Temas Especiales

14 de Jul de 2020

Víctor Paz

Columnistas

Antes de que el virus nos pase la factura

¿Será que los panameños somos excepcionalmente tercos? ¿Por qué viajar al interior en medio de esta alerta sanitaria? Primero que todo, si usted presta atención a los testimonios provenientes de lugares muy afectados en Europa, notará el mismo patrón al inicio del contagio masivo.

¿Será que los panameños somos excepcionalmente tercos? ¿Por qué viajar al interior en medio de esta alerta sanitaria? Primero que todo, si usted presta atención a los testimonios provenientes de lugares muy afectados en Europa, notará el mismo patrón al inicio del contagio masivo. Es decir, estamos frente a un fenómeno humano más que “panameño”. Es imprescindible enfocarlo así, porque hablamos de una pandemia y no de una epidemia.

Ahora bien, quizás lo hagan porque son personas tan positivas que minimizan la malignidad del virus. O porque aún no aceptan el problema y prefieren desvincularse negándolo. O porque son tan negativos que viajan al interior pensando que será “la última vez” que verán a sus parientes. En definitiva, cualquiera que sea el mecanismo mental empleado, están equivocados. Al hacerlo arriesgan a todo el país.

¿Acaso esto justifica lo de las barricadas nocturnas, impidiendo el flujo vehicular de la capital al interior? Claro que no. Es natural y muy humano defenderse. Tampoco es que se trate de un barbarismo panameño. Solo son personas procurando su bienestar, el de sus familias y comunidades. Podría decirse que no hay nada de malo en ello; sin embargo, he de preguntarme si las barricadas eran solo de la capital al interior, y no del interior a la capital también. Porque, llegado el momento, Dios no lo permita, que los capitalinos quieran controlar la afluencia de interioranos a los hospitales de la urbe (que poseen mejor tecnología médica, respiradores artificiales, desfibriladores, bombas de infusión, monitores, etc.), también habrían de levantar barricadas tratando de controlar el acceso masivo a dichos recursos.

A mi parecer, estas son dos caras de la misma moneda que el destino lanzó al aire sobre nuestro país, antes de que nos diéramos cuenta siquiera. Pero Panamá aceptó carnavalear, aun conociendo el riesgo. ¿Por qué las autoridades permitieron el carnaval, haciéndonos creer que estaban preparadas? Aún así, llegado el momento reaccionaron lentos y enredados con la detección del primer caso. Y aunque se les reconoce y agradece mucho el gran esfuerzo que están haciendo, todavía siguen un poco retrasados.

¿Dónde están los centros de control sanitario móviles, del interior a la capital, de la capital al interior, y de un lado a otro en la capital o el interior? Apenas hasta hace un par de días atrás procedieron a bloquear los vuelos provenientes de lugares con alto contagio. Y todavía no controlan bien a las aglomeraciones durante la compra de lotería, etc. Tampoco cierran los centros comerciales, porque “La vida en Panamá no puede verse interrumpida”, parafraseando a una autoridad de salud...

Los ciudadanos ya no podemos dormirnos con esto. Y nuestras autoridades no deben permitirse actuar con temor al poder económico o al poder mediático. Por favor, entendamos todos que a la velocidad que se transmite este virus, la lentitud es la peor consejera.

Ingeniero en sistemas.