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01 de Dec de 2020

Columnistas

La nueva realidad requiere nuevas estrategias

Las estrategias de estos desconfinamientos, cuya puesta en marcha ya no resiste más dilaciones, están estrechamente relacionadas con la manera en que la epidemia evoluciona en cada país

Aceptémoslo – no hay retorno a la normalidad. Pero podemos crear un mundo mejor.

"Locura: hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes" – A. Einstein-

Para contener las angustias y las ansiedadesde una sociedad desesperada por proveerse de los recursos vitales cotidianos, muchos gobiernos están desconfinando en el medio de un posible pico de la pandemia que nos aqueja: el viernes pasado el OMS daba a conocer los datos del día que indicaban que estábamos rompiendo récords en materia de COVID-19 –el mundo sumó ese día 284.196 nuevos contagios comprobados (poco menos de 69.000 en Brasil, casi 70.000 en EE.UU. y otros 49.000 en India) y 9.753 decesos a nivel mundial.

Son cifras ciertamente preocupantes, especialmente por la tendencia que reflejan, pero también tenemos que tener en claro que los 14 millones de afectados a la fecha representan el 0,05% de la población mundial. Nuestro ritmo de vida no soporta una parálisis económica casi total, que cada día suma quebrantos irreversibles, cerrando el camino futuro a mucha más gente que la que está enferma. Esta segunda “pandemia” es mucho más compleja y multidimensional – la que refiere a la crisis económica, el desempleo, los tratamientos postergados de otras enfermedades, el deterioro de la salud mental, el aumento de las violencias de todo tipo y el aumento de la delincuencia a la que me referí en una serie de artículos anteriores – parece conllevar consecuencias más graves que el Coronavirus.

Las estrategias de estos desconfinamientos, cuya puesta en marcha ya no resiste más dilaciones, están estrechamente relacionadas con la manera en que la epidemia evoluciona en cada país, en cada región. Pero también con cómo reaccionen el gobierno, la economía y la sociedad en cada caso. Hoy debemos enfrentar este problema con una disciplina que aún no existe, una que integre la salud pública con la economía y la política (algunos ya la han bautizado: “epinomics”).

La planificación de la salida de la crisis -aquello que llaman exit policy- es fundamental para aportar algo de certidumbre en medio de este caos. Y la planificación requiere definir escenarios.

En primer lugar, debemosdiferenciar las tres fases de la crisis: 

La primera fase en la que se presentó la pandemia, tomándonos por sorpresa y que nos puso ante un problema de desconocida evolución. La reacción a esta fase de “pérdida de control” generó respuestas muy disimiles, en función del diagnóstico que los gobiernos imaginaban sobre la posible evolución:

- Algunos países (como China, Corea del Norte, Taiwán, Israel) tomaron la cosa muy en serio y reaccionaron casi con brutal crudeza, adoptando medidas para la supresión radical del virus. Estos países sellaron sus fronteras, impusieron tempranamente durísimas restricciones de circulación y contacto, testearon masivamente a la población en riesgo y se mantuvieron muy atentos a todo posible foco de contagio para mantener la pandemia en valores mínimos.Muy conscientes de la vulnerabilidad que la pandemia tendría sobre su economía, estos países “aplastaron” el virus, lo que les permitiría relanzar su economía rápidamente. 

- Otros (la mayoría: Europa, EEUU, América Latina, África), al minimizar el problema,reaccionaron más o menos tibiamente, suponiendo que no les afectaría de manera tan violenta, y se limitaron a tomar medidas de contención que permitieran “aplanar la curva” - medidas de largo aliento e impredecible costo. En algunos casos (Alemania y Uruguay, por ejemplo) esta estrategia resultó ser exitosa. Pero para muchos otros, especialmente los que tenían sociedades menos autodisciplinadas o menor “espalda” económica, este derrotero incierto resultó ser más prolongado de lo pensado y las disrupciones económicas comenzaron a producir serias fisuras en sus macro- y micro-economías, algunas de manera irreversible. El tiempo atenta contra los costos crecientes en materia de la salud pública y los impactos económicos, especialmente en la pequeña y mediana empresa y, sobre todo, el desempleo.

