Temas Especiales

20 de Sep de 2020

Avatar del Genaro López

Genaro López

Columnistas

¿Qué más esperar de la patronal?

El desempleo y la informalidad laboral en Panamá están aumentando. En el 2019 un 7. 1 % de la población económicamente activa está desempleada, 47 % está en informalidad laboral y más del 65 % de los nuevos empleos generados son informales.

El desempleo y la informalidad laboral en Panamá están aumentando. En el 2019 un 7.1 % de la población económicamente activa está desempleada, 47 % está en informalidad laboral y más del 65 % de los nuevos empleos generados son informales.

Sectores empresariales, desde mediados de la década pasada, han planteado ampliar el porcentaje de mano de obra extrajera que permita la Ley, lo que significa desplazamiento de fuerza de trabajo panameña. La incorporación de mano de obra extranjera responde al propósito de la globalización neoliberal de abaratar el costo de la fuerza de trabajo, sobre todo para las corporaciones transnacionales y el gran capital local vinculado a ellos.

Los profesionales panameños están entre los más afectados con esta ola de mano de obra extranjera. Las estadísticas nacionales indican que el 26.3 % de los profesionales está desempleado; que el tiempo medio que los profesionales panameños esperan por un empleo es de cinco meses. Estudios realizados revelan que las personas que más tiempo esperan por un trabajo son las que cuentan con posgrado, maestría o doctorado (15.1 meses), entre las cuales más del 20 % tenía más de un año sin trabajo. Los técnicos, no escapan a esta realidad, con un periodo medio de espera de 12.8 meses y 15.2 % de las personas con más de un año desempleadas.

Ello niega la tesis de la Cámara de Comercio, Apede y Conep, de falta de mano de obra calificada, que se utiliza para justificar la contratación de extranjeros.

En el 2018, Frenadeso publicó el documento Pronto en Panamá vivirán hasta panameños “nativos”, donde, entre otros, hacía referencia al estudio de la Universidad de Harvard sobre Panamá (de octubre de 2016 y revisado en enero de 2017), titulado “Cambiando Esclusas: Un diagnóstico de crecimiento de Panamá”, donde a los panameños nos llaman “nativos”. En el estudio de Harvard se plantea que: “Los trabajadores foráneos educados son sobre todo gerentes y profesionales, y dentro del segundo grupo se especializan en profesiones distintas a las de los nativos. Mientras que la mayoría de los trabajadores nativos con educación universitaria son profesionales (44,2 %), la mayoría de los trabajadores foráneos educados son gerentes (30,3 %) o profesionales (31,1 %)”; de la misma manera, establecen que “Los extranjeros altamente educados no solo están trabajando en industrias y ocupaciones diferentes a las que están ocupando a los panameños, sino también están ganando más cuando trabajan en las mismas industrias y ocupaciones…/… Es decir, que, en las mismas profesiones, los extranjeros reciben mejores salarios que los panameños (“nativos”). Algo que se contradice con la gran masa trabajadora, donde los trabajadores extranjeros son contratados en su mayoría de forma clandestina, sobreexplotados, sin permisos laborales, sin seguridad social, con salarios menores a los panameños y peores condiciones de trabajo, produciéndose un desplazamiento de la mano de obra local, mayor desempleo en especial de los jóvenes que ronda el 18 %”.

Desde hace años, y no es un secreto, se gesta un cabildeo entre patronal y Gobierno a fin de reformar las normas laborales para permitir el aumento en la contratación de obreros extranjeros. ¿Qué más esperar de la patronal? Aquella que solo buscó en la renegociación del estatus canalero sus negocios (“Carne y Cerveza”), que dijo que de soberanía no se come, pero hoy se beneficia del Canal y áreas revertidas; que exigió se reformará el Código de Trabajo, a fin de respaldar los tratados de 1977; que pidió la invasión norteamericana a Panamá en 1989; que avaló los TLC, aunque atentaran contra el agro y favorecieran las importaciones; que impulsa la privatización de la educación y la salud; que se favorece con el desmantelamiento de la seguridad social, retienen ilegalmente las cuotas de la Caja y exige medidas paramétricas; que niega el derecho al agua y la manda a buscar al río; que no les interesa el déficit habitacional, sino la especulación inmobiliaria; que planteó en el 2019 cero aumento al salario mínimo. Es esa clase que ostenta la burocracia empresarial más costosa de Centroamérica, nada emprendedora, pues prefiere “comprar barato, para revender caro”, y que por ende vende las empresas al capital extranjero.

Dirán que es lucha de clases, ellos la están haciendo; la clase obrera solo advierte que en las calles nos encontrarán, no es amenaza, sencillamente legítima defensa de nuestro derecho a la vida digna.

Secretario general de Conusi-Frenadeso.