• 05/01/2026 00:00

La crisis de legitimidad y la salida constituyente (3)

Los acontecimientos sociopolíticos que se desbordan durante las tres última décadas, plantean la urgente necesidad de contar con un proyecto nacional que no puede ser otro que el cambio hacia una nueva Constitución, con una activa participación ciudadana a través de una Asamblea Nacional Constituyente (originaria). Recordemos aquí, aquellos sectores que han optado por querer desviar la atención de la necesidad y urgencia de un verdadero cambio constitucional, con demagogia y ripios. Aquellos que han optado y optan por seguir defendiendo, por acción u omisión, la constitución impuesta, sin duda alguna, por los beneficios personales que han obtenido, obtienen o esperan obtener de la misma en contra de los intereses de nuestra nación y población.

Hoy por hoy, aunque no faltarán quienes lo nieguen, Panamá arrastra una crisis de legitimidad de su régimen constitucional, lo cual repercute cotidianamente en el comportamiento de su régimen político. Ello es el resultado de haberle retirado los ciudadanos su consenso. Recuérdese que entendemos aquí (como ya lo señalé anteriormente) por régimen político, el conjunto de las instituciones que regulan el ejercicio del poder y de los valores que les dan su contenido, incluyendo la forma de selección de la denominada clase política.

Estamos todos en la burbuja en la que “el núcleo del poder del Estado, que ejerce el gobierno, descansa en una específica combinación de consenso y coerción. El consenso alude a la voluntaria aceptación ciudadana del régimen político, a través del cual se ejerce el gobierno. Cuando se pierde el consenso, o este declina significativamente, el régimen político se sostiene apoyándose en el reverencial temor ciudadano a la utilización en su contra de la coerción, es decir a la violencia ejercida por el Estado”.

No podemos pretender ocultar, y menos con un dedo que, la inmensa mayoría de los ciudadanos lleva rato manifestando, de una u otra forma, su descrédito absoluto de las instituciones fundamentales del régimen político vigente, llámese Órgano Legislativo, Judicial o Ejecutivo. Súmele a ello, el sistema partidocrático y su principal apadrinador, el Tribunal Electoral.

Entiéndase que, contrariamente a lo que pretenden algunos, no estamos ante una crisis de legitimidad del gobierno. Estamos, y así hay que verlo, analizarlo y, sobre todo, entenderlo, ante una crisis de legitimidad que va muchísimo más allá de lo que se cree o ve. Es una crisis de legitimidad que, además de sus características propias, se produce dentro de una cadena de frío, es decir sin que se den protestas o movilizaciones ciudadanas, dado que “la crisis política imperante se da en las alturas, en y entre los órganos del Estado, como resultado primario de las múltiples contradicciones políticas de un régimen superagotado y de un sistema constitucional fallido”.

Reitero que, la necesidad de la reestructuración del Estado es innegable y la misma no se podrá alcanzar sin combatir decididamente la corrupción rampante, el aumento galopante de la impunidad y de la inseguridad ciudadana. La salida más democrática, participativa y progresista, es hoy más que nunca, la de una Asamblea Constituyente. Continuará.

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