- Suecia optó por un camino alternativo muy audaz pero riesgoso - la “inmunidad de rebaño”. No se trata de evitar el contagio, sino de gestionarlo y regularlo para lograr la inmunización entre la población joven y saludable, reservando la contención para la población más vulnerable. De muy bajo coste, esta estrategia no fue muy feliz para la población anciana y sus impactos sobre la economía son aun difíciles de evaluar.Por el momento, los suecos apoyan estas medidas gubernamentales y, si bien los índices de enfermos entre adultos mayores duplica los de su vecina Dinamarca y triplica los de Finlandia, los indicadores de muertes son muy bajos y la economía sufrió una muy baja caída, especialmente por la lógica contracción de sus mercados externos.

La segunda fase, la que Pueyo denominó la fase del “martillo”, refiere al momento en que los gobiernos toman conciencia de la gravedad del problema y deciden aplicar medidas contundentes. Tomando las mejores prácticas internacionales, adoptaron medidas de distanciamiento social, protección física (mascarillas, barbijos, alcohol en gel, higienización permanente, etc.), restricciones de movimiento, rastreo de contactos, etc. Con lógicas diferencias, estas medidas han sido exitosas, aunque a veces condicionadas por las dificultades del acceso a ciertos recursos e insumos que afectaron a los rezagados porque quienes llegaron primero o tienen mayores recursos acapararon el mercado de esos insumos críticos.

Finalmente, entramos en la fase de la reapertura, signada por el desconfinamiento, la reapertura de los comercios,la normalización de los servicios de salud pública para atender tratamientos postergados, el restablecimiento de ciclo educativo presencial, la recuperación del ritmo de crecimiento,la estabilización económica, etc.

Esta es precisamente la etapa que requiere una delicada planificación estratégica porque el paso hacia la nueva normalidad es sumamente complejo, depende de muchas variables y tiene muchos escollos de comportamientos impredecibles en el camino. 

La etapa en la que estamos ingresando tiene una variable central que refiere a la evolución de la pandemia propiamente dicha y que podríamos sintetizar en estos tres escenarios posibles:

1) La pandemia cede, permitiendo que se vaya recomponiendo la actividad social, económica, cultural,etc. de manera más o menos ordenada. A principios de 2021 llega la ansiada vacunaque mitiga los riesgos futuros,poniendo fin así a la incertidumbre.

2) Persiste la pandemia y una segunda ola obliga a retomar el confinamiento, agravando la recesión económica, la vacuna llega a principios de 2021, pero no alcanza a prevenir a la población ya afectada, lo que dejaría a una porción importante del sector productivo y del consumo en la incertidumbre y fuera del mercado, provocando disrupciones significativas en la actividad económica.

3) La pandemia se agrava y llega una segunda ola furibunda (por su alance o por las características de una posible mutación del virus) y produce un confinamiento social muy prolongado, con las gravísimas consecuencias económicas que esto supone. La vacuna no resulta adecuada ni suficiente y nos condena a establecer una nueva normalidad, caracterizada por la necesidad de aprender a convivir con el COVID-19. Las oleadas espasmódicas persisten profundizando la exclusión, la inequidad y la incertidumbre económica y social se profundiza.

A estos tres escenarios le debemos agregar una variable adicional: ¿qué tan eficaz será la vacuna? 90%, 75%, 50%. Y ¿qué tan disponible estará para todos aquellos que la necesiten?

Además, y a pesar de la poca experiencia, podemos anticipar que la epidemia no cederá en todos los lugares de la misma manera, ni al mismo tiempo. Y esto pone sobre la mesa de los estrategas otras variables a considerar en sus escenarios.

