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23 de Oct de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

COVID-19: gestión individual y colectiva de la complejidad

Luego de seis meses de estar enfrentando la epidemia de COVID-19, que nos ha dejado cerca de 90 000 enfermos y 2000 defunciones en el país; los panameños comenzamos hoy un desconfinamiento asimétrico, que espero sea progresivo y vayamos avanzando, lento pero seguro, hacia la libertad total.

Luego de seis meses de estar enfrentando la epidemia de COVID-19, que nos ha dejado cerca de 90 000 enfermos y 2000 defunciones en el país; los panameños comenzamos hoy un desconfinamiento asimétrico, que espero sea progresivo y vayamos avanzando, lento pero seguro, hacia la libertad total. Y, si hemos aprendido las lecciones, así será. Pero cuidado panameños, que el progreso no significa victoria, pues la inmensa mayoría de los ciudadanos sigue siendo susceptible al virus que nos estará esperando en las calles, medios de transporte, empresas, negocios, sitios de reuniones...

Sobre esto, el director de la OMS señaló recientemente que, es vital que podamos identificar y prevenir rápidamente los clústeres, para prevenir la transmisión comunitaria y evitar un nuevo confinamiento, agregando que, ningún país puede aguantar esto (otra cuarentena) hasta que tengamos una vacuna. Pero no hay garantía de que la tengamos pronto, e incluso si tenemos una vacuna, no acabará con la pandemia por sí sola. El asunto es que, ahora más que nunca, todos debemos aprender a controlar y administrar este virus, utilizando las herramientas que tenemos ahora, y hacer los ajustes necesarios en nuestra vida diaria para mantenernos a nosotros y a los demás a salvo.

Subraya el Dr. Tedros que, los denominados bloqueos permitieron a muchos países suprimir la transmisión y aliviar la presión sobre sus sistemas de salud. Pero los bloqueos no son una solución a largo plazo para ningún país. No necesitamos elegir entre vidas y medios de subsistencia, o entre salud y economía. Esa es una elección falsa. Al contrario, la pandemia es un recordatorio de que la salud y la economía son inseparables. En ese contexto, agrega el director, que, cada persona, familia, comunidad y nación debe tomar sus propias decisiones, en función del nivel de riesgo en el que vive. Cada panameño tiene la responsabilidad de conocer el nivel de transmisión a nivel local y comprender qué puede hacer para protegerse a sí mismo y a los demás.

Pero, además de las intervenciones para contener la propagación del virus y limitar su impacto, es la hora de ir pensando en avanzar hacia la recuperación de desarrollo sostenible con equidad. En ese sentido, el Dr. David Nabarro, codirector del Imperial College Institute of Global Health Innovation y director estratégico de 4SD, manifiesta que, si hay una lección que aprender de la pandemia de COVID-19 es que la humanidad y el planeta están estrechamente vinculados en un conjunto sofisticado de sistemas interconectados. Sin embargo, debido a su complejidad, dicha estructura es vulnerable a un colapso catastrófico repentino provocado por pequeños eventos en cualquiera de los sistemas constituyentes.

Uno de estos eventos es la pandemia de COVID-19, que ha infectado en el mundo a más de 22 millones de personas, causando cerca de 800 000 muertes, provocando una recesión mundial de proporciones históricas, y tiene efectos devastadores sobre el desarrollo sostenible; concepto que refleja más que otros la complejidad de nuestro mundo, al combinar y yuxtaponer los aspectos socioeconómicos y ambientales de la actividad humana. Estos efectos socavan nuestras posibilidades de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Refiriéndose concretamente a los efectos directos de la COVID-19 en el desarrollo sostenible, subraya para comenzar que, en la medida en que la pandemia causa enfermos y defunciones, impacta en el tamaño y la salud de la fuerza laboral y su productividad (ODS3). Esto, a su vez, afecta, la lucha contra la pobreza (ODS1), la cantidad de personas en riesgo de hambruna (ODS2), los resultados educativos (ODS4), el crecimiento económico y el empleo (ODS8), y más. Los efectos indirectos provienen de las medidas de bloqueo, ya que el estancamiento artificial de la economía desencadena una de las recesiones más severas registradas (ODS8), con niveles de desempleo y privaciones (ODS1) de proporciones históricas.

La pandemia, también expone la gran desigualdad de nuestros sistemas, afectando principalmente a los más pobres y vulnerables, incluidas las mujeres y ancianos, que son los más afectados (ODS 5, 10). Además, en algunos países menos democráticos, la crisis también se ha convertido en el pretexto para que los líderes autoritarios fortalezcan su control del poder, sin tener en cuenta los parlamentos y el Estado de derecho (ODS 16).

Finalmente, el autor nos recuerda que, la relación entre la pandemia y los ODS es bidireccional. El virus no solo tiene un impacto en el logro de los ODS, sino que también el grado en que se ha avanzado en los objetivos determina la gravedad de la crisis. Es decir que, el progreso en la implementación de los ODS contribuye a construir sociedades resilientes, en las cuales la mayoría tenga acceso a los recursos del desarrollo humano integral.

Al final el autor concluye que: “ante la incertidumbre, la complejidad significa fragilidad. Como la incertidumbre no se puede controlar, la única opción que tenemos es gestionar la complejidad. Cuando se trata de desarrollo sostenible, los ODS nos brindan un instrumento formidable para lograrlo”. Nuestro Gobierno debe invertir en ellos para construir resiliencia frente a crisis como la que estamos enfrentando actualmente, y avanzar hacia un futuro más justo y sostenible.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).