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22 de Sep de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Panamá en lista negra o seguir dando cantorina a los pájaros

Volviendo a degustar la lectura del “Otoño del patriarca”, me encontré con un pasaje que me pareció muy de a puño

Volviendo a degustar la lectura del “Otoño del patriarca”, me encontré con un pasaje que me pareció muy de a puño, en tanto revelador de una imagen que la veo en los apologistas del sistema financiero instalado en nuestro país, comenzando por la históricamente antinacional Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap) y siguiendo con algunos gremios profesionales (mayoritariamente abogadiles), cuyos dirigentes parecen nutrirse de las actividades vinculadas a dicho santuario de capitales, expoliados localmente y en la América Latina y el Caribe, pero que corren a resguardarse allí evadiendo normas fiscales de sus propios Estados de origen: los países desarrollados, incluidos EUA y la Unión Europea.

El fragmento de la obra en mención, apunta lo siguiente: “Cuando pensaba que a los pájaros de sus jaulas se les estaba gastando la voz de tanto cantar y les daba de comer de su propia miel de abejas para que cantaran más alto, les echaba gotas de cantorina en el pico (…) pues no se daba cuenta de que no eran los pájaros que estuvieran perdiendo la fuerza de la voz, sino que era él que oía cada vez menos…” (Gabriel García Márquez, “El otoño del patriarca”).

Este personaje de la novela de Gabo, actúa sobre lo que no causa el problema, porque se resiste a pensar que su contrariedad se origina en él. Nuestros personajes novelescos similares al patriarca de García Márquez, son los mismos que han salido a despotricar contra la Unión Europea por haber incluido al sistema bancario panameño (amparado en el país) en las listas “grises” y “negras”.

Ciertamente, no hay por qué correr a satisfacer los apetitos fiscales de estos Estados, pero tampoco pretendan engañarnos afirmando que Panamá tiene una estructura financiera y jurídica política que no avala ni auspicia el blanqueo de capitales. En realidad, ese ha sido uno de los principales papeles del centro financiero internacional desde su origen en 1970, instalado en nuestro país, aunque en su momento, valga clarificar, sostén de la misma lucha anticolonial por la recuperación de la zona canalera.

En efecto, Xavier Gorostiaga —quien ofreció los argumentos económicos con los que contó el equipo panameño negociador de los Tratados Torrijos—Carter— halló en sus estudios de la época que el centro financiero, lejos de lo que esperaba el general Torrijos y de lo que le prometió David Rockefeller cuando le vendió esta idea, ha sido determinante de distorsiones y frenos para el desarrollo nacional, además de generar la elevación de la vulnerabilidad de nuestra economía, vista hoy en las amenazas del FMI o de la Unión Europea.

Gorostiaga concluyó entre otros hechos, que: “a) El Centro financiero fue una de las principales causas del crecimiento dependiente y dualista de Panamá (1970-1975), y es una de las principales causas de la recesión económica reciente (1975-1977) por su política de abstención y freno” (Gorostiaga, “Los banqueros del imperio”, 1978). También, comprobó que “Ha aumentado la dependencia político-económica de Panamá respecto de EE. UU., disminuyendo el poder de negociación de Panamá (…)” (Gorostiaga, op. cit.).

Los centros financieros internacionales, como el de Panamá, son reconocidas “Guaridas fiscales”, donde se ha estudiado que en promedio, las dos terceras partes de los depósitos de capitales, provienen de las grandes transnacionales (los dueños del mundo) que esconden sus ganancias a sus Estados originarios. ¿Acaso no se consideran estos hechos para comprender que, en vez de salir de apologistas de los banqueros del imperio, se debería aprovechar para ponerle algo de orden a este centro?

Para el FMI, en su reciente visita a Panamá, “será clave actualizar el marco legal y garantizar su efectividad para fortalecer la posición de Panamá como centro financiero regional”. Es decir, según ellos, el Estado panameño no está previniendo ni castigando el blanqueo de capitales, por cierto, de ciertos capitales, no de los que pertenecen a los dueños del mundo. Esta entidad financiera, está liderizada por EUA e Inglaterra, además de Japón y la Unión Europea; sin embargo, nuestras autoridades, hablan de buscar apoyo en estos países para que nos saquen de la lista negra. ¿No es esta clase de planteamientos seguir dándole cantarina a los pájaros? Me parece que sí. Lo que viene a ser un irrespeto a la inteligencia de las clases que no detentamos el poder económico ni político de mi querido Panamá.

Sociólogo y docente de la UP.