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30 de May de 2020

Edgar Enrique Figueroa Lombardo

Columnistas

'Quédate en casa', el estribillo que resuena en ricos y pobres

Para la señora Margarita González, su esposo y sus cuatro chiquillos la trillada frase “Quédate en Casa” les revuelve las miradas y a veces sienten espantos cuando no ven el camino que ellos han de tornar, tal cual lo plasmó el poeta Ricardo Miró (1883-1940) en la emblemática poesía “Patria”.

Para la señora Margarita González, su esposo y sus cuatro chiquillos la trillada frase “Quédate en Casa” les revuelve las miradas y a veces sienten espantos cuando no ven el camino que ellos han de tornar, tal cual lo plasmó el poeta Ricardo Miró (1883-1940) en la emblemática poesía “Patria”. La familia González espera, como la mayoría, retornar al camino de la normalidad, ser productivos y continuar con sus modestas y sencillas vidas que han sido trastocadas ante la invasión del coronavirus en Panamá y en el mundo.

Esta familia es el típico cuadro social que subsiste con menos de 600 dólares al mes, un salario mínimo, una realidad que hace 10 años atrás era distinta, otrora en 2011 el 71 % de la población mundial vivía con un ingreso menor a los 10 dólares diarios, y hoy 2020 esto habrá cambiado?

Lamentablemente, así vive la mayoría de los panameños de a pie, una situación apretada que, al escuchar la frase “Quédate en Casa”, produce cierto ruido, contrario a la minoría que vive cómoda y sin vulnerabilidad.

Tan atinado fue también el poeta Demetrio Herrera Sevillano (1902 -1950), cuando se inspiró con esa estrofa que reza “cuartos de la gente pobre con sus chiquillos descalzos. Cuartos donde no entra el sol, que el sol es aristocrático”. Esta metáfora directa a la verdad genera descontento, impotencia, incertidumbre en gran parte de la población, porque más allá de una obligación acertada de quedarse en casa, hay una especie de zozobra que afecta la sicología humana y nuestros sentidos. Aun cuando analizamos que en toda esta situación sanitaria pesa más la economía sobre la vida humana, y lo podemos constatar en los bloques de apertura a la normalidad que ha propuesto el Gobierno nacional.

El poder del sistema económico es como una vorágine que alimenta la impaciencia del ser humano. Se apuesta al valor del dinero, sobre la vida de quienes luchan a diario contra una pandemia como la COVID-19, que está generando un arrastre de los problemas económicos que carcomen a las familias panameñas, en especial a las más desprotegidas.

“Quédate en Casa” parece un mandato fácil de cumplir, sin embargo, la depresión llega a la histeria colectiva y el descontrol de aquel o aquella que grita con angustia y reclama una ayuda que el Gobierno trata de complacer con altibajos. Bonos solidarios, bolsas de comida, desempleo, cierres de calles, deudas y más deudas alimentan la desesperación del panameño (a) que atado (a) a sus cuatro paredes se las ingenia para vivir, ni hablar de los que afortunadamente mantienen sus trabajos con ajustes o viven el día a día y contribuyen a continuar la normalidad.

No se trata de juzgar la frase “quédate en Casa”, por lo contrario, tenemos que ser responsables con nuestros actos para minimizar este virus que está cobrando miles de vida en el mundo. Sin embargo, las autoridades deben apelar a una estrategia real y no superficial que no afecte la vida humana, incluyendo los ingresos de las familias panameñas, la salud mental y garantizando una buena educación que son claves para contrarrestar un discurso no coherente con la realidad de mi país.

Comunicador social y Mgtr. en Relaciones Internacionales.