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26 de Sep de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

¿Qué esperan para actuar?

Hace algunos años Aurora Intxausti, del diario El País de España, entrevistó al director de teatro Peter Brook, quien entonces tenia 91 años.

Hace algunos años Aurora Intxausti, del diario El País de España, entrevistó al director de teatro Peter Brook, quien entonces tenia 91 años. De manera reflexiva y con un sentido de profundidad filosófica, Brook señaló que: “Nadie sabe qué es el ser humano y las distintas posibilidades que tiene, todos somos fragmentos, es como los rompecabezas para niños. Cada pieza es única, pero importante para llegar a un conjunto. Los problemas profundos que tenemos son los mismos que había al principio de la humanidad y hace cientos de años”.

Ante esas reflexiones de Brook, estamos transitando por el momento indicado para explorar las posibilidades del ser humano, ante todo en tiempos de tantos retos y desventajas para los que menos tienen, pero igual, en tiempos de riqueza y bonanza. Una versión de este artículo se publicó hace algunos años.

Me opongo, muchas veces, a la actitud positivista de muchos que dicen que debemos enfocarnos en lo bueno y dejar de quejarnos de lo malo. Que esas quejas son negativas. Reflexiono sobre la gente que ha tenido que abandonar sus tierras en diversas partes del mundo y tirarse al mar en busca de mejores oportunidades para ellos y sus familias. Son millones de personas y eso no podemos dejarlo a un lado y solo hablar de “cosas positivas”. Es inhumano.

Esas “distintas posibilidades” que menciona Brook nos deben llevar a reflexionar en que no hemos hecho lo suficiente por vencer los retos que nos amenazan; los que llevan a la gente a tirarse al mar en embarcaciones tan peligrosas, como los desafíos que creen dejar atrás. Y los retos que no terminamos de enfrentar aquí, y que atentan todos los días el bienestar de nuestra población. Tal vez el mayor peligro es nuestra propia parsimonia y el hecho de aceptar las condiciones actuales, ya sea criticándolas o hablando solo de cosas positivas como sugieren algunos.

Dice Aurora Intxausti que a Brooks no le gusta ser etiquetado: “Cuando la gente joven me pide consejo, siempre les digo que no crean lo que oigan. (…) Vivimos una era en la que todo se etiqueta para vender. Ser el mejor es una etiqueta comercial…”. Sin embargo, los embusteros, quieren vendernos los remedios de nuestros males. Y todos los días las cosas parecen empeorar.

Nos hemos tenido que ir acostumbrando a la incertidumbre que causan los vaivenes de la política de los Estados Unidos. El país que “lidera el mundo” está gobernado por un compulsivo torcedor de la realidad (según sea necesario), bufón y bulchitero (como decimos acá en buen panameño). Esa conducta lleva a la posibilidad de provocar un conflicto armando para desviar la atención sobre sus pecados y mentiras. Trump tiene una coraza contra las críticas y el desprecio de los que los señalan. Tiene una cara de puñete indiferente que lo aguanta todo, y nunca siente vergüenza por sí mismo. Timothy Egan del New York Times, dice que Trump: “miente sobre sus mentiras”. “Lamentablemente, a muchos de los votantes no les importa si un candidato es un mentiroso patológico. Pero a la mayoría de nosotros debería importarnos”.

Tanto allá como acá, o en Caracas, por ejemplo, esta humanidad de supuesta superioridad a las sociedades que nos precedieron, le da importantes espacios a estos charlatanes. Gente muy peligrosa nos está gobernando muy a pesar de nuestro avance intelectual como especie. Y lo que hemos hecho dándoles oportunidad y poder es poner en riesgo nuestra seguridad colectiva.

Con la sobrecarga de información que nos llega a diario y en medio de los quehaceres por avanzar las cosas de la supervivencia, algunos temas pasan sin que nos demos cuenta y sin que podamos reaccionar a ellas como debe ser y en su momento. Los invito a buscar en el internet el discurso del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en el cierre del Foro de Doha, Catar, que se llevó a cabo a mediados de diciembre 2019. Es una pieza de oratoria sencilla y sin rimbombancias grandilocuentes, pero claro en sus planteamientos y que llama a la reflexión profunda sobre el camino de la humanidad en este inicio del siglo XXI.

En un auditorio repleto de dirigentes mundiales, multimillonarios y gente que tienen el poder para verdaderamente cambiar las cosas, la pregunta que les formuló Bukele: “¿Qué estamos esperando?”.

Comunicador social.