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02 de Apr de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Cuida la vida en estos carnavales

Muchas personas en Panamá están preocupadas por el famoso coronavirus y se preguntan si debemos cancelar los carnavales por causa de esta epidemia que afecta principalmente a la China, no ha llegado a Panamá, y estamos preparados para detectarla en nuestras fronteras, puertos y aeropuertos.

Muchas personas en Panamá están preocupadas por el famoso coronavirus y se preguntan si debemos cancelar los carnavales por causa de esta epidemia que afecta principalmente a la China, no ha llegado a Panamá, y estamos preparados para detectarla en nuestras fronteras, puertos y aeropuertos. La sociedad en su conjunto parece haber olvidado en medio del alboroto por el nuevo microbio, que los riesgos en los carnavales son otros. Hablemos de los que considero más importantes en este período de asueto, para que los tengamos muy presentes y cuidemos nuestras vidas en estos carnavales.

Me refiero a los accidentes de tránsito, los homicidios y violencias, y las enfermedades de transmisión sexual, especialmente la enfermedad por el VIH. Entre las tres, causan más de 1400 muertes cada año, y están relacionados de forma directa con los hábitos de conducta cotidiana de las personas, los cuales se ven transformados en estas épocas de festejo desenfrenado y consumo exagerado de alcohol.

El principal riesgo en el corto plazo son las lesiones y muertes por choques de vehículos automotores, caídas, ahogamientos y quemaduras. En Panamá de acuerdo a las estadísticas que nos ofrece el INEC cada año fallecen en promedio más de 400 personas en accidentes de tránsito. La mayoría de los accidentes y las muertes fueron durante los fines de semana y días feriados (carnavales y Semana Santa). Siguen siendo las principales causas de estos fallecimientos: manejar bajo los efectos del alcohol, y el exceso de velocidad. A eso súmenle los comportamientos temerarios de conductores que, sin estar de fiesta, se caracterizan por ser agresivos, irresponsables y practicantes del nefasto “juegavivo”. Y como para rematar este panorama, está la limitada presencia (o ausencia) de las autoridades de policía. El resultado no puede ser otro: ¡anarquía en las calles, peligros y riesgo de muerte para conductores y peatones!

No menos importante que los accidentes de tránsito, son los homicidios, causantes de cerca de 500 muertes cada año en el territorio nacional. La mayoría hombres jóvenes. Aunque la cifra parece ir disminuyendo, las noticias sobre homicidios son frecuentes y sigue siendo un grave problema de salud pública, también directamente relacionado con el consumo de alcohol, drogas y la sensación de impunidad que, en un período de fiesta y relajación colectiva, puede ser mayor.

Por su parte la enfermedad por el VIH causa cada año un promedio de 500 defunciones y la tendencia es al aumento. Es claro que este flagelo está relacionado con conductas sexuales de alto riesgo (promiscuidad, sexo sin condón, etc.), las cuales se relajan aún más, en medio del jolgorio que se desborda a granel durante las fiestas de carnaval, sumado a la pérdida de control que propicia el consumo excesivo de alcohol; el cual lleva a comportamientos sexuales riesgosos, como tener relaciones sexuales sin protección o con múltiples parejas, pues, de nuevo, hombres y mujeres bajo los efectos del alcohol se sienten capaces de cualquier conquista y no miden las consecuencias.

Pero el consumo desenfrenado de alcohol también provoca enfermedades crónicas y otros serios problemas como hipertensión arterial, enfermedad cardíaca, accidentes cerebrovasculares, enfermedad del hígado y problemas digestivos; cáncer de mama, boca, garganta, esófago, hígado y colon; problemas de salud mental, como depresión y ansiedad. Como señalé antes en un artículo previo, en Panamá, de acuerdo a la información oficial, cada año más de 11 000 ciudadanos pierden la vida prematuramente por “enfermedades crónicas no transmisibles”, relacionadas en forma directa o indirecta con estilos de vida asociados a factores de riesgo para la salud, y la vida, entre ellos el consumo nocivo de alcohol. Y no menos importantes son los problemas sociales, como pérdida de productividad, problemas familiares y desempleo; y la dependencia al alcohol o alcoholismo que lleva, si no es tratada, a todos los males antes señalados.

Podría seguir esta bitácora refiriéndome al dengue, a las insolaciones, a las diarreas por el consumo de cualquier cosa en las ventas callejeras, a los embarazos en adolescentes, al desperdicio criminal de agua potable, al despilfarro irresponsable de dinero necesario para otros menesteres como la educación de nuestros hijos, etc.; lo dejo para complementar la reflexión, pues no me da el espacio de esta columna.

Y eso es todo panameños. Disfrutemos contentos de estos carnavales, bailemos mucho, comamos y bebamos con moderación, y tomemos conciencia de los factores de riesgo que influyen en la posibilidad de sufrir un accidente, de vernos envueltos en un episodio de violencia, o de adquirir una enfermedad de transmisión sexual, por mantener una conducta temeraria y no protegernos. Y cuando enterremos la sardina, regresemos al trabajo con el mismo entusiasmo, comprometidos con el bienestar y desarrollo nacional.

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