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04 de Jul de 2020

Jonathan J. Chávez J.opinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Reflexiones en tiempo de pandemia

En los albores del siglo XXI, comienzan en concreto las grandes trasformaciones que definirán el futuro de la humanidad.

En los albores del siglo XXI, comienzan en concreto las grandes trasformaciones que definirán el futuro de la humanidad. Las redes sociales jugarán su papel definiendo situaciones a favor o en contra de cualquier hecho histórico, pues en tiempos de crisis se agudizan las grandes contradicciones sociales. Contradicciones que, en el “siglo digital” se elevarán a los entornos virtuales y desde ciertos factores como la inteligencia artificial, nanotecnología, biopolítica y la ecología, harán que percibamos la realidad desde una óptica jamás vivida.

A partir de este escenario, se vislumbra una humanidad que no volverá a ser la misma, el reciente acontecimiento de la pandemia COVID19 sentenció de muerte el largo siglo XX de Braudel y Aguirre Rojas. En palabras del célebre sociólogo francés Alain Touraine: “hemos quedado en un vacío, en una guerra sin soldados, sin naciones que se declaran tal guerra, sin armamento efectivo” ¿cuál guerra entonces? Parece más un discurso retórico que una realidad, habría que buscar otro concepto más apropiado para describir esta lucha por la sobrevivencia.

En este contexto, tienen gran vigencia las reflexiones sobre biopolítica y biopoder de Michel Foucault, o los atinados estudios del camerunés Achille Mbembe sobre necropolítica; o el debate intelectual entre los pensadores SlavojZizek y Byung-Chul Han sobre las repercusiones de la pandemia, se habla de un mundo post pandémico; y no menos importante, el dilema que representa salvar la economía mundial por encima de la humanidad. Este debate nos da ciertas luces para entender lo que acontece.

De los planteamientos arriba enunciados surgen muchas interrogantes. En particular sobre el futuro de la humanidad. No se trata solo de salvar la economía,sino cuestionarnos sobre el rumbo mismo del planeta, teniendo en cuenta que el puede vivir sin nosotros, pero nosotros no sin él. Ya ninguna discusión se puede hacer bajo el frio cálculo de cuatro paredes o en la intimidad de un café caliente, en la era de la información todo llega y todo se va, la gente sabe o interpreta a partir de lo que se filtra. En el siglo XXI todo será público por las condiciones materiales inmediatas, la intimidad pasa a ser un lujo que pocos pueden tener, diría Fernando Savater.

Hablando de lo público, de poder, de dominantes y de dominados, de alternos y lo nuevo, entonces podemos interpretar que la lucha de clases no podrá ser vista tradicionalmente, es necesario los matices, porque el mundo ya no es el mismo después del COVID19. Los movimientos alternos que se desarrollen, sobre todo en el denominado tercer mundo, lo harán desde sus propios patrones y bases teóricas, articulados desde su realidad concreta. Por lo que se deslumbra, a la intelectualidad se le exigirá más práctica, la universidad dará paso a la pluriversidad, sino será superada, porque la cotidianidad (sobrevivir) será la bandera de lucha.

Los gobiernos buscaran como acomodarse a la situación, como recientemente lo hizo el gobierno panameño: declarar un estado de emergencia nacional y el ejecutivo asume las decisiones, suprimiendo el legislativo en la práctica y controlando los estamentos de seguridad. Abdiel Rodríguez Reyes nos advirtió sobre esto, cuando se planteó la pregunta por el estado de excepción. Las medidas tomadas a partir de allí y consensuadas con las elites que ostentan el poder dejan a su suerte a las clases marginadas, sometiéndoles al azar y generando brechas entre las clases sociales y un alto grado de incertidumbre en todos los aspectos de la vida (social, económico, político) para colmo el enemigo invisible aún no tiene cura.

Para nada queda grande el asunto del “nuevo orden mundial” al no tener certezas, posterior a esta pandemia todo se replanteará en todas las direcciones. Esperemos que surjan también las articulaciones alternas e innovadoras, aquellas formas de organización que no se pueden explicar bajo los parámetros teóricos anteriores. porque hay que dar respuestas a los sin voz, sin voto, no cuantificables, los sin vida de este planeta. Estoy seguro de que sólo el retorno a la solidaridad en la colectividad es la solución estratégica a largo plazo, junto a la fusión de la ciencia y los saberes populares será lo fundamental para sobrevivir.

El autor es profesor de Historia en la Universidad de Panamá