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05 de Mar de 2021

Roberto Díaz Herrera

Columnistas

Pandemia: ¿por qué agregar tristeza a las Navidades?

… “Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.

… “Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” …

Según Lucas, evangelista, al parecer muy dedicado a la vida de Jesús, nuestras “Navidades” son un acto de conmemoración del nacimiento de ese líder social, aún para mí más que religioso. Enfrentó al sistema y leyes de una Palestina ocupada por los representantes de la Loba Romana, símbolo de su poderío, ocupación y explotación de esos conquistadores ególatras. Mientras las tradiciones hebreas convertidas en leyes, por ejemplo, “prohibían taxativamente, como una afrenta religiosa, acercarse y más aún, tocar a un leproso, porque eran hijos pecadores y malditos por Dios”, ¿qué hizo Jesús?; no solo se les acercó, los tocó, los curó por fe de ellos (y al día de hoy ya hay científicos que valoran “el poder sanador de la fe”, no por “milagros”), sino por el poder interno de nuestra mente conectada totalmente al cuerpo físico, que produce increíbles y aún no investigados suficientemente “cambios bioquímicos internos capaz de crear sustancias, neurotransmisores, y elementos químicos capaz de alterar cien por ciento el curso de una enfermedad, aún las llamadas terminales. Ya hay muchos libros que testimonian miles de casos asombrosos. Uno de los más altos científicos en ese campo y mundialmente conocido, es el Dr. Herbert Benson, de Harvard, creador -contra marea y oposición de sus colegas- del “Instituto de Psiconeuroinmunoendocrinología”, llamado también “Instituto de Medicina Mente/Cuerpo”. Su libro maestro se titula precisamente “Curados por la fe”, que parece más un nombre de tipo evangélico, y Benson es de origen hebreo y reconocido científico. Pero mi aporte de hoy no deseo encajarlo en el vocablo médico.

¿Cuál es el punto? En medio de esta agonía social que vivimos, mucho se habla de “las Navidades más tristes de la historia”. Y me pregunto, ¿de qué tristeza hablaríamos? ¿De los deudos de tantos muertos por la COVID-19? Esos tienen razón. ¿De los que por falta de empleos no tienen ni para comer? También tienen total razón de sentir dolor y tristeza. Y hay otros muchos casos de personas sumidas en depresión, angustia y tristeza; casi un problema colectivo por muchas razones.

¿Pero Navidades tristes por falta de un Santa Claus y sus buenas risotadas? ¿Tristeza por no tener dinero para regalar y esperar en reciprocidad regalos? ¿Tristeza por falta de brindis y fiestas fastuosas, por las restricciones actuales?

Obviamente, muchas de esas “razones para pasar Navidades tristes”, no tienen nada que ver con el nacimiento, vida y obras registradas en tradición oral, que contienen los pocos años públicos de Jesús y su muerte violenta a causa de las acusaciones falsas de un sacerdocio corrupto que cohabitaba con los césares romanos.

Tristeza infinita será la de los seres queridos de un paciente grave por infección del virus, aislado, entubado, esperando en absoluta soledad la muerte. Amarga tristeza la de las madres, en especial las pobres económicamente que velan a sus hijitos enfermos en el Hospital del Niño y otros, aunque no necesariamente por la COVID-19. Nuestra sociedad, supuestamente con mayorías cristianas de cualquier rama, perdió hace mucho tiempo, ante el consumismo voraz, la publicidad atosigante de bienes y compras superfluas, el rumbo de un verdadero “cristianismo”. La doble moral nos corroe; vamos a dos misas o templos, y al salir hasta le lanzamos el carro encima al que va adelante. La palabra solidaridad, compasión, caridad, perdón, son hoy especies extinguidas o a punto de pasar a la historia. La Biblia o los llamados “Libros Sagrados” se han convertido en simples adornos literarios para simular nuestra devoción.

Tal vez estas realidades son para muchísimos las Navidades más tristes de sus vidas.

Abogado, coronel retirado.