• 24/10/2017 02:01

Lo que necesitamos para 2019

Queremos algo innovador, diferente, aglutinador de la ciudadanía

Al igual que la mayoría, no veo posibilidad de cambio en las escasas opciones partidarias que se ven en el panorama político actual. Hay una marcada ausencia de liderazgo y la clase política se encuentra sumida en su peor crisis desde los inicios de la República. Nos encontramos en una especie de túnel donde no se ve luz alguna en un futuro próximo. Y eso que estamos a escasos 18 meses para las próximas elecciones. Queremos algo innovador, diferente, aglutinador de la ciudadanía. Ningún partido puede ofrecerlo, desafortunadamente, por sus egoísmos, mezquindades y permanente avaricia por el poder: no supieron mirar hacia el futuro.

Como tengo fe en Panamá y en los panameños, tenemos opciones a la vista, siempre y cuando se logre concretar un candidato independiente que pueda estimular el apoyo de la gente seria que sabemos tienen los diferentes partidos, hoy marginados por cúpulas corruptas y preocupadas solo en su bienestar. Candidatura independiente que sea capaz de aglutinar a grandes sectores nacionales, con un proyecto que a grandes rasgos podría contener lo siguiente:

1. Compromiso de propiciar una Asamblea Constituyente dentro de los primeros seis meses de su mandato. Ese movimiento no postularía a nadie para diputado en las elecciones de 2019, en espera de lo que decida esa constituyente. La Constitución que se prepare requerirá un referéndum nacional que rápidamente la apruebe. Quienes sean electos constituyentes deberán realizar una gran consulta nacional sobre los principales temas a discutir.

2. Entre los objetivos de ese ejercicio estará el de brindarle al país cimientos institucionales más sólidos, de los cuales hoy carecemos, sobre todo en materia de justicia, comenzando por la integración de una Corte Suprema de Justicia con la capacidad de promover una reestructuración integral del Órgano Judicial. Podría estar compuesta por abogados en su edad de jubilación para que la Corte sea una especie de premio por su intachable carrera jurídica.

3. Establecer un sistema bicameral, integrado por una Cámara Baja, donde sus integrantes sean los alcaldes electos junto a los representantes de corregimientos, a fin de que las soluciones de los problemas nazcan en las comunidades, quitándole al diputado la labor de ser un súper representante, que en la actualidad desvirtúa por completo su rol como legislador. La Cámara Alta, o Asamblea Nacional, estaría integrada por 40 o 50 diputados electos a nivel nacional, para que así la calidad de los parlamentarios sea lo más óptima posible y menos diputados de los que hoy tenemos.

Los representantes del poder legislativo deberán tener mayor fiscalización sobre las decisiones del Ejecutivo, hoy convertido en el todopoderoso del poder público, encontrando mayor balance y contrapesos entre los diferentes Órganos del Estado. Hay que ponerle límites al Ejecutivo. Se puede plantear la no reelección en todos los cargos públicos.

No existiendo en el país un objetivo nacional definido desde la entrega del Canal en 1999, ese candidato debería encontrar uno con capacidad de unirnos a todos. Propongo que sea la educación nacional, como esa nueva bandera que requiere el país y sin la cual no hay posibilidad de que los panameños, sobre todo los más necesitados, puedan acceder a la movilidad social que aspiran, y no podamos aspirar en la próxima generación convertirnos en un país desarrollado. Requiere, por ejemplo, que todos los aportes que dé el Canal de Panamá al Estado sean utilizados en un fondo especial para el desarrollo de la educación nacional, en cuyo manejo autónomo participen el sector privado, los educadores y el Estado, continuando el Ministerio de Educación con el mejoramiento del resto del sistema.

¿Será esto utópico? ¿Habrá suficientes panameños que se decidan a apoyar un proyecto de cambio profundo e innovador como este? ¿Se podrá hacer antes de las elecciones? Opino sinceramente que sí, porque la mayoría queremos un cambio profundo, pero no de personas ni de partidos, sino de programas y metas concretas que, con la autoridad y el ejemplo que se le imponga, podrá reencausar el rumbo de nuestro país.

POLÍTICO Y ABOGADO.

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