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25 de Sep de 2020

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Leopoldo E. Santamaría

Columnistas

Desigualdad... Una opinión

A raíz de las protestas vinculadas al proyecto de reformas a la Constitución militarista de 1972, los medios de comunicación social divulgaron información y opiniones de todo tipo, la mayoría, con propuestas dirigidas a establecer controles, en los distintos órganos del Estado, que permitieran mejorar el estado de cosas; desafortunadamente, tanto el procedimiento, inconsulto y excluyente, como la falta absoluta de credibilidad de ambas partes, presagiaban un rotundo rechazo.

A raíz de las protestas vinculadas al proyecto de reformas a la Constitución militarista de 1972, los medios de comunicación social divulgaron información y opiniones de todo tipo, la mayoría, con propuestas dirigidas a establecer controles, en los distintos órganos del Estado, que permitieran mejorar el estado de cosas; desafortunadamente, tanto el procedimiento, inconsulto y excluyente, como la falta absoluta de credibilidad de ambas partes, presagiaban un rotundo rechazo. Situación que los hizo recurrir al PNUD; como si para debatir nuestros problemas y consensuar alternativas de solución, necesitáramos expertos foráneos, que nos lleven de la mano, cual parvularios.

Cualquier ciudadano, por ajeno a la política o despistado que sea, fácilmente reconoce que la cosa pública permanece en tránsito, de lo malo hacia lo peor, que los cambios de Gobierno solo significan reemplazo del instrumento encargado de hacer el trabajo; como si los principales protagonistas se pusieran de acuerdo para mantener la maquinaria estatal funcionando en “armónica colaboración”, para servirse del poder, no para servirle al pueblo que afirman representar. Y en ello participan los funcionarios, incluyendo a los encargados del sistema de administración de justicia, con la participación de empresarios corruptos, banca incluida, la mayoría de los medios de comunicación, cuya efectividad en la labor de manipulación, explica el que buena parte de la población condene la inoperancia de las instituciones y acepte como buena su privatización. Súmese la criminalización de las protestas y el equipamiento a la fuerza pública, para saber que la represión sería con el rigor y la violencia requerida para mantener el statu quo.

Fernando Solanas, cineasta argentino, acuñó el vocablo mafiocracia... para definir... un número plural de personas comprometidas con organizaciones criminales, que se vinculan con los más elevados niveles de conducción de la economía y la política o que directamente forman parte de ellas... funcionarios y/o autoridades gubernamentales corruptos, que son utilizados como instrumentos de las organizaciones criminales o que directamente colaboran con las mismas, ..., que utilizan no solo el soborno, la coima, sino también las amenazas, el chantaje, el intercambio de favores ..., que “saben aprovechar las oportunidades”... a ello se agrega el control de los más importantes medios de comunicación ... e interesada ineficacia en todo el sistema judicial. Cualquier parecido con nuestro escenario NO es casualidad; el material revelado en el “celular extraviado”, no deja dudas. Sin embargo, el fenómeno se repite en el contexto regional, donde las IFIs han impuesto la “doctrina” neoliberal... que ha hundido a los pueblos en la miseria, el hambre y la incertidumbre, mientras saquean, a placer, nuestros recursos. Todo lo cual profundiza la desigualdad. Hecho comprobado, según Informe de la ONU sobre Desarrollo Humano del 2000, la diferencia de riqueza entre los países más pobres y los más ricos, que en 1820 era de 1 a 3 y en 1913 de 1 a 11, pasó a ser de 1 a 35 en 1950 y de 1 a 72 en 1992; y en el que, el patrimonio de las tres personas más ricas del mundo es superior al producto nacional bruto de todos los países menos desarrollados y de sus 600 millones de habitantes.

El nivel de podredumbre alcanzado trajo como consecuencia la pérdida absoluta de confianza; el golpe asestado a la justicia fue devastador, por lo que es urgente e impostergable una salida pacífica, no mediatizada ni adulterada, por intereses sectarios, que la desvirtuarían.

La vía racional es la Constituyente, surgida de la voluntad mayoritaria del pueblo, cuyo mérito principal reside en su capacidad de conferirle legitimidad al ejercicio del poder público, propiciando, con ello, la reconstrucción de la institucionalidad, que salvo opinión mejor fundada, debería iniciar, precisamente, con el saneamiento de la administración de justicia, indispensable para ponerle un alto a la impunidad y a los excesos de la mafiocracia, que ha generado tanta desigualdad.

Según el Dr. Branko Milanovic, economista experto en desigualdad, refiriéndose a la crisis chilena, concluyó: “yo sabía que era un país con alta desigualdad, pero no había mirado detenidamente el nivel”. “El 5 % de menor ingreso... ¿en qué otro país el 5 % más pobre tiene el mismo ingreso? Hay varios, cuatro o cinco, pero uno de ellos es Mongolia”. Pero... “quienes están en el 2 % de mayor ingreso en Chile.., tienen un ingreso igual de alto que el 2 % de mayor ingreso de Alemania”.

Panamá está entre los países con peor distribución del ingreso, la desigualdad es incuestionable; consecuencia de una política económica concentrante de la riqueza y excluyente de la población, con 7 % de desempleo y más de seiscientas mil personas en el sector de la economía informal; con alrededor de 400 000 panameños que padecen hambre. Simone de Beauvoir dijo: “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Los más formidables aliados del opresor, son nuestra profunda ignorancia, garantizada por una educación desmantelada y la extremada vulnerabilidad frente a la manipulación mediática. La mayoría no nos tragamos tantos cuentos, como el reciente, de los gastos para movilización en los municipios. No crean que el paquete de “reformas reformadas”, ahora lubricadas o edulcoradas por el “facilitador”, serán aprobadas, ni agrupándolas en bloques, metiendo un caramelo en cada bolsa de alacranes. Los estrategas del saqueo, la manipulación y el engaño, deberían saber que el hartazgo y la desconfianza han alcanzado tal nivel, que burlar la voluntad popular, lejos de resolver, podría ser harto contraproducente...

¿Usted qué opina?

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