El puente internacional Simón Bolívar, principal punto de paso entre Colombia y Venezuela, es por estos días testigo de las historias de miles de personas...
A 5 días de iniciado el nuevo año 2026, creo y reafirmo que parte importante de la misión de los que opinamos en estos espacios es la de ofrecer una variedad de perspectivas sobre los asuntos que nos afectan y presentarle al lector, el escenario en la cual nos desenvolvemos. Eso, de alguna manera, pretende evitar el engaño y ayudar a tomar decisiones en el ejercicio de las obligaciones y responsabilidades ciudadanas
Los invito a reflexionar sobre las realidades sociales y culturales en las que inicia el año, similares al año pasado y al anterior a ese y así por las dos últimas décadas por lo menos. Por más deseos de buenaventura que expresamos durante las fiestas de fin de año, eso, por sí solo, no cambia la realidad.
Dice la Cepal que “la noción de pobreza expresa situaciones de carencia de recursos económicos o de condiciones de vida que la sociedad considera básicos de acuerdo con normas sociales de referencia que reflejan derechos sociales mínimos y objetivos públicos. Estas normas se expresan en términos tanto absolutos como relativos y son variables en el tiempo y los diferentes espacios nacionales”.
No hay agua potable en muchos sectores del país. El servicio de transporte es ineficiente, tenemos un sistema educativo caduco y ustedes ya saben todo lo demás. Se ha repetido una y otra vez. El Banco Mundial define la pobreza como: “un fenómeno multidimensional que incluye incapacidad para satisfacer las necesidades básicas, falta de control sobre los recursos, falta de educación y desarrollo de destrezas, deficiente salud, desnutrición, falta de vivienda, acceso limitado al agua y a los servicios sanitarios, vulnerabilidad a los cambios bruscos, violencia y crimen, falta de libertad política y de expresión”.
Esa definición nos retrata y las autoridades deben actuar con determinación para corregirlo; desde el escritorio ejecutivo de los que ostentan el poder político y económico en todas las esferas, hasta el hombre o la mujer común de la calle que cada día más parece inmune ante las necesidades ajenas.
Estos son temas que muchos expertos y colegas de opinión han tratado insistentemente. A pesar del cacareado crecimiento, los problemas sociales están insistentemente presentes. A las clases más necesitadas les asfixian dificultades que no parecen superables por múltiples razones; entre esas, no parecen aspiran a mejores oportunidades que les permitan ser creativos y productivos en el mejoramiento de su condición de vida.
Si pudiéramos aprender algo del año que acaba de culminar, es que las estructuras del Estado no cuentan con la preparación técnica para ejecutar políticas públicas que le hagan justicia a los más necesitados, en escenarios en donde las posibilidades de crecimiento y desarrollo no son iguales para todos. En materia de justicia, los resultados son evidentes. Y no hay una justa distribución de las riquezas que genera la Nación.
Lo ocurrido en la noche del 27 de diciembre con la destrucción del monumento a los 150 años de presencia China en Panamá, es una evidente demostración de pobreza cultural que amenaza con destruir lo poco que queda del entendimiento y respeto a la multiculturalidad que trabaja para que este país trate de avanzar.
Vergüenza para los que hacen mal uso de los recursos de la población; los que esconden sus faltas, los embusteros, los que mienten y pretenden desviar nuestra atención entre subterfugios y quimeras. En los partidos políticos, los que luchan por espacios, el individualismo y el clientelismo.
Debemos entender que el mundo y el mejoramiento de la condición social de los seres humanos es una lucha que no termina nunca. Es una lucha social y cultural. Es la lucha de los despreciados por gente que creen que una mejor condición humana depende de los vestidos, del carro, de la casa, del lugar en donde viven, de los clubes que frecuentan... Nada de esas cosas son importante sino se tiene vergüenza de transitar a diario en un país en donde unos se burlan de los otros que salen a diario a tratar de mejorar su condición de vida.
En ese escenario comenzamos el 2026, a pesar de las Mil Polleras, los carnavales, el verano, las playas y la espera por el Mundial de Fútbol. Si no hay justicia, respeto y desarrollo cultural, el país seguirá siendo un lugar en donde solo vive gente y en donde seguirá predominando la desigualdad. A trabajar desde todos los espacios para hacer las correcciones necesarias.