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10 de Jul de 2020

Columnistas

Panamá en tiempos de Covid-19

Pareciera que fue ayer cuando nuestros indicadores de crecimiento económico se encontraban por encima del 10% y en cuestión de unos años logramos duplicar nuestro PIB, algo casi inédito en América Latina

Pareciera que fue ayer cuando nuestros indicadores de crecimiento económico se encontraban por encima del 10% y en cuestión de unos años logramos duplicar nuestro Producto Interno Bruto (PIB), algo casi inédito en América Latina. Nos llamaban la Singapur de Latinoamérica o la Dubái de América, ya que no solo nos destacábamos en el área logística, sino que nuestro Sistema Bancario Internacional era la envidia de las naciones europeas, tanto así que las listas de paraísos fiscales no nos afectaban tanto. Ni siquiera el escándalo de los “Panama Papers” nos hizo tanto daño. Seguimos fortaleciendo ese sector financiero y de servicios como si no hubiera un mañana.

Pero esa mañana llegó, y nos agarró con una baja inversión en salud y educación, siendo uno de los países más desiguales del planeta, con una pobreza (que de por si es una ilusión óptica de la realidad nacional) del 22%, con un 40% de personas en el empleo informal y peor aún, con una tasa de desempleo que cada año iba creciendo y que antes que nos visitará el nuevo Coronavirus se encontraba por el 8%.

Durante muchos años se aplaudió el grandioso modelo económico panameño, un modelo neoliberal basado en el sector de servicios, donde los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Donde era más fácil calmar al pueblo con políticas paternalistas, repartiendo becas y programas de asistencia social, que en un principio deberían ser de “redistribución de la riqueza”, pero que se convirtieron en un hoyo sin salida, ya que no cumplían los objetivos para brindarle una vida digna a las personas. Y eso claramente lo vimos en el año 2015, cuando Panamá apenas logró cumplir un solo objetivo de los 7 Objetivos del Milenio. ¡Que vergüenza para la Dubái de América!

Nunca se mejoraron los planteles educativos, las escuelas ranchos siguen vigentes. No rompemos la brecha digital, pero ahora les exigimos a nuestros alumnos que vayan a sus casas, desarrollen módulos y los envíen por internet. Cuando ni siquiera la mitad de la población tiene acceso a internet en su casa. El Nuevo Coronavirus obligó al gobierno a apurar políticas públicas ligadas a mejorar la cobertura y capacidad del Sistema de Salud y de la Caja de Seguro Social. Pero muchos de los proyectos que buscaban mejorar esa cobertura y capacidad fueron tumbados por politiquería y persecución política del gobierno anterior.

¡Oh sí! Recordemos la persecución del gobierno anterior, y de los millones de dólares que se botaron en políticos corruptos que se burlaron de todo el país y desfalcaron las arcas públicas. La mayor parte de ese dinero nunca regresó, y esos delincuentes nunca pagaron la condena como debió ser.

Hoy día juzgamos los sucesos ocurridos en el área de Curundú, pero es prudente observar que eso solo fue el estallido de un acumulado de sucesos egoístas de este gobierno, que con el fin de favorecer a los suyos y en especial al “poder económico”, dejan a un lado verdaderas políticas públicas y sociales que ayudarían a cambiar el rumbo del país.

No se puede obligar a mantener a alguien en cuarentena, sin trabajo, sin recursos y sin nada para sobrevivir.