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28 de Feb de 2020

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Enrique Jaramillo Levi

Columnistas

Por los meandros de la minificción

“[...] ¿cómo negar que todo es posible cuando ocurre una artística yuxtaposición de fondo y forma en un cuento reducido a su mínima expresión, escrito con destreza imaginativa [...]?”

Escribir ficción es una forma de examinar la vida, de acercarse a sus matices y contradicciones. Es una manera de entrar en ella a través de las infinitas posibilidades del lenguaje desde la experiencia y el conocimiento, pero también desde la intuición y la magia imaginativa; todo a un mismo tiempo. Quien crea textos ficcionales, una de cuyas encarnaciones es sin duda el cuento breve, se plantea una búsqueda y sabe que indefectiblemente habrá de lidiar con múltiples enigmas.

No obstante, el creador de ficciones sabe también que hay un inmenso placer, no siempre del todo racional, en irle dando curso a ese recorrido incierto que paulatinamente le confirma sospechas, desbaratando al mismo tiempo certidumbres y descubriendo inéditas verdades no siempre gratas. Por tanto, cada vez que el escritor crea, emprende un viaje. Un viaje que entraña peligros, y que podría no tener retorno. Pero lo hace porque hay una fuerza interior que le impide no hacerlo, porque necesita conocer el terreno, medir los entornos, palpar los enigmas, tratar de descifrarlos: necesita saber, descubrir, revelar. Y por supuesto, poder hacerlo bien es un difícil arte que no siempre logra su cometido. Un cometido que, por misterioso, elude antes que a nadie al propio creador. Hasta que de pronto, si acierta, se despejan de golpe o poco a poco las incógnitas, y en un momento mágico finalmente se hace la luz.

Entiendo por “minificción” una prosa narrativa de particular brevedad y concentración, independientemente de su grado de hibridez como consecuencia de una actitud que tiende a lo aleatorio y a la experimentación vía el vuelo imaginario y la osadía formal, y que por lo general está temáticamente autocontenida: una vivencia profunda, no pocas veces encerrada con todas sus esencias en una sugerente, apretada nuez.

“Entiendo por “minificción” una prosa narrativa de particular brevedad y concentración, independientemente de su grado de hibridez [...]”

Su modalidad actual, cada vez más frecuentada por los escritores de habla hispana, denominada minicuento en algunos países hispanoamericanos y microrrelato en otros ámbitos (España y Argentina, por ejemplo), entraña para los escritores de ficción, la necesidad de que, antes que cualquier otra cosa, se trate de auténticos cuentos. En dichos textos, genéricamente denominados minificción, por más breves y experimentales que sean deben prevalecer las características básicas que le son consubstanciales al cuento: se narra una historia, surge un conflicto, se produce un desenlace. Obviamente, cada uno de estos elementos estará reducido a su mínima expresión, y a veces estará presente sólo en forma sugerida. Si bien en un minicuento la extensión y la densidad, al reducirse significativamente, constriñen la historia quedando en su esencia, siguen estando presentes, aunque solo sea de forma esquemática o sublimada. Lo importante es esa suerte de “golpe de gracia”, de inusitada magia vía el ingenio, que este tipo de ficción concentrada propicia en el lector.

Quizá por la fuerte concentración anecdótica y de recursos que exige el minicuento, lo que menos desarrollado esté en el texto —o hasta podría no estar del todo— sea eso que se denomina trama, en el sentido tradicional del concepto. Pero casi siempre, aunque solo sea oblicuamente o de modo sugerido, de alguna manera suele haber aunque sea un esbozo de ésta, ya que las cosas no pueden evitar suceder en un cierto orden, entrelazarse de determinada forma y desembocar en alguna tipo de consecuencia como guiados por una fuerza inescrutable aunque no pocas veces parezca ajena al escritor.

Cabe señalar, adicionalmente, que resulta evidente que subyacen otros factores propios de este tipo de ficción en algunos textos: ingenio, elipsis; sarcasmo o humor negro; una actitud lúdica; fragmentación o fases proteicas; cierto grado de ambigüedad; hibridación de géneros literarios; parodia; intertextualidad; además de que puede haber muchas más cosas que el texto sugiere o sobre las que invita a especular, y no solo hechos claramente discernibles en términos realistas, tajantes, aunque por supuesto también podría haberlos.

Visto así, ¿cómo negar que todo es posible cuando ocurre una artística yuxtaposición de fondo y forma en un cuento reducido a su mínima expresión, escrito con destreza imaginativa y gran precisión semántica, malicia literaria y una filosa intencionalidad?

Escritor y poeta.