• 05/01/2026 00:00

Una conversación simulada sobre política (I)

En reciente plática con Chico Pérez de Antón, tuve la oportunidad de hacerle algunas preguntas. A continuación mis apuntes.

Don Chico: ¿qué es la política?

La política es emociones, sentimientos, gritos del corazón, aunque nos han acostumbrado a que la política es corrupción, tráfico de influencias, donde el rumor tiene carácter de certeza. Aquí todo pasa y se olvida y en la práctica los políticos se alejan de Montesquieu y se acercan más a Maquiavelo.

¿Cómo se relaciona la política con el poder?

El poder es como un río cuyo caudal se incrementa con afluentes grandes y pequeños. En la naturaleza esos cursos de agua se mueven conforme a la ley de la gravedad. En la vida pública, los afluentes del poder (diputados, empresarios, sindicatos, maestros, clérigos, etc) se mueven por intereses.

La política se practica para obtener y ejercer el poder, y la regla número uno del poder es prevalecer y sobrevivir con el engaño, la trampa, el delito y el crimen. Los políticos han hecho de la vida pública una selva y en esa selva no hay contemplaciones, piedad, moral ni justicia.

¿Pueden surgir buenos líderes?

Es muy difícil. Donde los espacios públicos son anchos y las mentalidades políticas estrechas, siempre aparece alguien a quien sus amigos y familiares le han dicho: “tú debes ser presidente”. Estos son los políticos providenciales, los enviados por los dioses para salvar a la patria, los que creen poseer el don de gobernar gracias a su cara bonita, a su buena labia o a su dinero, el suyo o el de otros.

¿Tenemos una democracia?

El espectro político tradicional se define por una izquierda envejecida, llena de melancolía y lamentos, y una derecha anacrónica, anclada en el pasado, incapaz de mirar y proponer un futuro.

Practicamos una democracia giratoria. Entran unos, salen otros, pero nada cambia. Ni dentro, ni fuera. Hemos llegado a un punto donde no nos sorprenden los escándalos o la cuantía de los latrocinios.

En este sistema, el Ejecutivo tiene que hacer concesiones, repartir deferencias, conceder permisos o pagar favores. Se practica una política de privilegios, de negocios ocultos, del poder tutelar y el paternalismo hipócrita.

¿Sirven las ideologías?

Las ideologías son los espejitos con los que los listos utilizan a los tontos. Los ideólgos se creen superiores a los políticos, al tecnócrata, al empresario, y viven de una autoproclamada superioridad parecida a la de los obispos. Todos hablan de otros mundos pero ninguno de este.

¡Y nunca se equivocan!

Las ideologías y los ideólogos son buenos para llegar al poder, pero no para gobernar. Y a los intelectuales, de cualquier tendencia, les cuesta. poco hacer lo contrario de lo que piensan y ponerse al servicio del poder, si eso les trae dinero, prestigio o supervivencia.

¿Cómo ha sido nuestra historia política?

Históricamente nuestros presidentes, ministros, magistrados, diputados, alcaldes y demás funcionarios han mentido sin pudor. Esa es la herencia política por haber preferido la corrupción a la justicia.

El pueblo, ausente y simple, siempre pide decencia, honradez, respeto y dignidad de patria, pero cada día se cansa más de tantas humillaciones, de agachar la cabeza, de tener que aceptar lo que le tiren.

¿Cómo ve usted la corrupción?

La corrupción es un beso letal para el alma y la vida de un pueblo. Tenemos un sistema corrupto, pero no queremos que se haga justicia. Se requiere una reforma que altere radicalmente la forma en que se maneja la política y sanciones sin excusas a quienes se aprovechen de ella para hacerse ricos.

Políticos, jueces, policías, funcionarios, abogados, contratistas del Estado y empresarios, viven en la hedentina, viven en ella y de ella. Pero en vez de resolver el problema, preferimos taparnos la nariz. La corrupción institucional es un circulo vicioso.

Se cree que la corrupción es solo cuestión de dinero, sin embargo, todo comienza con la corrupción del espíritu, que cede y se corrompe cuando la conciencia se cansa de luchar. Pero lo peor de la corrupción es el daño que se hace a terceros, a los simples, los débiles, los incautos, que son mayoría, a la gente de buena fe y buena voluntad y a los destinatarios de la esperanza.

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