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04 de Jun de 2020

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Mariela Sagel

Columnistas

El karma con el que cargamos

Al recibir el Gobierno el 1º. de julio, el presidente Laurentino Cortizo sabía que había agujeros insondables, especialmente en los aspectos económicos y judiciales, con los cuales tendría que adentrarse, junto a su equipo, para desenmarañar todos los entuertos que por una década habían hecho la dupla Martinelli-Varela.

Al recibir el Gobierno el 1º. de julio, el presidente Laurentino Cortizo sabía que había agujeros insondables, especialmente en los aspectos económicos y judiciales, con los cuales tendría que adentrarse, junto a su equipo, para desenmarañar todos los entuertos que por una década habían hecho la dupla Martinelli-Varela. Pero nunca se imaginó que en medio de este desenmarañamiento tendría que lidiar con una crisis de las proporciones que tiene la que estamos atravesando.

La gestión de Ricardo Martinelli (2009-2014) planificó una ciudad hospitalaria y más de 20 centros denominados Minsa-Capsi que pretendían ser instalaciones del Ministerio de Salud del Primer Nivel de atención, con el mayor grado de complejidad, que buscaba desarrollar nuevos modelos de instalaciones, incorporando recursos humanos y tecnología de información y comunicación (TIC) que facilitara a la población una atención integrada a la red de servicios a alto nivel. La idea era buena, pero como todo en esa gestión, cayó en la corruptela de los contratistas seleccionados, no todos transparentes, además de que algunos se planificaron en áreas donde no se contaba con luz eléctrica o alcantarillado, servicios básicos para que funcionaran a cabalidad. Al recibir la hoy ministra Rosario Turner la cartera de Salud, estaban pendientes, desde hacía cinco años, la entrega de tres hospitales y seis centros de salud primaria. No quiero entrar al tema de la ciudad hospitalaria, porque eso me tomaría todo el espacio. Quiero destacar aquí que, de haber terminado las obras ya iniciadas, tendríamos más capacidad hospitalaria, la que se está agotando por el aumento de casos que presenta diariamente el avance del COVID-19.

Después de siete años de espera, finalmente se adjudicó a principios de marzo la licitación para el nuevo Hospital del Niño, otra obra que Varela no honró y que Martinellí quiso desbaratar con la peregrina idea de construir enfrente la torre financiera (de ingrata recordación como “Tusa” financiera). Ese proyecto se lo tumbamos “cuatro gatos”, como se ufanaba diciendo, creando conciencia en la población del daño que haría en el entorno donde pretendía erigirse.

De la misma forma, de haberse terminado con las obras del Centro de Convenciones Amador nos permitiría tener otro centro de acopio para las labores que se están llevando a cabo en ATLAPA (para ensamblar las bolsas de comidas a las familias que necesitan). Los que hemos estado en el ramo de la construcción sabemos que una obra en gris, o dejada a la inercia, cuesta mucho más. Hoy día, esas construcciones abandonadas a medio camino deben estar costando el doble, tomando en cuenta las condiciones de la fianza de cumplimiento.

Estoy lejos de defender la gestión Martinelli-Varela, todos conocen mi abierta oposición al primero desde que era candidato, porque conozco su trayectoria empresarial y personal. No en balde estuve entre los pinchados por su obsesión de conocer lo que decían de él. También saben que no apoyé la gestión Varela. Como decía Domplín, en su escuchado programa, que él le tenía más miedo a este último que al Loco, y no se equivocó.

Lamentablemente, el karma de las malas gestiones de estos dos empresarios jugando a políticos, y el último quinquenio, enfocado en vengarse de quien fuera su “socio” del 2009 al 2011, lo estamos pagando todos ahora, por falta de una política de salud coherente, donde ha prevalecido la segmentación y fragmentación del sistema de salud, la duplicidad, el despilfarro y todo lo que eso deja para que penetre la corrupción.

A diario nos sentamos a ver la conferencia de prensa que brindan, en armónica colaboración, las autoridades del Ministerio de Salud, la Caja de Seguro Social, los estamentos de seguridad, y otras entidades involucradas, con la esperanza de que nos digan que estamos superando la pandemia. Urge la transformación del sistema de salud, avanzando hacia una efectiva coordinación entre los sectores públicos y privados que lo conforman.

Una muestra de que uniendo fuerzas se sale adelante, y con éxito, es la reciente entrega al presidente Cortizo del hospital modular “Panamá Solidario” que se levantó en Albrook en menos de 30 días. Con una capacidad de 100 camas y destinado a atender a los pacientes en estado grave, contará con la tecnología de punta que merece la coyuntura actual. Es temporal y está ubicado en un terreno cedido por seis meses. El Ministerio de Obras Públicas, con esta ejecución, demuestra que no solo está para hacer calles, reparar huecos (aunque aún faltan muchos, porque el ministro anterior no se desplazaba en auto) o contratar grandes proyectos de infraestructura.

Saquemos ánimo de donde no tengamos, porque esta cuarentena nos tiene agobiados, estresados y crispados, para unirnos a la solidaridad que demostraron los cantantes que nos regalaron el inolvidable concierto del domingo pasado.

Arquitecta