En primer lugar, no todas las regiones se desconfinarán al mismo tiempo: hay países, regiones o territorios que comiencen a atravesar la fase del desconfinamiento mientras otros comiencen (como Portugal) sigan (como Brasil y Estados Unidos) o retornen (como Alemania y el Norte de España) a la del “martillo”.Consecuentemente, las cadenas productivas se verán seriamente comprometidas cuandoalgunos de sus eslabones sigan paralizadospor esta dinámica que puede ser espasmódica.

 

En segundo lugar, es de prever que lo mismo ocurrirá con los mercados: algunos estarán disponibles para retornar a la normalidad del consumo, otros no. Es decir, aun cuando se haya recompuesto la oferta, la normalidad no se recupere porque los mercados aun no están normalizados. 

A esta variable, hay que agregarle el hecho de que buena parte del mercado quedó afectado por el impacto del prolongado del confinamiento y la capacidad adquisitiva se ve comprometida de manera real (por perdida de ingresos actuales) o potencial (por temor a perdida de la fuente de ingresos en un futuro próximo). 

También puede ocurrir el efecto inverso: la demanda en algunos lugares se recupera antes que la oferta y, consecuentemente busca proveedores alternativos, lo que posteriormente afectará el retorno a la normalidad de los proveedores tradicionales que han perdido parcial o totalmente sus mercados. Esto conlleva la desconcentración y diversificación de las fuentes de insumos – un problema, pero también una oportunidad.

En tercer lugar, se constata que el ritmo del retorno a la normalidad, tampoco será automático, ni similar para todos los sectores. Hay sectores y rubros de la economía que por su naturaleza deberán atravesar un proceso de adecuación, especialmente para la etapa de transición. Por ejemplo, el rediseño espacial referido a la forma de producir y de atender a los clientes que impone el distanciamiento social, no solo requiere de inversiones, sino que además reduce la capacidad productiva, en algunos sectores más que en otros. Un restaurante, por ejemplo, deberá reducir la cantidad de mesas que pueda atender y, por lo tanto, requerirá de menos personal, dejando en el desempleo parte de su plantel. Este aspecto probablemente afecte menos el funcionamiento de un comercio de indumentaria o una tienda de productos alimenticios que no tienen tanto tránsito simultáneo de clientes y una demanda relativamente estable.

En cuarto lugar, vemos que el retorno de los clientes al consumo será también a diferentes ritmos. Es posible que los clientes retornen con menos reticencias, recelos y temores a ciertos rubros más que a otros. Los comercios de proximidad, parecen ofrecer más seguridad sanitaria que las aglomeraciones de los centros comerciales; los vehículos particulares seguirán siendo ofreciendo menos riesgos de contagio que el transporte público; etc. Por estas mismas razones, es previsible que el personal doméstico no recupere sus trabajos con la celeridad que lo hagan los trabajadores de otros rubros, etc.

En quinto lugar, es previsibleque la ampliación del teletrabajo altere la geografía comercial. Las empresas que recurran a la modalidad de teletrabajo para su personal, afectarán el consumo de los comedores de las zonas tradicionales de oficinas en las grandes urbes como los microcentros de Buenos Aires, Sao Paulo, Ciudad de México, Bogotá, Lima, New York, París, Londres, etc.

En sexto lugar, podemos deducir que todos los factores mencionados permiten predecir que los costes de producción y comercialización serán mayores, lo que afectará el poder de consumo de la población en general.

