariscal”. En eso reside la potencia de una genuina educación universalista, ella otorga pericias, pero muestra el horizonte.

Cuando un país se lanza por el sendero de la educación debe cuidar que ese esfuerzo que empieza en la niñez temprana no se malogre por los riesgos de salud; por lo anterior a la reforma educativa debe corresponder una sinergia “boboré” protegiendo el trabajo formativo mediante salud. De ahí que la derrota de la reforma educativa en 1979 fuera seguida de una contención de los progresos de la intención integradora de salud.

Aquella derrota educativo-sanitaria marcó un alto en la capacidad de iniciativa de aquel llamado proceso torrijista que a partir de entonces pasó a la defensiva (hacemos la salvedad de que al mencionar ese proceso no nos referimos a un partido político, ya que, como sabemos, el “programa mínimo de liberación nacional” apocopado en la expresión “torrijismo” está situado, en la actualidad, por fuera de aquel partido que se lo apropió y diluyó.

La invasión solo vino a completar la derrota educativa y cultural; a partir de entonces solo nos queda inventariar 40 años de atraso y llorar porque no despegamos, pero nadie se hace el mea culpa de aquel desaguisado; todos se hacen la vista gorda de que en aquellos tiempos existían colegios públicos de concentración, como el Instituto Nacional, el F. Naudeau y otros que recogían lo mejor de los alumnos de la educación pública; después de aquella derrota se abrió la vía para el nacimiento de innumerables colegios privados mercenarizados que son los que emiten su opinión ante las situaciones contingentes del drama educativo. De aquellos polvos son estos lodos.

Pero no hay pecado sin redención: la Universidad de Panamá debe asumir su rol rector y la responsabilidad de convocar y presidir la renovación integral del estamento educativo-cultural, convocando a todos los actores de la educación pública desde el nivel primario hasta el universitario. Es el reto del momento.

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