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27 de Sep de 2020

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Los taxistas y los abogados

Muchos se preguntarán qué similitud hay entre los taxistas y los abogados. La respuesta es sencilla: existen demasiados. .

Muchos se preguntarán qué similitud hay entre los taxistas y los abogados. La respuesta es sencilla: existen demasiados.

En un artículo anterior que publiqué hace algunas semanas, dije que en Panamá existen más de 50 000 taxis y en Nueva York, que es alrededor de 15 veces mayor en población que nuestra capital, hay alrededor de 144 000 taxis, una gran desproporción entre ambas ciudades.

Los taxistas panameños le echan la culpa de sus problemas económicos a la empresa Uber, mañana lo harán con el metro y el metrobús, si no corrigen los abusos que hoy cometen.

Si se preocuparan por los usuarios y tomaran las medidas correctivas, no hay ninguna necesidad del público de buscar otro medio de transporte. La gente está muy cansada del “no voy”; el transporte selectivo, que dejó de serlo, hoy día los taxis parecen “chivas”, llenando hasta el tope sus autos de pasajeros; cobran la tarifa que a bien tienen y se visten, la gran mayoría de ellos, de forma inadecuada. Si dieran un buen servicio, los usuarios los respaldarían, respetarían y jamás utilizarían Uber ni ningún otro medio de transporte. ¿Para qué?

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En Panamá hay más de 15 000 graduados de abogados que ejercen su profesión y muy pronto superarán los 20 000. Cada año nuestras universidades gradúan a cientos de estos profesionales del Derecho.

Existen, por supuesto, muchos “bufetes” de abogados de gran prestigio con su clientela; también los hay que no buscan clientes, sino que estos los buscan a ellos. Lamentablemente, este panorama obedece al exceso que tiene Panamá de abogados. En su desesperación algunos andan a la caza de clientes, no importa, para ellos, el delito cometido, o la ética que está en pugna el caso. Están, como han algunos dicho varias veces, “cruzando el Niágara en bicicleta”.

La abogacía es una profesión muy digna y merece todo el respeto y respaldo colectivo. Hay que tratar de que no sean ellos mismos sus propios enemigos.

Hace muchos años, varios países, creo, que fueron Singapur y Taiwán, que tenía el mismo problema que hoy tiene Panamá, tomaron una decisión sencilla, pero práctica: reunieron a los rectores de las distintas universidades y les propusieron que le ofrecieran a los estudiantes muchas facilidades para que realizaran sus estudios en otras disciplinas que el país necesitaba. Eso puso fin al problema. No impusieron la medida, sino explicaron bien el problema y que era lo mejor para el país. Estaban faltos de otras disciplinas.

Esta una fórmula que podría adoptar Panamá, beneficiaría, más que nada, a los propios abogados, que mucho estudian y pocos beneficios logran. Hay que evitar que compitan tanto entre ellos y que no siga creciendo el número de ellos para beneficio también del país, que necesita profesionales de otras disciplinas.

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