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27 de Sep de 2020

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

China, nuevo referente de responsabilidad internacional

Desde que comenzó el brote del COVID-19, de forma responsable y autoexigente, el Gobierno chino ha adoptado las medidas de control más estrictas y exhaustivas, como la declaración de cuarentena completa de la ciudad de Wuhan, cuya población es de 11 millones de habitantes.

Desde que comenzó el brote del COVID-19, de forma responsable y autoexigente, el Gobierno chino ha adoptado las medidas de control más estrictas y exhaustivas, como la declaración de cuarentena completa de la ciudad de Wuhan, cuya población es de 11 millones de habitantes.

Las medidas incluyen la suspensión del transporte público, la postergación de la fecha de reinicio de labores por las vacaciones del año nuevo chino y del calendario escolar, y el control del acceso terrestre entre las comunidades. Muchas de las medidas adoptadas por el Gobierno trascienden lo requerido por el Reglamento Sanitario Internacional.

El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), elogió estas medidas, porque establecen “un nuevo punto de referencia para responder a esta amenaza a la salud pública”.

En la actualidad, a pesar de que el COVID-19 es considerado contagioso, las tasas de gravedad y mortalidad son bajas en comparación con el Ébola, el virus H1N1 (gripe porcina), el síndrome respiratorio agudo y grave (SARS) y el Síndrome Respiratorio del Oriente Medio (MERS).

Fuera de China, se han registrado pocos casos —menos del 1 %—, lo que pone de manifiesto los efectos positivos de sus medidas de control y prevención.

El director general de la OMS advirtió que la Declaración del COVID-19 como Emergencia de Salud Pública Internacional no se debía a un voto de censura contra China, sino a un llamado de alerta para los países con estructuras de salud frágiles. Por el contrario, la OMS confía plenamente en la capacidad de China para controlar el COVID-19.

La mayoría de los países ha expresado su reconocimiento y apoyo a las medidas adoptadas por China para combatir esta epidemia y ha tomado medidas de prevención.

La OMS ha indicado claramente que no es aconsejable imponer restricciones a los viajes y al comercio con China.

Sin embargo, algunos países que cuentan con amplios recursos para protección y control de la salud pública han reaccionado de manera exagerada frente a esta situación, con poca sensibilidad humana, y han cancelado vuelos y restringido la entrada de ciudadanos chinos e incluso de extranjeros que han estado en China. Esta situación alarmista ha sembrado el pánico, no solo bajo sospecha de que viola los derechos ciudadanos, sino, también, porque causa efectos negativos en la economía mundial y está en clara contradicción con las recomendaciones de la OMS, que no considera justificadas tan severas restricciones.

Por vías de ejemplo, cuando el virus H1N1 apareció en EE. UU. en 2009, afectó a 60 millones de personas y mató a un mínimo de 18 449 en solo un año. El H1N1 era, con 300 000 muertes, mucho peor que el COVID-19 (Mario Cavolo, Del H1N1 de EU al Coronavirus de Wuhan, La Estrella de Panamá, 18 de febrero de 2020).

Pero no hubo ningún ataque xenofóbico contra EE. UU., al que le tomó más de seis meses declarar una emergencia nacional. ¿Qué países pidieron que sus ciudadanos abandonaran EE. UU. a causa del H1N1? ¿Qué Gobiernos cerraron las fronteras a viajantes norteamericanos?

Las cifras del H1N1 fueron distorsionadas drásticamente, pero nadie criticó a EE. UU. Los investigadores estiman que el H1N1 ocasionó 201 200 muertes respiratorias y otras 83 300 muertes por enfermedad cardiovascular asociada: ¡total 284 000 muertos!

China identificó el genoma del COVID-19 en un tiempo récord y lo compartió con la OMS. Los ataques racistas y xenofóbicos deben terminar.

En esta era de la globalización, las crisis públicas exigen que las naciones se unan para hacerles frente en tiempos difíciles, no para empobrecer a sus vecinos y mucho menos para tomar ventajas de ellos.

Hoy, vemos que el pueblo chino se sacrifica sobremanera para evitar la propagación de este brote más allá de su frontera, aportando grandemente a la salud pública mundial.

A partir del 10 de febrero, los chinos reiniciaron sus jornadas de labores tras unas largas vacaciones del Año Nuevo Lunar. El número de nuevos casos de personas infectadas ha disminuido, mientras que vemos un aumento de personas curadas.

Día a día, China está demostrando su capacidad de ganar la guerra contra esta epidemia antes de lo que se esperaba. En este mundo, integrado y civilizado, debemos anteponer los valores humanitarios ante tragedias de orden sanitario internacional como el COVID-19.

En estos días, nos han informado que en EE. UU. hay dos oleadas de influenza desde octubre de 2019 hasta febrero de 2020, con 14 000 fallecidos, y que los medios ocultan. ¿Cuándo cesarán las campanas contra China?

Analista Internacional y ex asesor de política exterior. opinion@laestrella.com.pa