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21 de Oct de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Por un mundo más perfecto

En muy pocas ocasiones en las últimas décadas, un fenómeno, mucho menos dos, nos ha obligado a todos, a los más de siete (7) mil millones de habitantes del globo, a prestar atención, a estar pendientes de su desenvolvimiento: la pandemia por la COVID-19 y el tema del racismo y la discriminación por las injusticias que ha promovido en contra de minorías alrededor del mundo.

En muy pocas ocasiones en las últimas décadas, un fenómeno, mucho menos dos, nos ha obligado a todos, a los más de siete (7) mil millones de habitantes del globo, a prestar atención, a estar pendientes de su desenvolvimiento: la pandemia por la COVID-19 y el tema del racismo y la discriminación por las injusticias que ha promovido en contra de minorías alrededor del mundo.

La humanidad no hubiera alcanzado el desarrollo que experimenta en estos tiempos, si, sobre la marcha, no hubiese revisado sus apreciaciones sobre todas las cosas. Imagínense, estuviéramos sumidos en la ignorancia total o, tal vez, ya hubiéramos desaparecido. Por todos los siglos que tenemos de estar en evolución, nos ha ayudado la revisión de conceptos sobre la alimentación, el clima, los remedios y la medicina, el universo, el cielo, la Tierra y, ante todo, las relaciones humanas.

A pesar de los abusos que lleva a cabo el hombre contra su propia especie en pleno inicios del siglo XXI, lo cierto es que a medida que fuimos cayendo en cuenta de que cada grupo humano, unos en mayor grado que otros, aportan conocimientos para el mejoramiento de la condición humana, por medio de sus exploraciones culturales, sociales o científicas, con más razón comprendimos que este pequeño planeta, escondido en los confines del universo, merece ser compartido libre y sanamente por todos.

Es importante que continuemos ese ejercicio de la revisión conceptual de nuestras ideas y creencias, alejados del sectarismo para seguir creciendo como entes sociales y reconociendo nuestros errores del pasado. Aceptando y corrigiéndolos. Trabajando arduamente para garantizar un mejor futuro. Pero nos hemos dado cuenta de que eso es difícil.

Hay quienes insisten en resaltar las bondades de la época de las conquistas, por ejemplo, minimizando los crímenes que se cometieron. En ese afán, y con el argumento de avanzar nuestra humanidad, muchos originarios murieron, sus familias liquidadas, sus hogares, costumbres y legados violados con desdén y con un dejo de superioridad bajo un juicio racista y sectario de que eran seres inferiores.

En su visita a Bolivia, hace algunos años, el papa Francisco pidió perdón: “Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios (…), pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

Reflexiono sobre algunas apreciaciones en relación con el tema del cambio de imagen de la marca “Aunt Jemima” de “pancakes” y siropes de la Quaker Oats Company; también sobre la destrucción de monumentos de figuras históricamente cuestionables por su perversidad humana. Hubo reacciones encontradas, pero percibí, un vacío emocional por entender que la rectificación es parte de un proceso de dignificación de la condición humana. Las injusticias son injusticias, no importa cuándo fueron cometidas y el hecho de que la representación sesgada y racial se haya diluido con el tiempo, no significa que esté bien y que no se deba reparar.

De lo que se trata es la desventaja con que algunos grupos humanos han vivido simplemente por el color de su piel. El papa Francisco, ante la necesidad de corregir los males históricos, subrayó en Bolivia que: “Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social”.

No hay desarrollo del cual la humanidad se pueda sentir orgulloso, si su éxito descansa sobre la vida de inocentes. Eso es lo que ha pasado en muchos escenarios alrededor del mundo, y la negación por tantos siglos lo hace más ofensivo.

Estos temas resultan incómodos para muchas personas, al grado de querer que las protestas se gasten en el diario vivir, pierdan efecto emocional o pasen rápido para volver a algún grado de normalidad, como la pandemia. Seguir denunciando el pasado y el presente injustos, es lo inmediato y obligatorio de todo ser humano comprometido con un mundo más perfecto.

Comunicador social.