Temas Especiales

21 de Jan de 2021

Roberto Díaz Herrera

Columnistas

¿Quién es Ascanio Arosemena para la actual generación?

“¿Cómo es posible que sí se haya enfatizado en que nuestros estudiantes se vuelvan bilingües con el inglés […], dejando en una amnesia histórica total a la población estudiantil […]?”

Para mí -francamente- un personaje desconocido y sin importancia, dolorosamente, frente al abandono total de la enseñanza de los textos históricos.

Traté muchas veces a su madre, Marcelina de Arosemena, por laborar en el ámbito municipal capitalino con un hermano mío. Sin embargo, por mi pecado de omisión, nunca profundizamos en el icónico personaje en que se convirtió su hijo. ¡No obstante!, aunque seamos una semi-nación (descontando los años del enclave gringo) y aunque no tengamos gran historia militar (comúnmente el origen de sus estatuas de héroes), sí que hay bustos y algunas obras escultóricas que rara vez reflejan reales categorías patrióticas. A Ascanio Arosemena -como primer muerto caído por fusiles de tropas estadounidenses- se le han dedicado algunas obras físicas, (un auditorio en áreas de la ACP, un Centro de Capacitación y una avenida), que no dejan de ser simples estructuras de cemento, huérfanas del calor humano/histórico que merecen él y los otros mártires, que ofrendaron sus vidas -lo que más valoramos- por responder a la soberbia de un ejército invasor enviado por Washington, que humilló por casi un siglo la dignidad patria.

Han pasado, al menos, tres Gobiernos que, para salir electos, asolearon calculadamente el nombre de Omar Torrijos Herrera, y ninguno se atrevió a imponer adecuadamente la enseñanza obligatoria de la historia nacional más importante. Eso no tiene ni tendrá ninguna respuesta ni justificación. ¿Cómo es posible que sí se haya enfatizado en que nuestros estudiantes se vuelvan bilingües con el inglés (nada criticable frente a la importancia del idioma comercial del planeta), dejando en una amnesia histórica total a la población estudiantil -el relevo político y social de un mañana que ya está aquí- que desconoce ese cercano ayer, del que cosechamos el hoy, con sus potenciales y déficits? Francamente es imperdonable, y se debe a la carencia total de un “Estado docente”, con excepción, dicho sin ambages, de la época del proceso torrijista. Mucho menos hoy, donde nuestra juventud prefiere explorar “ad infinitud” la tecnología, “que perder su tiempo sabiendo algo siquiera básico de nuestra historia”.

La fecha calendaría del 9 de Enero y su enorme significado histórico serán, como ahora, un día de celebraciones hipócritas y vacías de contenido y emoción, donde algunos funcionarios “cumplirán con su deber de decir -como un bla, bla, bla hueco- algunas frases que un asesor les colocó para recitarlas como papagayos”. La frase profunda de Omar Torrijos: “Deseo que todos estos logros de una generación, deudora de nuestros mártires históricos, tengan el mayor contenido social”, se quedó únicamente en un sueño de ese líder.

Para finalizar, buscaré recordar lo que Berna Arosemena, la hermana de Ascanio me contó hace unos años sobre el accionar de su hermano mártir: “Ascanito estaba en exámenes finales de la Escuela Profesional, donde mi madre logró, por medio de la influencia de la pariente política Otilia Tejeira de Arosemena, matricularlo para sacarlo del Instituto Nacional, donde mamá decía “que eran demasiado revoltosos”. Mi hermano se disgustó mucho, porque allá era donde estaba toda su gallada y allí quería seguir. Al llegar se acostó y le dijo a mi madre “si me llaman, me despiertas”. Se quedó rendido, tanto que no escuchó el primer timbrazo del teléfono. Pero, como a los quince minutos, ante otra llamada, se despertó y la tomó. Solo logramos oírle: “Ya voy para allá”; luego dio un salto y se salió por la ventana. Después supimos que era Tito, el amigo que hoy es ingeniero. Mi mamá, que lo conocía bien, envió de inmediato a mi hermano menor diciéndole: “Corre y ve detrás de Ascanito, antes de que se meta en un lío como los que él sabe buscarse”. Mi hermanito se dio cuenta entonces de que ya había una balacera en el perímetro de la Zona del Canal y áreas colindantes. Preguntó por Ascanio y alguien le dijo “lo vi corriendo con dirección al Hotel Tívoli”. Los disparos eran más frecuentes. Y justo alcanzó a verlo con una piedra en su mano para lanzársela a un soldado que atacaba a muchachos panameños. Cuando intentó tirarla, vio al soldado apuntarle con un fusil telescópico y dispararle. Ascanito cayó enseguida. Pero estaba con vida. Intentó levantarlo, pero pesaba mucho para él. En eso pasó un taxista y se detuvo y lo ayudó a meterlo en su carro. Cargaba un suéter del equipo de básquet de la Profesional, se dio cuenta de que estaba agonizando. Dentro del taxi logró decirle “no le digas nada a la vieja”. Al llegar al Santo Tomás, vio que ya no tenía pulso. El médico que lo vio lo declaró muerto.

Abogado, coronel retirado.