Temas Especiales

02 de Jun de 2020

Ameth Cerceño Burbano

Columnistas

Globalización y salud: los cambios que se avecinan

“¿Somos conscientes de los cambios que se avecinan? ¿Has pensado sobre qué rol quieres tener una vez sea necesario reconstruir el país y la economía global, serás partícipe o un mero espectador?”

La humanidad en la última década ha sido testigo de cómo la tecnología de la información ha dado grandes pasos a una nueva era en la comunicación y en la trasmisión de la información. Hoy nos informamos de lo que acontece en nuestro país y en el mundo por las redes sociales, que a través de los medios tradicionales de la prensa, radio y televisión.

La humanidad ha tenido un crecimiento vertiginoso desde hace quinientos años, con la época de los descubrimientos; para muchos en 1519 inicia la globalización con el primer viaje de circunnavegación de Fernando Magallanes, forjándose la conexión y el comercio mundial entre las naciones de manera más rápida.

Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens, cita que un ejemplo de la globalización se da en la cocina; “en un restaurante italiano esperamos encontrar espaguetis con tomates; en restaurantes irlandeses y polacos, una gran cantidad de batatas o papas; en un café suizo encontrarnos con un chocolate espeso y caliente; en un restaurante argentino, una gran variedad de cortes de carnes; pero la realidad es que ninguno de esos alimentos es autóctono de dichos países, los tomates y el cacao son de origen mexicano, las batatas o papas no llegaron a Irlanda y Polonia hasta hace 400 años atrás, y en 1492, en Argentina el único filete que se podía obtener era el de una llama.

Hoy esa globalización, no solo está en lo que comemos, sino también en las ropas que usamos, en los equipos tecnológicos que nos acompañan en nuestras actividades cotidianas, podemos tener un teléfono móvil hecho en China; un televisor de Corea del Sur; un centro de lavado fabricado en los Estados Unidos. Realizamos compras por internet, antes que preferir ir a un centro comercial, o preferimos, desde la comodidad de nuestras casas, disfrutar de una película a través de Netflix que ir a una sala de cine.

Hoy preferimos comunicarnos por WhatsApp, que realizar una llamada y conversar con nuestro semejante; cuando comemos en un restaurante o nuestra casa, cada uno está viendo lo que le interesa y no interactúa con el que tenemos al frente, de hecho, hoy en día las aplicaciones y redes sociales a través de las tendencias, conocen nuestras preferencias musicales, la ropa que nos gusta, los deportes que nos aficionan más que un compañero del trabajo, quedando nuestra privacidad expuesta a la vulnerabilidad de las grandes empresas tecnológicas.

Pero, por otro lado, todos estos cambios producen problemas para la salud pública global, debido al aumento de los viajes globales, el aumento en el comercio bienes, las enfermedades que se transmiten por medio de los alimentos, el cambio climático, la resistencia a los antimicrobianos, el virus del Ébola, la atención primaria de salud deficiente, la renuencia a la vacunación, dengue, VIH. La propagación de una pandemia implica retos para los sistemas de salud pública de todos los países, mostrando las fortalezas y debilidades de cada uno. Ya muchos expertos indicaban que una pandemia que implique la paralización de las actividades cotidianas abriría la caja de Pandora con todos los problemas sociales que afectan a un país determinado. Esta situación pone a prueba los modelos de bienestar social, en su eficiencia y efectividad, frente los problemas generales de pobreza, exclusión social, desempleo, deterioro de la calidad de vida, el deterioro ambiental (cambio climático), el acceso a alimentos y medicamentos.

Al expandirse el coronavirus a cada rincón del planeta, los ciudadanos nos enfrentamos a un gran desafió desde nuestro entorno individual hasta el entorno social, millones de personas han quedado sin trabajos, sin la capacidad económica de hacer frente a sus obligaciones, lo cual producirá un trastoque en la economía de cada país, por eso para muchas personas esta crisis sanitaria producida por el coronavirus (COVID-19) es más grave a los efectos producidos por la II Guerra Mundial. Esta crisis global es el mayor desafió para la humanidad; y nos invita a definir, a cada ciudadano, si queremos ser protagonistas o meros espectadores de dar soluciones a los problemas, sociales, políticos, económicos que se avecinan.

La democracia, que venía sufriendo una crisis de pérdida de confianza en los Gobiernos, tendrá también una gran prueba, en medio de la crisis; vemos la vigilancia ciudadana en exigir transparencia, eficiencia y rendición de cuentas en la administración de los fondos que se utilizan para hace frente a la pandemia. Por eso es necesario que entendamos que será necesario replantear y corregir muchas prácticas nefastas en las políticas públicas y en la administración pública de cada Estado. Ante la exposición a flor de piel de las debilidades de nuestros sistemas políticos, no podemos obviar la posibilidad de que sea necesario un nuevo pacto (“new deal”), no solo en el marco global, como ocurrió una vez culminada la Segundad Guerra Mundial, sino que a lo interno de cada país será necesario reforzar el Estado, el respeto a los derechos humanos, la justicia y la paz social.

¿Somos conscientes de los cambios qué se avecinan? ¿Has pensado sobre que rol quieres tener una vez sea necesario reconstruir el país y la economía global, serás partícipe o un mero espectador? Quizás en este momento no hemos analizado esa respuesta, debido a que estamos enfocados en nuestra seguridad sanitaria y salvaguardar nuestras vidas y la de nuestros semejantes, pero te invito a que en estos días de aislamiento medites sobre estos temas y juntos unidos trabajemos por un Panamá y un mundo mejor.

Abogado