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05 de Mar de 2021

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

Teletrabajo y otros cambios poscoronavirus

La sociedad seguramente hará algunos cambios de largo plazo después de que pase la tormenta que ahora vivimos. No podemos preverlos todos, y, además, como diría Yogi Berra, eso de hacer predicciones es complicado, especialmente sobre el futuro.

La sociedad seguramente hará algunos cambios de largo plazo después de que pase la tormenta que ahora vivimos. No podemos preverlos todos, y, además, como diría Yogi Berra, eso de hacer predicciones es complicado, especialmente sobre el futuro. Pero algo podemos especular, siempre conscientes de que es eso, especulación, y no una predicción.

Teletrabajo. Las empresas que se han visto obligadas a mantenerse operando con su personal en modalidad de teletrabajo seguramente estimarán con base en esta experiencia, qué tipo de funciones pueden ser eficientemente llevadas a cabo por una persona conectada desde su casa. Es evidente que no toda posición puede ser desempeñada en modalidad de teletrabajo, pero tampoco sería realista asumir que en pleno Siglo XXI no haya un importante porcentaje de posiciones cuyas funciones puedan ser desempeñadas de forma predominante desde casa. Tengo la impresión de que la cultura empresarial de tener al personal sentado en cubículos concentrados en un edificio corporativo responde más a que así se ha hecho siempre que a una genuina necesidad operativa. La inercia hace difícil los cambios, pero muchas veces es la fuerza de las circunstancias lo que lleva a establecer los cambios.

No olvidemos que mantener un centro corporativo para dar espacio a cientos de colaboradores, implica enormes costos económicos para la empresa. El costo de alquiler (o el costo financiero implicado en adquirir, si se trata de un edificio propio), el costo de electricidad (aire acondicionado, iluminación, etc.). Piense que no es únicamente el espacio ocupado por el cubículo del colaborador, sino toda la superficie adicional requerida, como pasillos, espacio de cafetería, espacio para estacionamientos, y otros. Seguramente si alguien hace el cálculo, arrojaría que el número de metros cuadrados ocupados realmente por cada trabajador es considerable. Si esa superficie está en una zona “premium” de la ciudad (e. g. área bancaria), puede usted hacer unos números a vuelta de servilleta y verá que no es poca cosa.

Una mayor utilización del teletrabajo, por supuesto, también impactaría positivamente en la movilidad urbana. Las horas pico, en que se causan enormes tranques vehiculares precisamente por ser las horas en que más movimiento de personas de sus casas a sus sitios de trabajo o a la inversa, verían reducidos esos picos de tráfico.

Preparación frente a emergencias. Uno no se prepara para posibles emergencias solo cuando estas son inminentes. Uno lleva llanta de repuesto y las herramientas para su cambio en caso de tener un pinchamiento, no porque sepa que va a tener tal evento, sino porque tal evento es posible y las consecuencias de no llevar llanta de repuesto pueden ser bastante incómodas. Y eso que aquí no estamos hablando de perder la vida, a pesar de que seguramente sí pasaría un muy mal rato si se le pincha una llanta en la carretera y no tiene llanta de repuesto. Pero tomar ciertos preparativos para eventos adversos de gravedad, debe constituirse a futuro en imperativo, tanto a nivel individual como corporativo y estatal. A nivel individual y familiar, uno debe mantener reservas de alimentos imperecederos (y agua embotellada para beber) para al menos dos semanas para todos los miembros del hogar. En esta ocasión no tuvimos mayor problema porque la capacidad productiva y cadena de abastecimiento de alimentos en Panamá no se ha visto mayormente afectada. Pero un desastre natural sí podría causar estragos en la capacidad de abastecer alimentos a la población, desabastecimiento que además podría traer otras consecuencias de orden público (e. g. saqueos).

En cuanto a organizaciones tanto privadas como estatales, a partir de esta experiencia se deben contemplar medidas de respuesta ante emergencias. El uso de mascarillas por parte del público en medio de una epidemia, asunto sobre el que ya escribí la semana pasada, requiere que la sociedad tenga la capacidad de hacerse en muy corto tiempo con suficientes mascarillas para que toda la población pueda tenerlas y usarlas mientras dure la emergencia sanitaria. El país debe tener la capacidad ya sea para almacenar o para producir mascarillas en corto tiempo para distribuir a la población.

Las experiencias adversas sirven para aprender y prepararse para la próxima. Como sociedad, debemos tomar este evento como fuente de lecciones para futuro. Confío en que saldremos bien librados, pero seguramente no sin cicatrices. Esas cicatrices nos deben llevar a adaptarnos y prepararnos para ser más fuertes hacia futuro.

Abogado