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15 de Aug de 2020

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Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

Reconocer para cosoñar

“La sumatoria de todos los aportes, de todos los sacrificios (con sinceridad) genera una fuerza motriz de proporciones incalculables e imparable en beneficio de la sociedad toda”

Si, verdaderamente, deseamos salir delante de este grave reto es fundamental poner a disposición y utilizar todas las herramientas con que cuenta nuestro país. Todas, implica las públicas y las privadas, que, adicionalmente, para ser más efectivas, deberán actuar en “armónica colaboración”. Lograr ese trabajo conjunto requiere conocer y reconocer cuáles son esas capacidades, su efectividad y sus potencialidades.

Ese proceso de reconocimiento de todo lo que se puede aportar para salir airosos de esta crisis necesita un valor relativamente sencillo, la sinceridad.

Imaginándonos en alta mar, luego de una tormenta, sin comunicación y con grandes pérdidas, el primer paso es juntarnos todos y sincerar aquello de que dispone cada uno. Todos los alimentos, herramientas, talentos sobre la mesa para ponerlos en beneficio del bien común. Atendidos los casos urgentes (heridos), estructurar un plan y la acción.

Si alguno esconde algo que pudo aportar, será lapidado por el resto. La sinceridad en tiempos de crisis se convierte en valor principal.

Por otro lado, queda claro que todos son necesarios, allí enfrentados a la catástrofe no hay espacio para divisionismo. Cada uno tendrá que desempeñar su rol.

En ese momento, salvar la embarcación se convierte en un propósito común. Los tripulantes empiezan a “cosoñar”, a tener un sueño común, salvarse todos.

No estamos frente a un enemigo que hay que vencer. Afrontamos un reto que superar o un sueño que cumplir. Si bien se dice que las guerras unifican, también desangran. Las intenciones colectivas crean comunidad (común-unidad). El enfoque es completamente distinto y aunque lo que vivimos es triste, debe ser esperanzador también. De lo contrario, el pesimismo se va a imponer y a ese es al primero que hay que dominar.

No podemos dar la espalda a que vivimos en una sociedad interrelacionada, intercomunicada e interactiva y en la medida en que no solo los expertos o las autoridades, sino los distintos sectores, los gremios, la academia y todo aquel interesado pueda acceder a información y dar a conocer sus hallazgos y propuestas estaremos multiplicando exponencialmente la capacidad colectiva que tenemos como país de fomentar el crecimiento, mejor distribución de la riqueza, derechos humanos y los conocidos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Se habla de estabilizar la economía y me surge la pregunta: ¿Cómo estabilizar la economía? Si no hay nada más dinámico y volátil, en estos tiempos, que la economía. Habrá que empeñarse en entender, actuar con audacia y aprovechar los vientos (inciertos).

Todo cambia y cambia rápido, lo que se requiere es activar nuestras fortalezas y apuntar bien.

Pensemos en la ampliación del Canal. Se estructuró sobre la base del incremento del transporte contenerizado (crecimiento impresionante, en tamaño y en tránsitos, de los buques portacontenedores); sin embargo, en estos cuatro años de funcionamiento del Canal ampliado ¿cuál ha sido el sector de mayor crecimiento? Los buques tanqueros y de gas licuado de petróleo y gas natural licuado. Hubo que cambiar hasta las reglas de navegación.

Otro ejemplo, antes el Canal esperaba a que los buques -las navieras- llamaran para hacer sus reservas para cruzar el Canal y si se habían agotado los espacios, guardaban un último tránsito para subastarlo. Hoy día, hay más competencia, el Canal ha pasado a rastrear a los barcos utilizando tecnología satelital, y los contacta y asesora sobre la disponibilidad de espacios para cruzar el Canal. Mejor servicio al cliente, mejores resultados.

Esa realidad cambiante reclama romper esquemas, uno de ellos es sumar al desarrollo a los sectores más vulnerables; convertir los recursos en más productivos (solo se logra, conociéndolos); y acelerando las transformaciones (sin temor).

Conocer y reconocer fortalezas y debilidades implica madurez como sociedad, porque esta pandemia no nos llega en un ambiente químicamente puro, tal vez todo lo contrario. Pero, o entendemos que la construcción es entre todos o los pedazos los vamos a recoger entre todos, también.

La sumatoria de todos los aportes, de todos los sacrificios (con sinceridad) genera una fuerza motriz de proporciones incalculables e imparable en beneficio de la sociedad toda.

Abogado, presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá, GESE.