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10 de Jul de 2020

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Leopoldo E. Santamaría

Columnistas

Diagnóstico o conducta errática… Una opinión

Las enfermedades emergentes, como el sida, la gripe aviar, la porcina, etc. , y las reemergentes, como la tuberculosis y la enfermedad por el virus del Ébola, están directamente relacionadas con los cambios ecológicos y económicos que incrementan el contacto del hombre con roedores y pulgas.

Las enfermedades emergentes, como el sida, la gripe aviar, la porcina, etc., y las reemergentes, como la tuberculosis y la enfermedad por el virus del Ébola, están directamente relacionadas con los cambios ecológicos y económicos que incrementan el contacto del hombre con roedores y pulgas. Característico de los seres vivos es la adaptación, fenómeno más fácilmente apreciable en las bacterias, que incluso desarrollan la capacidad de neutralizar los químicos empleados para combatirlas; hecho comprobado con la automedicación y con el abuso de antibióticos, que favorecen la aparición de resistencia antimicrobiana, por ejemplo, con la tuberculosis y la fascitis necrotizante, causada por la bacteria “come-carne”. Los servicios de salud pública son de máxima importancia, sobre todo en medio de crisis, como ocurre actualmente, que han colapsado. En nuestro país, se corroboró su importancia durante la construcción del Canal interoceánico; cuando la fiebre amarilla y la malaria le impidieron a la compañía francesa terminar la obra y posteriormente, cuando el saneamiento ambiental y la prevención, la facilitaron.

Rob Wallace, autor de la obra: “Grandes granjas producen grandes gripes”, sostiene que: “el aumento de la incidencia de los virus está estrechamente vinculado a la producción de alimentos y a la rentabilidad de las empresas multinacionales”. La deforestación y conversión de grandes extensiones de terreno en actividades agrícolas y pecuarias, ha terminado acercando a grupos de agentes patógenos que antes permanecían circunscritos en sus respectivas áreas. Afirma el autor que: “la producción altamente capitalizada de alimentos depende de prácticas que ponen en peligro a toda la humanidad, en este caso ayudando a desencadenar una nueva pandemia mortal”. Joan Benach, experto en Salud Pública y miembro fundador de Científicos por el Medio Ambiente (CiMA), afirma: “El impacto de la epidemia del coronavirus puede parecer paradójico; sus evidentes efectos negativos en la salud, la sociedad y la economía, a corto plazo, son beneficiosos para la crisis climática y ecológica… Y agrega: “Esa aparente paradoja queda despejada cuando se comprende que la lógica de crecimiento exponencial y muchos de los desarrollos característicos del capitalismo son altamente perjudiciales para la homeostasis del planeta y el desarrollo social y, por tanto, para la salud colectiva.

Aunque el problema no es estrictamente médico, en Medicina, el diagnóstico o identificación de las causas de la enfermedad, es la pieza fundamental, toda vez que facilita la terapéutica y, cuando el mal es contagioso, las medidas de prevención, para proteger al resto de la población. Sin embargo, ahora, cuando priva la histeria colectiva, esta y la manipulación mediática, dificultan, en mayor medida, el reconocimiento de las verdaderas causas de la crisis. Considero que el progresivo deterioro de la salud de la economía, basada en la producción y consumo ilimitados, de recursos finitos, precedió a la crisis sanitaria, incluso pudo servir para enmascararla. La magnitud del daño, extensión y repercusiones sociales, a nivel planetario, imponen la obligatoriedad de un diagnóstico integral, porque la presente crisis, aunque sobredimensionada, por virtud del paro total, y máxime sin medidas de atenuantes, de seguro traducirá, sino la mayor, una de las más grandes recesiones de los últimos tiempos.

La mayoría de los medios de comunicación, controlados por las grandes corporaciones, continúa afirmando que el contagio se inició a raíz de consumir productos exóticos del mar o animales; tesis que fue rechazada por la Organización Mundial de Salud; pero se abstienen de informar que algunos expertos y estudiosos del tema sostienen que el virus fue producto de manipulación por medio de técnicas de ingeniería genética. Francis Boyle, de la Universidad de Illinois, ha dicho que el virus en cuestión es un arma ofensiva de guerra biológica, y que la OMS sabe perfectamente qué es lo que ocurrió; información que los principales medios de comunicación han ignorado. Además, según el mismo experto: “la potencia mundial que invierte la más alta suma de su presupuesto anual para financiar programas científicos que investigan sobre agentes patógenos que puedan ser usados como armas biológicas es Estados Unidos. Difícil aceptar que la codicia impulse a semejantes extremos; aunque, como afirmara un bioeticista: “la integridad sin conocimiento es débil e inútil y el conocimiento sin integridad es peligroso y temible”.

El hegemonismo, basado en la irracionalidad de la fuerza y en el dogma de fe del libre mercado, es incompatible con la supervivencia de nuestra especie. La imposición de privilegios, por y para unos pocos, se excluye con los intereses y necesidades de la mayoría, en la medida que aquellos generan las desigualdades sociales, que priman en los pueblos sometidos al modelo que nos despoja de nuestros recursos. Las presiones y sanciones que las grandes corporaciones, a través de sus instrumentos, las Ifi's, aplican a los países víctimas de sus excesos, ya no funcionan, aunque insisten, porque les ha servido para mantener el despojo que hoy día permite comprender por qué nuestros sistemas sanitarios, tras cuatro décadas de neoliberalismo, hayan colapsado. La educación es determinante para garantizar que la protección de la salud y la alimentación no sean privilegio de pocos, sino derechos de todos; solo a su través será factible sustituir el egoísmo y el imperio de la fuerza, por la solidaridad y el dominio de la razón… ¿Usted qué opina?

Médico