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13 de Jul de 2020

Estivenson E. Girón Desgrenger

Columnistas

La decisión: ¿a quién salvar?

En la tranquilidad de un domingo de cuarentena, el uso del tiempo parece estar destinado al resultado de una obra milagrosa de creatividad, razón por la cual todo depende de lo mucho o lo poco que haya para entretenerse.

En la tranquilidad de un domingo de cuarentena, el uso del tiempo parece estar destinado al resultado de una obra milagrosa de creatividad, razón por la cual todo depende de lo mucho o lo poco que haya para entretenerse. La lectura termina siendo un buen aliado, y entre las cosas que encontré pude leer la entrevista al diputado independiente Juan Diego Vásquez. Me pareció interesante, un joven con mucha audacia y voluntad, pero me vi obligado a releer una respuesta muy interesante. El ministro de Economía y Finanzas, Dr. Héctor Alexander, nos dijo: “que le dará la plata de los préstamos a los bancos y que buscará más deuda…” (cita textual).

Esta respuesta es altamente preocupante, especialmente cuando viene del responsable de la economía y las finanzas públicas. Profesional con una experiencia admirable en este campo, pero que en estos momentos pareciera que no tiene el toro por los cachos.

De esta acotación nace una disyuntiva: ¿salvar a los bancos o salvar al pueblo? Debemos tener claro que la confianza de los depositantes en los bancos; en este caso estará sujeta a la capacidad del Gobierno de poder rescatarlos, pero el Gobierno debería, en todo caso, rescatar a los depositantes, no a estas instituciones financieras que en los últimos años se han vuelto monstruosamente grandes, que han sido poco reguladas, que han creados instrumentos financieros cada vez más complejos, como también difíciles de tasar.

Esto termina siendo un tipo de subvención oculta, que trae consigo algún tipo de caída descendente al debilitar a la economía como un todo. Ese dinero pasa a formar parte de los recursos del banco, en sus bóvedas, con poca probabilidad de salir al mercado en función de la reducción en la capacidad de crédito que tenemos los panameños. Pareciera que se quiere ayudar a un grupo privilegiado para que no pierda sus inversiones en los bancos.

Como cuestión de análisis, podemos preguntarnos: ¿están realmente los bancos en problemas? Si la respuesta es sí, entonces tendrán que empezar a liquidar sus activos, los cuales tienen un valor inferior en este momento por la situación actual, lo que crea un problema que se desdobla exponencialmente.

Otra pregunta, si esto es así: ¿dónde estaba el regulador? Bueno, lo único que ha demostrado el regulador es que está del lado de los bancos y no de los depositantes.

Estamos claros en que el sistema económico actual es menos estable y eficiente, se genera menos crecimiento, lo cual incide en el deterioro de la democracia. Pero, no es solo el sistema económico, también es el político, lo cuales se correlacionan por naturaleza, al igual que el sistema social. Como esto es correcto y nadie tiene duda al respecto, es prudente que se implemente una noción de “juega limpio”, el cual es un sistema que tiene su esencia en los valores de las personas y a la vez contribuye a despertar un sentimiento de culpa en aquellos que no actúan acorde con lo honesto. Los sistemas económicos deben tener reglas claras, las cuales en este momento no se aprecian lo suficientemente bien.

Es necesario, es vital salvar al pueblo, colocar efectivo en manos de los que lo necesitan, esto va a contribuir a dinamizar la economía como un todo y lo más importante, va a disminuir la ansiedad y la intranquilidad que existe por la situación de salud actual.

En el pasado cercano y lejano los bancos han dado muestras claras de saber navegar en aguas turbulentas. ¿Por qué en esta situación no? ¿Será que el sistema bancario es tan débil que posponiendo los pagos quebrará? ¿Y la Ley de Moratoria qué? Ahora, señor ministro, si esos recursos que recibirán los bancos bajan inmediatamente a las cuentas de los desempleados, los informales y todos aquellos que en este momento están pasando el Niágara en bicicletas. Amén. Gracias.

Y ¿por qué no tiene el toro por los cachos? Bueno, parece que las decisiones económicas no están totalmente determinadas por los responsables de ellas. De seguro existen otros intereses.

Exdirector de la CSS.