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01 de Dec de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

Impacto de las políticas de gobierno en la propagación de enfermedades

Trasladémonos mentalmente a la década de 1980. En ese entonces, Panamá tenía una prevalencia de obesidad menor del 10 %. Y apenas treinta años después, ninguna provincia tiene una prevalencia menor del 20 %.

Trasladémonos mentalmente a la década de 1980. En ese entonces, Panamá tenía una prevalencia de obesidad menor del 10 %. Y apenas treinta años después, ninguna provincia tiene una prevalencia menor del 20 %. Incluso, la obesidad en las ciudades de Panamá y Colón supera el 30 %. Esta realidad nos obliga a preguntarnos, ¿qué pasó?

Simplemente lo que pasó es que hoy hay menos regulación de los productos que comemos e inevitablemente el índice de masa corporal de la población subió. De todos los países del mundo, los Estados Unidos es el menos regulado y es precisamente donde los aumentos en el consumo de comida chatarra han sido los más elevados. Y no por coincidencia, es el país donde la COVID-19 ha encontrado el terreno más fértil para hacer estragos.

Un adulto estadounidense promedio consume alrededor de 3800 calorías todos los días, más que en cualquier otro país del mundo. Una gran proporción de estas calorías proviene de las grasas y el azúcar. Y adivinen qué, ¿saben a qué país nos parecemos más en la forma en cómo comemos? Por supuesto que, a EU, además de que somos también la capital mundial de la comida frita.

Y esta realidad panameña se refleja en el último Censo de Salud (2016): 65 % de los adultos y 30 % de los niños sufren de sobrepeso u obesidad. Esto es muy crítico, porque la obesidad es una predisposición para enfermedades no transmisibles como diabetes, hipertensión, infartos, derrames, cáncer, colesterol alto, etc., las cuales son ahora la principal causa de mortalidad en los países, muertes que son prevenibles con cambios de estilos de vida y hábitos de consumo más saludables.

Hay rasgos de que esta realidad impacta más a las clases pobres que a las ricas. En Panamá, el quintil más pobre de la población masculina tiene hasta tres veces más probabilidades de morir de una enfermedad cardiovascular o diabetes que el quintil más rico. En las zonas pobres es más difícil encontrar alimentos frescos asequibles y, por el contrario, abundan los establecimientos de comida chatarra, fondas y restaurantes que usan aceite quemado o aceites hidrogenados. También, si eres pobre y vives en una zona roja de la ciudad, es más difícil encontrar un espacio al aire libre para hacer ejercicio. Solo en el 2019 ocurrieron más de tres mil robos y asaltos en la capital del país, la mayoría en zonas pobres, lo cual salir y mucho menos caminar es una perspectiva poco atractiva para cualquiera.

Sin duda, son las políticas de gobierno las que agravan la pobreza y la salud, y lo que haga un Gobierno nos puede enfermar o sanar. La comida chatarra es un problema político originado cuando los Gobiernos permitieron que el mercantilismo rampante se incrustara en nuestra cadena alimentaria. Desde que se desregularon los siguientes tres mercados y los gobernantes comenzaron a desentenderse y mirar hacia el otro lado, se explica el ascenso de la obesidad y demás enfermedades.

1. Mercado agropecuario. Un día, en 1971, los precios de los “comodities” (maíz, soya y trigo) se desregularon y el Gobierno de EU comenzó a subsidiar su producción y distribución. Y todo el excedente pasó a la industria de alimentos a precios baratísimos, lo cual ayudó a fabricar comida procesada y de baja calidad nutritiva, además de alimentos para animales y combustible para vehículos. Y así nació el jarabe de maíz de alta fructosa.

2. Mercado financiero. Un día, en 1982, a solicitud de los inversionistas, Wall Street decide que los resultados financieros de las compañías debían ser trimestral y no anual como era anteriormente. Las compañías tuvieron que reenfocar sus esfuerzos hacia obtener ganancias rápidas, concentrándose más en lo financiero y menos en la salud de la población, medio ambiente, responsabilidad social y ética corporativa. Y la manera más rápida de obtener ganancias en la industria de alimentos es usar materias primas baratas, como el jarabe de maíz de alta fructosa y fabricar productos ultraprocesados.

3. Mercado publicitario. Un día, en 1983, los creativos de Madison Avenue reciben luz verde para mercadear productos donde antes no era permitido. Y de repente los anuncios comienzan a llegar a las escuelas para promover sodas, a la televisión para promover comida chatarra a la hora pico de la audiencia infantil, y a las vallas para promover porciones agrandadas y empaques “felices”.

Y todas estas son políticas de gobierno que afectaron la salud pública. Y es por eso que en treinta años aumentó no solo la talla de cintura de la gente, sino también la predisposición a enfermedades que antes ni existían. Por tanto, si queremos resolver este problema y cambiar nuestra realidad de países enfermos, sobre todo en esta era de austeridad y contracción económica mundial, lo primero que hay que hacer es que nuestros gobernantes tengan la voluntad política para comprometerse con la salud y luego revertir décadas de desregulaciones absurdas que lo que han creado son distorsiones mortales en materia de alimentación y nutrición.

Empresario, consultor de nutrición y asesor de salud pública.