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21 de Sep de 2020

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

¿Y si el confinamiento no redujo contagios?

¿Y si el confinamiento no redujo contagios? Ya sé que eso suena “impensable”, pues choca contra el paradigma fundamental de la política del encierro que han dado en llamar cuarentena -que no es cuarentena, porque una cuarentena es para aislar a los enfermos y a los sospechosos de contagio, pero nunca un encierro para los sanos.

¿Y si el confinamiento no redujo contagios? Ya sé que eso suena “impensable”, pues choca contra el paradigma fundamental de la política del encierro que han dado en llamar cuarentena -que no es cuarentena, porque una cuarentena es para aislar a los enfermos y a los sospechosos de contagio, pero nunca un encierro para los sanos. Pero hay algunas líneas de evidencia que nos deberían llevar a cuestionar la validez del modelo del confinamiento como reductor de contagios. Son muchas, en realidad, pero por limitaciones de espacio, aquí contemplaremos solo una: la evidencia de los estudios de seroprevalencia que ya se han ido haciendo en distintos países y ciudades que fueron muy golpeadas por la COVID-19. Veamos.

España. El estudio de seroprevalencia hecho en España arroja que, en la cohorte de trabajadores de actividades o sectores esenciales, que se mantuvieron trabajando durante el confinamiento, no hubo mayor seroprevalencia (5.3 %) que en la cohorte de personas que no trabajaban en actividades esenciales (6.3 %). Los intervalos de confianza apenas se traslapan (4.8-5.9 % vs. 5.7-7.0 %), por lo que, en todo caso, la señal estadística pareciera apuntar a una *menor seroprevalencia entre los trabajadores de actividades esenciales, que no pararon de salir a trabajar durante el confinamiento (aunque, de nuevo, la diferencia no es estadísticamente significativa para afirmar que haya diferencia). Esto choca de frente con el paradigma de que el confinamiento reduce contagios.

Italia. El Instituto Nacional de Estadística italiano publicó la semana pasada los resultados del estudio de seroprevalencia llevado a cabo entre el 25 de mayo y el 15 de julio. “Los ocupados en sectores y actividades esenciales no presentaron valores significativamente más elevados (2.8 %) respecto de la población general… o respecto de los ocupados en sectores de actividades económicas suspendidas (2.7 %)”.

Ciudad de Nueva York. Artículo publicado también la semana pasada [doi:10.1001/jama.2020.14765], señala que, de un estudio de seroprevalencia hecho a personal sanitario en la ciudad de Nueva York, arrojó que “una prevalencia de anticuerpos SARS-CoV-2 de 13.7 % en esta cohorte de personal sanitario en el área ampliada de la ciudad de Nueva York, fue similar a la hallada entre adultos aleatoriamente testeados en el estado de Nueva York (14 %)”. Note, sin embargo, que aquí están comparando la seroprevalencia de trabajadores sanitarios en la ciudad de Nueva York con la seroprevalencia de la población en general del estado de Nueva York. No son el mismo conjunto geográfico. De hecho, el estudio de seroprevalencia en el estado de Nueva York arrojó 14 % de seroprevalencia cumulativa en el estado, pero de 22.7 % en la ciudad de Nueva York. Es decir, la seroprevalencia en la ciudad de Nueva York fue 62 % mayor que la del estado de Nueva York [JAMA.2020;323(16):1612–1614]. Ello quiere decir, entonces, que la cohorte contra la que hay que comparar la seroprevalencia del personal sanitario en la ciudad de Nueva York (que fue de 13.7 %), no es la de la población general del estado de Nueva York, sino de la población general de la ciudad de Nueva York (22.7 %). La población general tuvo 66 % más seroprevalencia de anticuerpos SARS-CoV-2 que la cohorte de los trabajadores sanitarios.

Por último, en un estudio de seroprevalencia entre personal que trabaja en un hospital en Bélgica, efectuado la última semana de abril, arrojó que “ni estar involucrado directamente en atención clínica ni trabajar en una unidad covid-19 aumentó las probabilidades de resultar seropositivo”. En cambio, “habitar en un domicilio en que se sospecha de haber contagiados de covid-19, sí [estuvo asociado con mayor riesgo de resultar seropositivo]” [JAMA.2020;324(2):195–197]. El corolario es que el mayor riesgo de contagio no parece estar en el sitio de trabajo, sino en el domicilio, en tanto durante cinco meses nos han dicho que nos quedemos en casa para reducir los contagios. Irónico, ¿no?

Sé que puede resultar difícil de contemplar cómo posible que el confinamiento no logre reducir los contagios en la población. Pero la ciencia es el método que se atreve a cuestionar, y ante el que no hay paradigmas intocables (dogmas). En particular, en sistemas complejos las respuestas lineales (esencialmente la idea de que “siendo X una función de Y, a más X obtendremos más Y”) no son la norma. En sistemas complejos las respuestas son no-lineales, y eso implica que a veces más de X no aumenta Y, e incluso más allá de cierto umbral, el aumento de X puede reducir Y. La posibilidad de que el confinamiento haya sido ineficaz o incluso contraproducente, no puede seguir siendo soslayada.

Abogado