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06 de May de 2021

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

¿Qué jugará soñar con la Prof. Ileana Golcher?

Para mí, es un hecho que cuando uno tiene mucho tiempo de no ver a sus amistades o conocidos agradables, sueña con ellos. Cuando “pelao” me ocurrió con mucha frecuencia, sobre todo con mi primera maestra, con la que soñaba recogiéndole granos de frijoles y crinejas de chontas, los frijoles para que enseñara a contar y restar y las crinejas para cuando le tocaba trabajar con las medidas del sistema métrico decimal.

Para mí, es un hecho que cuando uno tiene mucho tiempo de no ver a sus amistades o conocidos agradables, sueña con ellos. Cuando “pelao” me ocurrió con mucha frecuencia, sobre todo con mi primera maestra, con la que soñaba recogiéndole granos de frijoles y crinejas de chontas, los frijoles para que enseñara a contar y restar y las crinejas para cuando le tocaba trabajar con las medidas del sistema métrico decimal. Acá, en donde sobrevivo felizmente, estoy distante de un pueblo llamado La Barreta, en donde vive una señora anciana muy buscada, porque sabe el trabajo y la técnica de ponerle significado a los diferentes componentes, elementos e imágenes que aparecen en los sueños. En este sueño, a pesar de la pandemia mundial del 2020, de las elecciones en EUA y de los problemas menores en Chile, Guatemala, Costa rica, Nicaragua y Cuba, todos los elementos humanos representábamos 30 años menos de edad, sobre todo las damas.

El feliz acontecimiento de este sueño no fue raro ni malo, ocurrió mientras dormía a piernas sueltas en Piedras Blancas de la Pintada de Coclé, donde me vi en una tardecita con el sol de los “vena'os”, celebrando mi último cumpleaños. Las imágenes de los presentes resaltaban de juventud, ánimo, elocuencia estando libres de toda etiqueta sanitaria y de todo prejuicio político, sentados en donde se podía: banquetas, un pilón acostado, banquillos, hamacas, taburetes, todos pendientes al humo del asado de pollos con limón.

Entre los celebrantes estaban personalidades de la cultura, como Álvaro Menéndez Franco y señora, Pedro Pereira, Rosa María Britton, Jean le Carré, Raúl Reina, Doris Hubbard-Castillo, Pedro Detresno y la economista Mariana, James Aparicio, Vladimir Hernández Guerrero, Jr. Vargas, Vladimir Poveda, Chilito Higuera, Manuel Naza con la doncella de Boró, Ernesto Castillero y su amantísima compañera de la mitad de su vida, la poetisa galardonada Consuelo Tomás y la más deslumbrante: Ileana Golcher, acompañada de su hijo experto en ajedrez.

Jerónimo (el perro dueño de la casa), no dejaba de caminar a mi lado, moviendo su blondo rabo de la cocina al fogón y del fogón a los celebrantes, para ver quién se estaba quedando seco. De pronto se me acercó una de las secretarias de Manuel Naza y me dijo, muy preocupada, que Ileana estaba disgustada porque no le había tocado ni un gañote de los pollos asados.

Economista, escritor costumbrista.