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12 de Aug de 2020

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Columnistas

Mis deseos para el año nuevo

¿Por qué no sacamos un tiempo en estos últimos días del año para prometernos obrar en el mejor de los espíritus de la Navidad – todo el año – en solidaridad con los que nos rodean?

Hace muchísimos años tenia un supervisor gringo estricto y tenaz, con cara de pocos amigos (en realidad eran pocos los amigos que le conocíamos). A lo largo del año, su presencia en el quehacer cotidiano era fuerte. Ejercía su cuota de poder con energía puntual y dureza al punto de sacar los mejores productos y en el proceso las rabias más intensas.

Para esta época de Navidad y fin de año le regalaba a cada trabajador de la empresa una botella de vino, ya sean sus supervisados directos o de las otras áreas de producción.

Un buen año otro gringo le llevó la botella y se lo devolvió. Molesto le dijo en inglés: “why dont yo be a prick on christmas and a good guy the rest of the year?”, que traducido sería más o menos: “¿Por qué no eres un buen tipo todo el año y un imbécil para la Navidad?”.

Con las nuevas tecnologías y las redes sociales, la cantidad de buenos deseos y felicitaciones que recibimos son incontables y hacen difícil contestar todas y cada una de ellas. Pero la disyuntiva está en que el reenvío y compartir “estampitas” y memes se ha vuelto tan fácil e impersonal que le resta, de cierta forma, a la intención de conectarse con la persona y estrechar sentimientos emotivos de amor y amistad. Escribir unas líneas personalizadas toma mucho tiempo y más cuando supuestamente si tienes cientos, sino miles, de amigos y conocidos virtuales.

El ambiente navideño y de fin de año cada vez es más artificial e impersonal. Se reparten millones de balboas de ahorros de fin de año. Del sector público circuló millones de balboas a principios del mes de diciembre en concepto de pago del décimo tercer mes. Desde septiembre comienzan las ofertas de fin de año. Las mueblerías. En noviembre, los arbolitos traídos desde tierras lejanas. Cientos de millones de balboas circulan en la economía nacional durante estos últimos 60 días del año.

Mi deseo es que escojan un día de los 365 de este nuevo año, el que quieran, para ser malignos y perversos y que seamos, empáticos y solidarios buenos todo el resto del año.

Y el panameño común gasta lo poco que ha podido ahorrar o inicia un periodo intenso de endeudamiento, haciendo comprar con tarjetas de crédito que las instituciones financieras ofrecen con facilidad y sin el menor control. Hay que tener de todo. Las decoraciones de moda para este año (las del año pasado ya no sirven). Lucecitas decorativas que combinan (las que han quedado de varios años, no combinan). Canastas de regalos y licores para las empresas. Lo último en aparatos electrónicos. Fiestas por todas partes. Jamones, pavos, dulces y comida. Vinos y licores. Joyería.

En los centros comerciales no se cabe y no hay estacionamientos. El tráfico vehicular no se mueve a ninguna hora del día, en ninguna parte de la ciudad. Es un derroche de proporciones inconcebibles. Cada año supera el anterior.

Pero volviendo a las interacciones entre seres humanos, asombra lo impersonal y muchas veces agresivo y belicoso con que se interactúa en las redes y en las calles. Un conductor agrede al otro sin misericordia, regresa a su auto en donde guinda del retrovisor un rosario y a todo volumen el más claro (no sugestivo) reggueton. Varias mujeres aparecen asesinadas y en las redes las cuestionan a ellas y otros las culpan por su propia muerte.

Este giro comercial que ha tomado el proceso y la preparación para su celebración en las últimas décadas, llevan al cuestionamiento sobre si existe o no un ánimo de Navidad compartido. Un espíritu universal en la humildad de las alegrías por el nacimiento de un ese Niño que se llamó Jesús y que llegó con mensajes claros a favor de los menos afortunados. Una meditación que vale la pena hacer. Observar por un momento al resto del mundo y reflexionar. Observar lo que tenemos aquí y las desigualdades sociales bien marcadas que no parecen tener solución.

Con el mismo espíritu que el gringo le increpó al otro: ¿Por qué no sacamos un tiempo en estos últimos días del año para prometernos obrar en el mejor de los espíritus de la Navidad – todo el año – en solidaridad con los que nos rodean? Mi deseo es que escojan un día de los 365 de este nuevo año, el que quieran, para ser malignos y perversos y que seamos, empáticos y solidarios buenos todo el resto del año.

Comunicador