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05 de Apr de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

¿Nacerá un nuevo movimiento político?

La noticia de la división del partido Cambio Democrático, no es nada nueva. Era de esperar que su dueño tratara de recuperar lo que siempre ha considerado suyo.

La noticia de la división del partido Cambio Democrático, no es nada nueva. Era de esperar que su dueño tratara de recuperar lo que siempre ha considerado suyo. Al no lograrlo, haría lo que es obvio, según nuestros estándares políticos, que datan desde nuestra separación con Colombia: lanzar un nuevo movimiento. Y esto no es más que lo que ocurre con los “partidos” creados en torno a una persona, a su imagen y semejanza, ajenos a todo lo que las ciencias políticas nos enseñan deben ser los colectivos políticos.

La división partidaria que sentimos no es aplicable solo al CD. También vemos a un panameñismo afectado por ese escaso 10 % que obtuvo en las elecciones pasadas y que, por la nefasta gestión de Varela, difícilmente se recuperará. También se aprecia en un PRD que, luego de diez años fuera del poder, escasamente pudo ganar con su 33 % de los votos de siempre, en una final muy cerrada con el candidato del CD. Las pugnas internas que se aprecian en ese colectivo hace pensar lo mal que les podría ir en los próximos comicios frente a la constante que ningún partido de Gobierno puede repetir y que, por lo que soplan los vientos, no será un quinquenio en el que la gente quede con las ganas de que repita el mismo partido que ganó la elección anterior. Y no porque Cortizo termine siendo bueno o malo, sino porque la cantidad de problemas acumulados hace difícil resolver muchos de ellos.

Lo que vemos, si bien podríamos considerarlo una profunda crisis en los partidos políticos, es mejor observarlo como una nueva oportunidad de la cual disponemos para que nazca una nueva fuerza política en el país, ajena a las cúpulas partidarias causantes de tanta mala fama y descrédito. Esa nueva fuerza deberá poder unir a todos los que estamos hastiados de tanta improvisación, más de lo mismo y buena dosis de porquería en todas sus formas. Algo así como lo que fue la Cruzada Civilista a finales de los 80.

Veamos el resultado de lo ocurrido en las elecciones legislativas del Perú, donde el partido de Keiko Fujimori, de ser la fuerza dominante del país por más de dos décadas, se convierte en un partido minoritario. ¿Podría pasarle lo mismo al PRD? Algunos piensan que ante lo que ocurre solo habrá un candidato presidencial con posibilidades en 2024: Ricardo Martinelli. O ¿no será muy temprano para poder determinar eso con tanta antelación? ¿Es difícil tener la bola de cristal en la mano para poder determinar lo que va a ocurrir en 2024, a mi juicio en este momento, totalmente imprevisible?

Hay mucha gente valiosa dentro y fuera de los partidos. Lo vimos en 2019: Guillermo Márquez Amado, un gran socialcristiano, estuvo como vicepresidente de un independiente. Un valioso profesional y empresario, como Jorge Arango, hizo lo propio en otra candidatura fuera de los partidos. Ambos con experiencia en política, pero sin los vicios que se suman a esa actividad tan digna, pero desprestigiada al máximo por muchos de los que la ejercen. Hay muchos panameños, hartos de tanta manipulación y de los intereses mezquinos que mueven a quienes dirigen los partidos tradicionales, que compartirían un programa de Gobierno con algunas bases comunes en torno a la reingeniería de la educación, la utilización más productiva del Canal, el convertir nuestra economía en más justa, que seamos un país más seguro y rico en oportunidades para todos y con una seguridad integral.

Dicen que soñar no cuesta nada, pero yo diría que cualquier propósito que valga la pena debe ser soñado. En su momento tomará forma y este que les acabo de comentar lo hará también. Debemos retomar lo que es la verdadera política: el arte/ciencia de hacer posible lo necesario… no lo que ha sido hasta ahora, la oportunidad de hacerse rico sin ningún mérito destacable, nada digno de imitar, siendo un gran señor entre sus iguales, maleantes con o sin corbata.

Abogado