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06 de Jul de 2020

Rosita Hernández de Dutari

Columnistas

Prof. Rosamérica Morales de Vásquez, homenaje póstumo

Conocí a la Prof. Rosamérica Morales de Vásquez hace casi 30 años, cuando llegué al Club Soroptimista Internacional de Panamá como miembro.

Conocí a la Prof. Rosamérica Morales de Vásquez hace casi 30 años, cuando llegué al Club Soroptimista Internacional de Panamá como miembro. Y desde entonces se formó una linda y genuina amistad entre ambas. Pese a que por edad no éramos contemporáneas, fue una relación muy cercana la que mantuvimos por años. Fue como mi otra mamá, de la ciudad, ya que la mía ha vivido siempre en el interior del país. A partir de allí, en todas las reuniones y eventos del Club Soroptimista vi su proyección de mujer empoderada, su liderazgo, su carácter, determinación, sus relaciones profesionales, políticas, sociales y clericales.

En el Club Soroptimista siempre actuaba de maestra de ceremonia, tenía muy buena redacción, manejo del público y de la palabra como periodista que también era. Su elegancia femenina y su glamur para cada ocasión se combinaban de manera natural para ayudar a personas vulnerables y organizaciones sociales y educativas que necesitaban cualquier tipo solidaridad.

Apoyó mucho al Seminario Mayor San José. Rosamérica fue una especie de inspiración y referencia para mí de muchas cosas de la vida. Conversábamos mucho en su casa de Betania y siempre que llegaba a visitarla le decía a su gran colaboradora del hogar, Tilla, que me ofreciera una fruta, un postre o un refresco delicioso. Con Rosamérica fui a conciertos de música clásica en el teatro, presentaciones de libros de algún amigo escritor de ella, obras en el teatro En Círculo, eventos en la Curia Metropolitana, en la Nunciatura Apostólica, en la cenas de Pan y Vino y eventos académicos de la USMA, donde también fue miembro de su Junta de Directores. Con Rosamérica tuve la oportunidad de conocer a muchos sacerdotes, obispos, nuncios y en su casa comí de los ricos tamales que le mandaba la mamá de monseñor Ulloa para época de Navidad.

Con ella puse por primera vez el pie en una Comisión de la Asamblea Nacional, cuando fue candidata nominada a la Defensoría del Pueblo. Rosamérica era una mujer muy culta y con una gran memoria de la vida política y social de Panamá. Fue diputada de la República, directora general del Ifarhu y una gran creyente y defensora de lo que debe ser la educación para el individuo como herramienta para surgir y progresar en la vida.

Siempre hablaba con orgullo de sus hijos Catín, Romy y Rica. En su casa había muchos libros, arte y un piano, que daban a entender la gran pasión por la cultura que tenían ella y su familia. Tenía fotos con el santo padre y también imágenes de Jesús y de la Virgen, como buena y fiel creyente.

Rosamérica fue una mujer que, sin ser pariente mía, para mí representó una gran referencia. Fue para mí una especie de “influencer” sin redes. Me dejó muchas, muchas, enseñanzas de vida. Hoy, después de varios días de su partida, escribo estas palabras en el encierro de una cuarentena por la pandemia de COVID-19, recordando sus cosas lindas y buenas, todas las enseñanzas que recibí de ella. Si bien nunca me dio clases en un salón, fue una maestra de vida de quien aprendí muchas cosas. Me dolió mucho tu partida, Rosamérica, pero hoy ya descansas en paz, después de una larga enfermedad, de esas que purifican el alma.

Hoy gozas de la compañía de tu amado esposo, Catín, de Jesús, María Santísima y los Ángeles, para seguir cuidando desde el cielo a tu familia, especialmente a tus queridísimos hijos, nietos y bisnietos, a quienes me uno en su dolor y seguro que también a tus amigos, a aquellos que por alguna razón llegamos de forma casual a tu vida a compartir gratos e inolvidables momentos.

Descansa, Rosamérica Morales de Vásquez, en los brazos del Señor. Paz a tu alma, querida amiga.

Abogada