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19 de Sep de 2020

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

¿Qué es posible, qué no, y cómo?

En sus primeros siete meses de gestión, la coherencia y el empeño por sacar a delante su programa de Gobierno y su plan de acción, han sido las principales características de la administración Cortizo, distinguiendo lo fundamental de lo accesorio.

En sus primeros siete meses de gestión, la coherencia y el empeño por sacar a delante su programa de Gobierno y su plan de acción, han sido las principales características de la administración Cortizo, distinguiendo lo fundamental de lo accesorio.

Fundamental y estratégico ha sido el tratamiento dispensado al sector judicial, donde la selección y propuesta de nuevos magistrados a la Corte fue aplaudido por una sociedad que en ese aspecto pasó del desencanto a la esperanza, una condición reforzada con la posterior selección del nuevo procurador general de la Nación.

Fundamental ha sido el ordenamiento de unas finanzas nacionales, a partir del saneamiento de deudas contraídas con proveedores del Estado, muchas de ellas hasta con diez años de atraso. Pasar de 10 mil millones de dólares en la deuda pública, desde 2009, a 30 mil millones en 2019, ha sido otro de los frentes que ha encarado, al término de poner en marcha una política económica de contención del gasto público y de reducción en el presupuesto de 2020 con respecto al de 2019.

En siete meses, el Gobierno de Cortizo pagó a los productores; puso al día el pago de los intereses preferenciales en el sector de la Construcción, pagó a los contratistas y en ese mismo esfuerzo pagó a educadores casi 15 millones de dólares que se les adeudaba hacia más de 15 años.

Sería largo enumerar otros aspectos cubiertos en este renglón, pero es responsable recorrer aspectos vitales de la sociedad, cuyo tratamiento debe sentar bases para corregir una serie de falencias que llevaron a la sociedad panameña a la incertidumbre y la desconfianza, y en el que los esfuerzos y la determinación de Cortizo han sido puntuales.

Muchos de estos aspectos como la educación, la seguridad pública y el Estado de derecho, la lucha contra la pobreza y la posibilidad de imponer una economía competitiva poseen enunciados específicos en un programa de Gobierno, que encara retos y obstáculos formidables y antes los cuales vale la pena definir ¿qué es posible, qué no, y cómo?

El programa de Cortizo establece iniciativas que en el mejor de los casos poseen el reconocimiento y la aspiración de una sociedad que en la última década miró con desesperanza la posibilidad de resolver aspectos sustanciales de su convivencia.

Pero no todo el tiempo la sociedad panameña es unánime en sus aspiraciones ni en su respaldo a la forma como los Gobiernos las llevan a adelante, ni siquiera en la materialización de sus sueños, lo que no la exime de una verdad: Cortizo podrá tener la mejor de las voluntades, los propósitos más definidos o la mayor de las disposiciones, pero hay tareas que solo puede encabezar, y cuya materialización depende de la forma como esa misma sociedad se sume al cumplimiento de esos objetivos.

Gobernar no es solo imponer una serie de condiciones, sino sumar a la mayor cantidad de fuerzas en su desarrollo, y eso no depende solo de Cortizo.

¿Es posible una exitosa batalla contra la corrupción? Solo si hay voluntad política, además de las del Gobierno, la de las fuerzas vivas de la sociedad, algunas de las cuales, en ocasiones parecen desconocer, los desafíos formidables que significa tal empresa. Cerrarle el paso, por ejemplo, a la corrupción de funcionarios, requiere de una empresa privada activa, vigilante y en capacidad de denunciar las prácticas del soborno, aunque para algunos parezca una utopía.

Es claro que allí se requiere de una activa renovación de valores, que pasa por fortalecer al Órgano Judicial, respaldar al Ministerio Público y, en muchos casos, levantar la moral y valorar el papel de los organismos de seguridad del Estado. En ese aspecto, la denuncia pública y protegida de los asociados, es vital.

La masacre de la Joyita y la reciente fuga del reo Ventura Ceballos han sido detonantes que le mostraron el feo rostro a una situación que muchos imaginaban, pero que pocos habían constatado. El desafío allí requiere compromisos de todos los sectores sociales, en lugar de críticas pueriles que dejan de lado la dimensión y los recursos con que cuenta, por ejemplo, el crimen organizado.

Hay que levantar el país, y la disposición mostrada por Cortizo se presenta como una ventana de posibilidades que se puede y se debe aprovechar en este periodo.

¿Es posible la lucha contra la pobreza? Por supuesto que sí, pero ¿cómo se suman a esa batalla la empresa privada, las iglesias, las universidades, personalidades progresistas de nuestra élite social y económica?

Desde un intenso programa para atraer inversiones extranjeras, hasta el estímulo de nuestra economía local, pasando por el estímulo a la pequeña y mediana empresa, todo está puesto sobre la mesa.

Con el “plan Colmena”, el Gobierno se ha puesto a la cabeza de una propuesta que debe ser de toda la sociedad. No es posible permanecer impávidos ante la extrema pobreza que padecen más de 750 mil panameños en 300 corregimientos del país. Esa extrema pobreza es un cáncer que, de no atacarse oportunamente, puede convertirse en un mal que cope a la sociedad.

Lo necesario es “sumar fuerzas” al cumplimiento de esas tareas, lo que no se puede es permanecer indiferentes al problema, y menos sabiendo que hay un Gobierno que en siete meses ha ido encarando de la mejor manera esos retos. Hay que reemplazar el desencanto por las posibilidades, la fatiga por la voluntad de trabajo, sumar a la juventud a las grandes tareas del quinquenio, llevarla a conocer el drama de la pobreza, del que muchos hablan, pero pocos conocen. ¡Hay que conocer “a qué sabe el hambre y la miseria”!

Junto a las críticas a un trabajo que se hace, deben aparecer las propuestas que lo fortalezcan, las alianzas urgentes, y la certeza de que podemos construir un mejor país. (JBV)

Periodista