Finalmente, como todo proceso de cambio, la reactivación económica de la postpandemia conlleva ganadores y perdedores. Hay sectores que saldrán fortalecidos (teletrabajo, servicios de internet e infraestructuras críticas, pagos y comercio electrónico, correos y servicios encomiendas, salud, automatización y robótica, educación a distancia, minería, servicios públicos, transporte, energías renovables, etc.) que requieren de apoyo y recursos humanos capacitados. Y también hay sectores vulnerables que requieren de urgente atención y cuidado: mujeres (son las que más trabajos perdieron durante la pandemia), adultos mayores, jóvenes (especialmente los que no tienen educación superior/universitaria, minorías étnicas e inmigrantes (la xenofobia exacerbada se agravó en los últimos 5 meses), los que por cualquier motivo no puedan realizar trabajos a distancia y, sobre todo, los trabajadores con bajos ingresos y empleosprecarios que, en la mayoría de los casos deben trabajar en contacto directo con otras personas, situación particularmente alarmante porque son los que tienen menor protección médica y social en la comunidad.

Las estrategias de salida del confinamiento están condicionadas por la manera en que se transitaron las primeras dos fases (la primera “de pérdida de control” y la segunda “de martillo”) de la pandemia. Estas fases ya se han transitado, pero resta ahora trazar una estrategia muy cautelosa que contemple todos los escenarios posibles. 

Las combinatorias de estas variables nos ponen frente más de 600 escenariosposibles, signados por factores aun impredecibles, con lo que un posible proceso de descarte es prácticamente impensable. Esto nos lleva a la necesidad de establecer, tanto en el sector público como para la actividad privada, una planificación estratégica muy minuciosa. Y al respecto, el Foro Económico Mundial y los principales think-tanks, que vienen debatiendo esta cuestión desde hace dos meses, advierten que es de prever:

o Expansión del rol del estado en la economía

o Alto y persistente endeudamiento público

o Desconfianza de consumidores e inversores

o Focalización en la autosuficiencia

o Flexibilización (pérdida de poder de los sindicatos y la patronales)

Además, recomiendan enfáticamente para esta fase de desconfinamiento: 

- Concebir escenarios de “nueva normalidad” y evitar los pensamientos de “vuelta a la normalidad”. Aquella normalidad ya no retornará jamás y quien lo intente está condenado al fracaso. Los problemas que padecemos hoy son producto de los sistemas anteriores que han fallado. Es por ello que tenemos que reformular todo aquello que no funcionó adecuadamente.

- Fortalecer la resiliencia comunitaria y la equidad social. Debemos prepararnos para disrupciones globales, naturales o causadas por el hombre, que sabemos son cada vez más frecuentes. La seguridad económica y la salud son dos factores fundamentales para mitigar la dependencia de los más vulnerables.

- Pensar de abajo hacia arriba (bottom-up) descartando concepciones paternalistas descendientes. Son las comunidades, la sociedad civil de base, la que debe regir las demandas adecuadas a sus necesidades específicas y encontrar la manera de satisfacerlas “a la medida” de cada caso y no bajo un rasero nacional único. Se trata de descentralizar el proceso de toma de decisiones. 

- Desarrollar alternativas ecológicamente sustentables y dejar e ignorar o postergar el tratamiento del problema del medio ambiente. Sabemos a ciencia cierta que la destrucción de los bosques tropicales y el hábitat natural de la vida silvestre facilita la transmisión de las enfermedades entre los animales salvajes y los seres humanos. Un equipo de expertos, incluyendo investigadores de las universidades de Princeton y Duke, entre otras, acaba de concluir que la protección de los bosques tropicales le costaría al mundo entre 22 y 31 mil millones de dólares al año. El COVID-19, que está en camino a generar hambruna para 100 millones de habitantes de nuestro planeta, le costará a la humanidad entre 8 y 15 billones de dólares, el equivalente de los costes de la protección del medio ambiente durante 500 años! Las próximas pandemias y los desastres naturales tendrán sus raíces en este problema y debemos prevenirlo y prepararnos para mitigar sus consecuencias.

Este desconfinamiento nos ofrece una oportunidad única para dar un salto cualitativo e innovador, para crear un mundo mejor y no un retorno a una realidad que es insatisfactoria para la mayoría.

El autor es profesor de la School of Government, ADEN University e investigador de la Universidad de Buenos Aires.