Temas Especiales

31 de May de 2020

Alberto Velásquez Morales

Columnistas

Los estudiantes también son víctimas del virus

Todos sabemos que la educación está formada por tres componentes básicos que son: el maestro, el padre de familia y el más frágil de todos, el estudiante.

Todos sabemos que la educación está formada por tres componentes básicos que son: el maestro, el padre de familia y el más frágil de todos, el estudiante.

En los actuales tiempos de virus el proceso educativo se ha estancado notablemente, a pesar de que desde un comienzo se consideró que iba a ser la estrella del presente Gobierno. Pero la pandemia la opacó. Y ahora el sistema educativo está enredado en una madeja de hilos, de la cual parece difícil desenroscarlo.

Evidentemente, tal como se ha manifestado, en estos tiempos de virus ha recrudecido el hecho de que nuestra educación está partida en dos. La desastrosa pública y la comercializada llamada particular.

Siendo la pública la más golpeada, que ya venía con atrasos, no se sabe aún cuándo volverá a restablecerse. En las escuelas particulares, con tal de lograr el pago de las mensualidades, profesores se acogen a unas plataformas para justificar sus sueldos, desarrollando módulos según sus propios criterios. En ambos casos se desconoce la existencia de una supervisión del Ministerio, que si lo hace seguramente descubrirá las bellezas de estos sistemas cuestionados.

Los módulos pueden lograr el afianzamiento de una materia, pero jamás podrán remplazar la importancia de una educación presencial, que con las herramientas y los conocimientos pedagógicos modernos la podrán hacer virtual paulatinamente.

Con una serie de estudiantes que está gozando de la pandemia con sus celulares, ignorando que el tiempo perdido será muy difícil recuperarlo, sin la orientación del educador, que solo envía cuestionarios por internet, que no le cuesta hacerlos y enviarlos más de dos días de trabajo, y quizás tres para recibir la respuesta, nuestro proceso educativo estará llegando al fondo del abismo.

Y si por su parte los dueños de estos colegios particulares insisten en cobrar completas las mensualidades, a pesar de que durante un mes no han utilizado los salones, no han prendido ni los abanicos ni los aires acondicionados y por la noche los edificios están totalmente a oscuras, no tienen moral para pedir pagos completos. Al igual que los transportistas, no han utilizado una gota de gasolina y sus buses no los han tocado.

Además, hay que tomar en cuenta que los padres de familia se desgañitan tratando de que sus hijos tengan buenas notas con los módulos, siendo indiscutiblemente el estudiante la víctima en esta situación, que a la larga, sino se establece una fuerte supervisión, sin miramientos al negocio de la educación, el descalabro que se venía va a ser peor, porque en la pública es mínimo lo que se está haciendo, precisamente por la falta de instrumentos de trabajo y de capacitación de educadores para menesteres tecnológicos, precisamente en tiempos de virus y otros más.

La pandemia puede pasar, pero la necesidad de educar es permanente.

Periodista