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18 de Sep de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

¿Estamos haciendo lo suficiente?

Al inicio de la epidemia en el país, me pregunté en esta columna, si estábamos preparados para enfrentar el coronavirus. En aquel entonces mi respuesta fue que sí; subrayando que, al final del día el éxito dependería de lo que hagamos nosotros por seguir las recomendaciones a nivel colectivo e individual.

Al inicio de la epidemia en el país, me pregunté en esta columna, si estábamos preparados para enfrentar el coronavirus. En aquel entonces mi respuesta fue que sí; subrayando que, al final del día el éxito dependería de lo que hagamos nosotros por seguir las recomendaciones a nivel colectivo e individual. Confieso que me faltó poner de relieve la importancia del quehacer gubernamental y de la empresa privada. Hoy, cuando nos acercamos al final de la segunda semana de nuestro segundo intento por levantar la cuarentena, me pregunto si estaremos haciendo lo suficiente para controlar la epidemia y evitar una segunda oleada de la enfermedad.

Al igual que al inicio del brote, opino que estamos haciendo lo que se tiene que hacer, pero en esta ocasión, luego de seis meses de epidemia que ya ha causado más de 95 000 enfermos y 2050 defunciones, no puedo limitarme a esa declaración confiada. Aunque desde hace un mes los indicadores de morbimortalidad muestran tendencias favorables, todos podemos y tenemos que superarnos, si queremos mantener la tendencia positiva y evitar un rebrote. Como afirma la OMS, “reabrir sin controlar la transmisión es una receta para el desastre”.

En ese sentido, todos los expertos coinciden en que, hay que ponerles especial atención a tres intervenciones: detección de enfermedades, reducción del número de casos nuevos y limitación de la mortalidad. El éxito de estas intervenciones depende de la efectiva participación social, y de un sólido sistema de información, capaz de consolidar y analizar diariamente los datos veraces, recolectados por las instituciones que conforman el sector salud. Sobre el contenido de estas intervenciones, la consultora estratégica global McKinsey & Company, ofrece una recopilación de las mejores prácticas observadas. Los invito en esta entrega a reflexionar el estado de estas prácticas en nuestro territorio.

Sobre la capacidad para detectar los casos de COVID-19, los expertos recomiendan un programa integral que incluya la vigilancia tradicional de todas las enfermedades, el análisis de conglomerados para comprender los patrones locales de transmisión y la vigilancia de las aguas residuales para una alerta temprana de los puntos calientes de enfermedades. Opino que debemos mejorar nuestro desempeño en los tres casos. El análisis de situación de salud más reciente que se encuentra en la página del Minsa, data del 2018, y con datos del 2016. También son claras las falencias en los análisis diarios de los conglomerados; no es suficiente con un cuadro que presente los corregimientos con más de 10 casos. Tampoco hacemos análisis de aguas residuales, y debemos hacerlo, como lo está haciendo nuestro vecino Costa Rica, para monitorear en aguas residuales el coronavirus que causa la COVID-19.

Por su parte, la prevención de nuevos casos de COVID-19 requiere, en última instancia, reducir la oportunidad de que las personas infectadas transmitan la enfermedad a otras personas. Los expertos citados manifiestan que esa prevención se hace identificando y aislando a aquellos que han sido infectados o están en alto riesgo, asegurando la distancia física y la ventilación, reduciendo el riesgo de los encuentros que suceden. También nos recuerdan el conjunto de herramientas básicas para la reducción de casos nuevos, subrayando: la cancelación de eventos masivos, restringir la capacidad en entornos sociales (particularmente en interiores o con un gran número de personas, como fiestas, misas, reuniones en restaurantes), así como implementar, cuando sea necesario, medidas de confinamiento. Agregan que, esas medidas pueden reforzarse mediante una comunicación eficaz sobre el cambio de comportamiento y una implementación enfocada para grupos de alto riesgo o geografías específicas. Por nuestra parte, aunque hemos fortalecido de forma importante los procesos de trazabilidad, sigue siendo nuestro talón de Aquiles, el cumplimiento por parte de la población, tanto con el aislamiento en hoteles, como en la observancia efectiva de las medidas de cuidado.

Finalmente, además de limitar el número de casos, McKinsey señala que, reducir la mortalidad asociada con COVID-19 es un elemento clave de la lucha contra la enfermedad. Por nuestra parte estamos aumentando la capacidad de resolución de la red de servicios, considerando especialmente los recursos humanos; nuestros equipos de salud han aprendido mucho sobre el manejo clínico específico de la enfermedad, como lo demuestra nuestra tasa de letalidad, que se ubica entre las menores del mundo. No obstante, el índice de defunciones por 100 mil habitantes que tenemos es de los más elevados del continente. Debemos investigar para identificar y corregir las posibles falencias, si es que las hubiese, en todos los renglones de la gestión de la atención que reciben los pacientes.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).