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08 de May de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Ideas para el debate sobre la integración de los servicios de salud

Al inicio de la actual administración, manifesté que estábamos en el momento propicio para aprovechar las fortalezas internas del sistema y las oportunidades externas para desarrollar el sistema público de salud.

Al inicio de la actual administración, manifesté que estábamos en el momento propicio para aprovechar las fortalezas internas del sistema y las oportunidades externas para desarrollar el sistema público de salud. Hoy, luego de siete meses de pandemia, sigo pensando igual y agrego que es la hora de capitalizar la experiencia que nos va dejando esta crisis para acabar con la segmentación y fragmentación que afecta nuestro sistema de salud, comenzando, eso sí, con el fortalecimiento de la capacidad de resolución de ambas instituciones, de suerte que ambas posean esa capacidad demostrada y demostrable, antes de entrar en una alianza que implique una absoluta coordinación, para no decir integración, con la otra.

Para comenzar, vale subrayar que los panameños necesitamos y queremos un sistema público de salud que nos ayude a alcanzar un completo bienestar físico, mental y social. Este sistema debe ser capaz de atendernos y sanarnos cuando perdemos la salud y enfermamos. Para ello, debe proporcionarnos la atención integral que responda a nuestras necesidades en todos los niveles, en forma oportuna y gratuita, con calidad y calidez. Debe garantizar que los establecimientos de salud funcionen. Que haya los recursos humanos suficientes, con los equipos adecuados y medicamentos necesarios para que nuestra población no se quede sin recibir la atención que necesita, y ningún panameño, de cualquier edad, fallezca, porque el sistema no fue capaz de atenderlo como necesitaba.

Frente a esta primera declaración, es válido preguntarnos si es necesario integrar los servicios de salud de ambas instituciones, o sería suficiente con que cada una responda de forma efectiva, eficiente, con calidad y equidad, a las necesidades de su población. Es decir, la CSS a los asegurados y el Minsa a todos los demás ciudadanos. La respuesta a esta pregunta debe ser el punto de partida en el debate que tendremos en noviembre, cuando el presidente de la República convoque al diálogo nacional del Pacto del Bicentenario. Y tengamos presente en el debate que la posible integración de los servicios de salud, pasa por encontrar una solución a la quiebra inminente del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte de la CSS, y debe incluir la garantía de los recursos financieros para la necesaria compensación de costos, que disipe cualquier incertidumbre sobre inequidad presupuestaria entre el Minsa y la CSS, aclarando que los presupuestos del Minsa, exclusivos para la atención en salud, serían, al menos, similares a los per cápita anuales de la CSS para la atención en salud. Por otro lado, el rechazo de la integración de los servicios obligaría a modificar nuestra Constitución, eliminando el Artículo 115 que ordena la integración orgánica y funcional de los sectores gubernamentales de salud.

El debate deberá incluir el fortalecimiento de la capacidad del Minsa para el ejercicio de la rectoría del sector salud, y las condiciones necesarias para el desarrollo de un modelo de atención en salud, basado en el fortalecimiento de la atención primaria individual, familiar, comunitaria y ambiental; durante todo el ciclo de vida, desde el nacimiento a la muerte; con énfasis en los determinantes de la salud, los cuales son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud. Y no olvidemos que esas circunstancias son el resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos a nivel nacional y local, que depende a su vez de las políticas adoptadas y del modelo económico predominante, el cual ha generado pobreza, desigualdad e inequidades en salud.

Es obligatorio que los participantes en este Diálogo Nacional depongan agendas ideológicas e intereses políticos, gremiales, o personales, y sean capaces de sustentar sus argumentos, aprovechando los abundantes antecedentes nacionales e internacionales que existen sobre el tema; garantizando la objetividad y profundidad que requiere el análisis de las condiciones necesarias para la creación del sistema nacional público de salud integral.

Por mi parte, como he señalado en otras ocasiones, considero que existen suficientes argumentos legales, políticos, estratégicos y técnicos para sustentar la conveniencia de la conformación de un sistema único público de salud. También tengo claro que la integración, por sí sola, no es la solución total, pues, la situación de las redes de servicios de salud del Minsa y de la CSS debe mejorar, superando las debilidades existentes en la gestión administrativa y clínica. Pero, eso sí, la “integración efectiva” es, en mi opinión, el mejor camino para superar la segmentación y fragmentación que afecta a nuestros servicios de salud.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).